22.8.13

Objetivo de destrucción #1: La idea del liderazgo impecable según las definiciones del sistema que se combate




En este objetivo de destrucción se suman cuatro ideas que hay que mirar sin miedo. 

Una: No vivimos en una democracia real y el Estado existe para ejecutar las acciones que sostienen la situación de privilegio y desigualdad en la cual a cada una de nosotras se nos ha asignado un papel que jugar.   

Dos: Cuando un movimiento social asume las acciones políticas con la fuerza suficiente como para destruir esa falsa impresión de democracia y generar cambios reales, el Estado buscará de inmediato sus propios objetivos de destrucción.  Es decir, identificará y destruirá a las presuntas o presuntos responsables de ese cambio. 

Tres: Si el liderazgo revolucionario se construye desde los mismos valores y paradigmas que nos oprimen, está destinado a fracasar. 

Cuatro: Idealizar a las personas en posiciones de liderazgo no les hace un favor. Las hace más vulnerables a las estrategias de aniquilamiento que el sistema utilizará para detener los cambios que propulsan.

Quien a estas alturas piense que el gobierno existe para proteger al pueblo y sus intereses, está viviendo en una película de fantasía.  Y una película terrible porque en ella se estarían utilizando todos los recursos cinematográficos posibles para resaltar los estereotipos de clase, género, raza, religión y todo aquello que afiance la idea de que el mundo es como es sin posibilidad de cambios.  El Estado es el brazo que ejecuta lo que unos pocos deciden mientras la clase desempleada y trabajadora se entretiene tratando de sacar los pies de un plato bastante hondo. 

La gente verdaderamente adinerada del país es la gente que susurra al oído de los políticos lo que quieren que se legisle y es la que invierte en los dos partidos principales porque saben que los dos son un solo partido. 

Desde ahí se construye la idea que propongo destruir hoy: la del liderazgo impecable.  Con esto me refiero al tipo de liderazgo que se autoimpone como marco de referencia los valores, expresiones e imágenes que los medios de comunicación y la sociedad misma parecen haber establecido como pre-requisitos de estatus social y moral.  Ese marco de referencia es en realidad un grillete de control.

Hay dos tipos de líderes impecables.  Están los que se fabrican en las agencias de publicidad para alimentar la fábrica de gobernantes de la colonia y están los que nacen del pueblo y que, sin darse cuenta, se sienten obligados a ser perfectos y perfectas para que la opinión pública les avale su liderazgo. 

Al primer grupo de líderes impecables se les crea con dinero, contactos, una familia heterosexual, una imagen blanqueada y mucho filtro de información para que no se les zafe ni un solo defecto que les coloque en la otredad sudorosa a la cual aspiran dirigir. 
 
El segundo grupo cree que se hace a sí mismo pero dependiendo de qué discurso asuman reciben el apoyo o el rechazo de sectores intermedios o aún de sectores oprimidos.  A veces, hasta vemos cómo los medios de comunicación se enamoran de estos líderes y lideresas y les ayudan a colocarse en posiciones que parecen retar al sistema, pero que a la larga lo fortalecen al acudir a lugares comunes del estatus quo como por ejemplo los mensajes cristianos, los mensajes del eterno amor o de la paz sagrada que evade las confrontaciones.  Se nos plantea entonces una paradoja: ¿Se debe asumir un liderazgo basado en una imagen pulcra, sana y correcta, hasta heroica, y se ganan pequeñas y rápidas victorias que le hacen cosquillas a las creencias que generan desigualdad? O, ¿se asume la humanidad propia, con todo y defectos, y se camina un camino más largo pero más revolucionario y fortalecido?   

¿Por qué planteo esto?  Recuerden que comencé esta columna corta explicando que el sistema intentará destruir al liderazgo del cambio.  El nivel de dificultad que esta tarea presente dependerá de cuánto se haya empeñado ese liderazgo en ocultar su humanidad, sus defectos y su realidad.  No hay forma de ganarle a la imagen perfecta que el sistema genera como el ideal de liderazgo si tratamos de emularla.  Esa imagen es, a la vez, una forma de perpetuar estándares morales arcaicos que se convierten en una barrera de protección para el machismo, el racismo, el capitalismo voraz y el fundamentalismo violento.

Las nuevas y nuevos líderes deben comenzar por destruir su propia imagen de impecable perfección y cuestionarse a qué valores responden, a qué miedos, a qué afanes de ser aceptadxs y de quiénes esperan esa aceptación o santificación.  Deben estar dispuestxs a caminar más lento, pero con más firmeza, a no dejar que se les idealice, a cometer errores, meter la pata y saber rectificar.  En ese proceso de destrucción, tendrán que destruir muchas otras cosas, hasta el liderazgo mismo según definido como derivado del caudillismo. 

Destruir la sociedad tal y como la conocemos, para construir una nueva sociedad de equidad, requiere muchas cabezas y manos.  Líderes que resistan los embates de los contraataques del sistema socio-político que combatimos y que no se sientan obligadxs a responder al imaginario que ese mismo sistema nos impone.  Líderes que creen líderes y que se reconozcan como un eslabón y no como la llave de la verdad.  La verdad es del colectivo, la victoria final para la nueva sociedad.
 
Nota de consuelo: Hay gente que quiero y que cogen su agüita con esto.  Sepan que, al menos, les atribuyo buena fe...  Sólo que esos caminos de liderazgo para el sistema no nos llevarán a ningún lado. Opinión de bruja imperfecta.  Tal vez me estoy equivocando.

6.8.13

Mojigatería



(Publicada originalmente en El Nuevo Día)

Destruir la sociedad tal y como la conocemos debe ser el primer punto en la agenda de quienes aspiran a una sociedad de equidad y justicia.  Repito: destruir la sociedad tal y como la conocemos.  ¿Y cómo la conocemos?  Fragmentada por la desigualdad, en plena guerra (no declarada) de clases y anclada en valores que degradan la humanidad de las personas que son diferentes.  Otra sociedad es posible, pero sólo desde nuevos paradigmas que reconozcan el valor de los seres humanos en sí mismos y al margen de juicios valorativos que sólo existen para controlar al colectivo. ¿Destruir lo que ya nos está destruyendo?  A eso me refiero.  ¿La destrucción implica violencia? Tal vez sí, tal vez no. Pero, ¿no vivimos ya la violencia? 

Escribo desde mi realidad como mujer no heterosexual, atea y crítica de nuestro sistema económico y al hacerlo, reconozco cómo las creencias que parecen ser dominantes chocan con lo que digo y me colocan en una posición de vulnerabilidad social.  “No tienes que pregonar lo que eres”, me han aconsejado.  De la misma manera, en la luchas LGBT existen sectores que tratan apasionadamente de cumplir con las expectativas de monogamia, familia y expresión social que creen que les garantizarían acceso a sus derechos humanos.  Pero pedir derechos como si fueran limosnas y tratar de parecer “normales” sólo degrada nuestra otredad y la destierra al campo de lo subterráneo.   

Lo bueno y lo malo no puede medirse desde el miedo a la transgresión.  Hay que parar la mojigatería extrema que hace que algunas personas se nos acerquen a susurrarnos que nos callemos un poco, que blanqueemos nuestros discursos, que seamos bien portadas y comedidas y que, incluso, seamos ejemplos.  ¿Ejemplos de qué? ¿De adaptación? ¿De sumisión? ¿De relaciones y familias perfectas? ¿Pero es que valemos menos si no somos así?  ¿Se les exige lo mismo a las personas en posiciones de privilegio?   

La mojigatería es miedo o conveniencia y ninguna de las dos cosas nos viene bien.  Ser genuinas y fieles a nuestra realidad, retar nuestras propias creencias cuando éstas nos domestican y sacar valor para afrontar las consecuencias de aspirar a una sociedad de justicia es la clave en este momento. 
 
Nota: En las próximas semanas comenzaré a publicar una serie de columnas cortas bajo el tema de "Objetivos en una agenda de destrucción social"

27.6.13

No era a los 40

Cumplir cuarenta años fue una desilusión.  Mientras estuve en mis treintas, me llené la cabeza con la idea de que cumplir cuarenta años sería algo maravilloso, un hito en la vida, un momento de balances y de aquilatar ganancias… y no fue así.  De hecho, el año 2008 fue uno de los más terribles de mi vida.  Basta con decir que me tocó ver la ola fundamentalista arropar al país en las elecciones y a Fortuño surfeando en ella.  Pero a eso le sumo una gran tristeza, de esas que te cubren el corazón cuando pierdes cosas que has amado demasiado y cuando te enfrentas a grandes desengaños y dejas de ver a algunas personas o cosas como las veías hasta ese momento.

Los cuarenta años me parecieron terroríficos y más aún cuando pensaba que tal vez me quedaba más de la mitad de la vida por vivir. ¡Uf! 

Sin embrago, en medio de todo eso, se me ocurrió preparar una cajita en la que coloqué un mapa apalabrado de lo que quería para mi vida.  Coloqué en ella ocho objetivos de vida plena, escritos en tiempo presente.  También escribí pequeñas tiras de papel en las que anoté oraciones que describían distintos estados mentales que, a mi entender, me debían ayudar a transitar ese mapa. 

Ahora, a punto de cumplir mis 45 años, vivo un momento muy distinto al de mis cuarenta. De hecho, siento que vivo uno de esas etapas de transición vital en las que todo es posible.  Por eso, decidí revisitar mi caja de mapa apalabrado.  Me pareció buen momento para hacer balance. ¿Y qué descubro? 

Descubrí que aunque creyera que no me movía y que sólo empujaba para resistir y no para avanzar, sí avancé.  A nivel personal y profesional.  Puedo volver a hablar de amigas luego de pasar años sin tiempo o energía para ellas.  Reincorporé a mi familia extendida a mi vida y tengo el espacio para demostrarle amor y honrar ese vínculo. Tengo mejor salud y más energías. Tengo un hogar al cual me da placer llegar. Mis hijos e hija han crecido en salud y felicidad, sintiéndose amadxs. ¡Tengo plantas! (Por años era una asesina de plantas). Escribo. He vuelto a pintar.  ¡Me divierto! Tengo tiempo para disfrutar del placer y de cosas bellas que antes ni siquiera miraba… tengo espacio para mirarme, vivir cada minuto con conciencia, ¡cuidarme!, mirar a otras personas y amar desde la alegría a tanta gente buena que me rodea.

“¿Cómo pasó todo esto?”, me pregunto entre agradecida y sorprendida.  Hay cosas que ocurrieron a pesar de mí… Sí.  Soy muy terca y a veces resisto los cambios. Creo que en esas, tuve la suerte de que gente que me ama perseveró en su amor, siguió apoyándome o fue capaz de esperar a que yo despertara del trance de negación que me tenía estancada.  Otras cosas ocurrieron porque, en el fondo, todas sabemos lo que hay que hacer para salvar nuestra esencia.  Nuestra mente es sabia y crea las condiciones necesarias para llevarnos a nuestro mejor bienestar aún a nivel inconsciente. Y bueno, también pasa que el tiempo trae sabiduría.  Si cuando nos damos los grandes cantazos de la vida nos ocupamos de mirar por qué pasaron, algo aprendemos… algo aprendemos y podemos mejorar. 

¡Qué maravilloso sentir que vivo un momento de balances y de felicidad!  ¡Qué maravilloso tener esperanza! ¡Qué momento feliz este en el que puedo agradecer a la gente que me ama y apoya y ser recíproca!  

Parece que lo que esperaba de los cuarentas, realmente ocurre a los 45. Muy bien.
 
Bueno... todavía me falta aprender a bailar... je, je, je...
 

11.5.13

Mami, estoy enamorada de una mujer


 El día que le dije a mi mamá que estaba enamorada de una mujer, lanzó un alarido terrible, largo y desgarrador.  Fue como si alguien le hubiera dicho que su hija murió… y en cierta medida creo que algo así ocurrió.  Algo de mí se murió y algo de ella también.  Ella nunca aceptó mi relación y ese amor que llenó mi vida por tantos años sigue siendo desconocido para ella.  No supo de mis alegrías, de mis celebraciones junto a mi nueva familia, tampoco de mis tiempos difíciles y creo que aún se pregunta si estoy separada.  Imagino que lo intuye desde la distancia de nuestros silencios.  De mí, y de la que fue mi compañera de vida, poco se habló y ya en este momento no hay por qué hacerlo.  Ya no hace falta hablar de eso ni de otras cosas de mi vida porque en el proceso aprendí a llorar, reír, celebrar y pasar los duelos por cuenta propia.

A veces lloro a mi madre.  A la que se murió el día en que supo que su hija no es heterosexual.  Lloro esa distancia y su soledad.  De la misma manera en que ella intuirá qué tal va mi vida, yo intuyo cómo va la de ella.  Hablamos de cosas triviales, de gente que se murió en el pueblo, de algún nuevo libro, de alguna planta, de papi o de mis hermanos, de mis hijos e hija.  Pero no hay forma de hablar de lo profundo y de los sentimientos porque eso nos lleva al campo de su homofobia y al de mi corazón que en esos momentos no sabe de teorías del perdón y de empatía y que se destruye un poco en cada uno de esos choques por más que yo trate de entender y amar por encima de sus prejuicios.  No caben ambas cosas en una misma conversación sin que haya nuevas muertes que lamentar.

Este drama personal no es suficiente para nublar la mente crítica que mi propia madre se encargó de desarrollar en su única hija.  Todavía me río a solas cuando recuerdo las innumerables veces en las que ella misma me motivó a pensar, a ser líder, a abrir camino,  a sobresalir y a retar… creo que no se dio cuenta de que estaba criando su propio monstruo personal.  Y es desde esa misma mente crítica formada a su sombra y desde sus contradicciones que yo misma me he acercado al tema de la maternidad.

No me cabe duda de que todo el rollo de la maternidad es una construcción convenientemente inventada para favorecer estructuras económicas y sociales que necesitan a las mujeres para criar obreros, capital y opresión.  El instinto materno, el “amor de madre” y su espejo “el amor de hija o hijo”, no son tan naturales como mucha gente cree.  Su inserción en la mente colectiva nos convierte como mujeres en el personaje secundario de nuestras vidas.  Algunas sólo lograrán algo de protagonismo en la infancia, esa etapa en la cual otro personaje secundario, su “madre”, está obligada a vivir en función de las necesidades de la “niña” y “madre por ser”.

En nuestra casa, siempre me dijeron que era la reina.  En mi niñez nunca me pregunté qué sería, entonces, mi mamá.  Evidentemente era mi sol, mis ojos, mi corazón.  Pero, ¿qué era en realidad? ¿En su vida?  Una mujer que me enseñó a leer desde los tres años y que siendo maestra de profesión asumió cabalmente la idea de que tenía que ser excelente como maestra-madre en la escuela y como madre-maestra en nuestra casa.  Nunca me pregunté qué estaba sacrificando para cumplir con ambos roles.  No me extrañó jamás la ausencia de la mujer, di por sentado que renunciar a ropa, placeres, estudios y amigas era natural para ella, la madre, mi sol privado, mis ojos para ver el mundo.   

Mis hermanos y yo creíamos a ciegas todos los eslóganes del día de las madres.  Entre ellos, nos creíamos particularmente el que dice que “como el amor de una madre, ninguno”.  ¿Cuánta de esa propaganda se nos ancla en el espíritu?  Tal vez demasiada.  Por eso el rechazo de una madre tiene un efecto devastador en algunos seres humanos.  No porque ese amor sea natural o instintivo, sino porque nos han hecho creer que dependemos de él para existir, para validarnos y para ser felices.  Imagínate pensar que si tu madre no te ama incondicionalmente jamás otra persona será capaz de amarte y aceptarte como eres. Imagina tener esas expectativas de alguien que es tan humana como cualquiera y que probablemente está aterrorizada ante las renuncias que se le exigen y el papel que se le asignó sin que ella lo pidiera.  Ponte en los zapatos de una madre e imagina ahora tener que amar a alguien que choca frontalmente con tus valores o creencias profundas.  Si en tus creencias no se logró colar el respeto a la diversidad, serás incapaz de amar a tu hija o hijo por encima de las diferencias que les separan.

Cuando ya en la adultez una se convierte en madre, ocurre un cambio significativo en nuestra vida que va más allá del simple hecho de que tienes a un ser que depende de ti.  De momento te quitan del rol protagónico, te entregan un baúl para guardar tus sueños y se constituye a tu alrededor un tribunal intangible pero real que juzga todos tus actos.   

No hay manuales para ser madres.  Sin embargo, cuando buscas en Google “citas sobre la madre”, te salen más de 4millones de resultados.  Viendo esas frases, esas creencias y esas expectativas, he tenido que retarme para mantenerme como protagonista de mi vida y amar a mis hijos e hija desde un balance entre lo que necesitan y lo que necesito, lo que les hace felices y lo que me hace feliz, su autorrealización y la mía. Si eres una madre abiertamente no heterosexual, el reto es doble. Siempre te persigue una mirada de sospecha.

Sin estar libre de culpas o de los conflictos que nacen de lo que me sembraron en la cabeza sobre la maternidad, he tratado de hacer lo mejor posible para que mi hija y mis dos hijos crezcan libres de mis cargas y con la capacidad de elegir sus rutas.  A veces he sido una madre destructora… en el buen sentido de la palabra.  Les he destruido creencias patriarcales y clasistas que se les han pegado en la calle como un chicle de esos que pululan por las aceras o expectativas de las que se les crean cuando una mujer kamikaze madre de algún amigo trata de adoptarlos porque les ve con la pena esa de quien cree que son unas pobres víctimas de una madre muy fuerte, o muy profesional o muy egoísta.   He tratado de quitarles del medio las creencias que a mí y mi generación nos marcaron con machismo, homofobia, clasismo, racismo y todos esos “ismos” que nos desigualan como humanidad.  A veces, ellxs me destruyen a mí y me confrontan con una nueva mirada que cambia la mía.  También ha habido ocasiones en las que he vociferado: “¡Esto es un matriarcado y aquí se hace lo que YO diga!”.  Por supuesto, cuando eso pasa siempre se ríen y me amenazan con denunciarme públicamente por mandona.  Ellxs saben que no es cierto y que les respeto lo suficiente como para escucharles.  He sido en última instancia, también una madre que construye seres humanos y se construye como ser humana. 

Pero cerrando esta columna- que podría ser mucho más extensa- regreso al tema de mi madre. Confieso que es posible que me queden cosas por resolver con mami.  Pero tal vez no tantas como alguien pensaría.  No dejo de amarla y reconozco que tiene muchas cosas que me hacen admirarla.  La miro, a veces me enojo con ella, otras me enternezco y siempre lamento sentir que se vio obligada a sacrificarse a sí misma por una maternidad que muy bien pudo vivir de otra forma de haber tenido la oportunidad.  Veo la mujer brillante, trabajadora, creativa y líder que nos crio lo mejor que pudo. No la idealizo y veo su humanidad, así como las consecuencias de sus acciones y creencias.  No la veo en un futuro cercano compartiendo mis luchas pero tampoco necesito que ella lo haga para sentirme segura de mis decisiones.  Basta con la llama del eterno deseo de trascender que me regaló desde pequeña.

Así que el Día de las Madres, es un buen día para mirarlas y ver las mujeres que en realidad son.  Es un buen día para dejar de lado los clichés y liberarlas de esa carga inaguantable del amor que todo lo sacrifica. Liberen sus madres y libérense ustedes.  Es un paso seguro hacia la equidad.

2.5.13

(In)decencia



Columna publicada en El Nuevo Día
2 de mayo de 2013

Hay muchas definiciones para la palabra "decencia". 

Encontré algunas que aluden al recato, la modestia y el respeto a la moral sexual... Y cuando las vi, me pregunté a qué moral se refieren y cómo la definían.  Me lo pregunté porque la palabra moral también está de moda y se usa de manera particular para estigmatizar a personas gays, lésbicas, bisexuales, transexuales y transgénero (LGBTT). Esto a pesar de que la moral, por definición propia, es algo que no se legisla. 

¿La moral no se legisla? No. La moral nace del cuerpo de creencias que un grupo social o personas adoptan como un código que les ayuda a diferenciar el bien y el mal. Lamentablemente, y que se rasguen las vestiduras algunas personas, la moral tiene áreas grises y muy subjetivas.  Por eso, hay personas que apelan a la moral y a la decencia para defender su supuesto derecho a discriminar a otros seres humanos. Otras personas, apelamos a un deber moral de actuar para erradicar el discrimen por orientación sexual e identidad de género.  ¿Quién tiene la razón? ¿Quien quiere imponer una moral única para quitar derechos o quien reconoce que la moral individual no se legisla pero el acceso a derechos humanos sí? 

Volvamos al tema de la decencia. Hay otras definiciones de decencia que hacen referencia a la dignidad y la honestidad en los actos y en las palabras. En estos días en el interior de  nuestra Legislatura se debaten los derechos humanos de las personas LGBTT.  Mientras algunos cabilderos visitan la Legislatura con la biblia bajo el brazo, otros seguramente visitan la Fortaleza.  ¿Es digno para un gobernante dejarse manipular por grupos que quieren imponer una sola moral a un país diverso? ¿Se actúa con honestidad cuando se sabe qué es lo correcto para la equidad pero se deja que el miedo decida qué hacer? 

Ahí es donde se ve quiénes son las verdaderas personas decentes en este país. No las que se escudan tras morales relativas, sino las que saben cuál es su deber moral real, el de abrir paso a la equidad, y lo cumplen con valentía. Ni cobardes, ni inmorales, ni indecentes negociantes de los derechos ajenos nos deben representar o gobernar.   

La petición a legisladores y al Gobernador es clara. Actúen con decencia. Actúen para la equidad.

6.4.13

Dios es una lesbiana

Publicada en 80 grados. 

Léela completa pinchando visitando la revista: http://www.80grados.net/dios-es-una-lesbiana/

Originalmente pensaba titular esta columna “Dios es gay”.  Estaba inspirada en la historia de Aarón, Mita y su nuevo descendiente certificado por pruebas de ADN, Samuel.  Digo, porque si dios vino al mundo a través de Mita, y Mita es en Aarón, tal vez Aarón será en Samuel algún día a pesar de haberse negado por décadas a aceptar su paternidad...

24.3.13

Tres monitos y un ser humano

Publicada originalmente en 80 Grados

La imagen de los tres monitos tapándose la boca, orejas y ojos no es graciosa. Es dolorosa. Por cualquier lado que la miremos.  Si la interpretamos como una alusión a la indiferencia, duele.  Si la vemos como una respuesta a la censura, también.  Si es un reflejo del miedo a saber y hacer, peor aún.  No hay forma de que me provoque risa, en especial, cuando miro a mi alrededor y veo miles de monitos y monitas columpiándose en las ramas de nuestra “democracia”.

No culpo a los tríos de la ceguera, la sordera y el silencio. Puedo entender el temor.
Abrir los ojos equivale a entrar en un estado de insomnio permanente.  Lo dicen las feministas y también otros grupos que laboran por los derechos humanos y otras causas que nos atañen como parte de una humanidad desigual.  Cuando la conciencia despierta, detectas el dolor ajeno, sientes el de tu corazón, te indignas con las desigualdades y ¡pum!, pierdes los párpados. Tu mirada jamás vuelve a ser la de antes.  Eres incapaz de cerrar los ojos.  Solo te quedan las manos para dar descanso a la mirada y aun a través de ellas, sigues percibiendo el mundo que tenemos.

Así es como cada anuncio, cada gesto, cada palabra escrita, cada imagen y cada cambio de estación se convierten en una sucesión de recordatorios de lo que nos queda por hacer.  No puedes ignorar la pobreza que te espera en un semáforo, no puedes desviar la vista de la destrucción de la tierra, no puedes dormir plácidamente las noches en las que sabes que los cielos tienen más balas y muertes que estrellas.  Una vez despierta tu mirada, tu cerebro te obliga a asumir responsabilidad.

¿Quién querría ver? Bueno, pues yo quiero ver. Prefiero el insomnio a vivir la vida como un sueño. Y desde ese insomnio, quiero ser testigo de la belleza que nace de la valentía de quienes se comprometen a ver y actuar.  Quiero ver los amaneceres coloridos de una era de equidad.  Quiero seguir viendo las imágenes de solidaridad y amor que tanto me conmueven.

Escuchar es tan terrible como ver.  Cuando escuchas de manera activa, comienzas a reconocer los ritmos del machismo, el clasismo, el racismo y la homofobia que antes parecían canciones de cuna o juegos para niños.  Ya no te place tararear “chequi morena”, escuchar una vieja canción de salsa o repetir una oración a padres que no son nuestros porque hemos tenido que renegar de las desigualdades que nacen de su nombre.

Cuando escuchas, el sonido invade tu cabeza y se instala en tus sentidos una vibración permanente que deconstruye las palabras que te zumban alrededor.  Las palabras que antes te conformaban, ya no sirven para tranquilizarte. Los “te amo, pero no te acepto”, los chistes “inofensivos”, las promesas de apoyo que se quedan en el aire, los discursos escritos por oficiales de prensa y los rezos que no has pedido, solo sirven para acunar el insomnio.

¿Quién querría escuchar? Yo quiero escuchar. Quiero saber lo que se esconde en las palabras. Quiero desentrañar las claves de desigualdad que subyacen a las palabras de quienes se creen superiores a la humanidad y elaboran discursos de odio.  Quiero alimentarme de la belleza de las palabras de amor y de bondad que se esmeran en una carrera de vida o muerte para llegar a los oídos del resto de las personas.

Y hablar. ¿Cuánto cuesta hablar? Cuesta empleos. Cuesta rupturas familiares. Cuesta el convertirse en objeto de violencia y discrimen.  Pero hablar, desde la sonoridad de las palabras a las que damos vida con nuestra voz y nuestras letras escritas, es también una forma de vivir el insomnio y de transformar el zumbido que nos puede torturar desde la persistencia de lo cotidianamente injusto. Cuando hablamos, transformamos las imágenes y les reasignamos significado. Creamos canciones y poesías que vibran en la frecuencia de las luchas que abrazamos. Hablar, y hablar con la clara intención de hacerse escuchar para crear un campo de resonancia social, es un modo de caminar y acompañar a quienes nos importan.

¿Quién querría hablar a pesar del costo? Yo quiero hablar. Hablar y actuar. Hablar y acompañar.

Hay tres monitos tristes y temerosos de la censura social, patronal y gubernamental. Hay otros tantos conspiradores que viven su insomnio sabiendo lo que está mal en nuestro sistema y esforzándose por silenciar a quienes escuchan, ven y hablan.  Silencian quitando derechos, recortando fondos, destruyendo reputaciones y lanzando distracciones que sepulten en un mar de palabras vacías las palabras valientes y honestas. Pero por cada monito y por cada conspirador hay un ser humano que elige ver, escuchar y hablar. Y a esos, no los pararán.

7.3.13

Ella, aquella y la otra

Publicada en El Nuevo Día
6 de marzo de 2013
 
“Toda mujer ya liberada que acepte con complacencia su situación de privilegio, se hace cómplice y partícipe de la opresión de las demás mujeres”.
Susan Sontag 

A veces hay que hablar con el corazón abierto.  Hablar de aquellas cosas que nos dan vida y de las otras que nos cortan la respiración.  Hablar de lo que nos pone una sonrisa en los labios y de lo que nos indigna o nos agobia con una tristeza profunda.  No es fácil.  Pensamos, sentimos emociones y buscamos entender el mundo desde el espacio personal en el cual nos colocan nuestras experiencias de vida.  Sin embargo, el presente que vivimos y que construimos desde nuestras palabras o silencios construye a su vez las experiencias de vida de otros seres humanos y su futuro. 

Hablar- y escuchar- con el corazón abierto es hoy, en nuestra Isla, un ejercicio urgente.  Conmemorar el Día de las Mujeres desde lo que nos dice el corazón es cuestión de vida o muerte.  ¿Qué nos dicen nuestros corazones un día como hoy?  ¿Qué nos dicen de lo correcto o de lo justo para otras mujeres? ¿Qué nos dicen de ella, de aquella o de la otra?  ¿De esas mujeres que no somos nosotras mismas y son a la vez parte de nuestro destino colectivo? 

Este 8 de marzo es un Día de las Mujeres que nos exige corazones fuertes y rectos.  Corazones que abracen palabras de libertad y que las dejen salir impulsadas desde el amor.  Este año, el 8 de marzo es un día para visibilizar y honrar a las mujeres que son lesbianas, bisexuales, transexuales o transgéneros (LBTT).  Ellas, aquellas y las otras… las innombradas en muchas de nuestras propias familias, las rechazadas, las violentadas, las que viven escondidas de sí mismas, las que han escuchado cómo se les llama pecadoras, abominaciones, errores de algún dios que alguien se inventó, las que lloran sentencias que les niegan la maternidad.  Un corazón abierto al amor y la justicia no es capaz de escatimar la libertad y el respeto a otro ser humano.   

Ella, aquella y la otra son tal vez alguna hermana, alguna tía, alguna hija o alguna amiga.  Somos quizás nosotras mismas.  La desigualdad y el discrimen que viven mujeres LBTT provocan sufrimiento.  Esa desigualdad no es producto de una elección personal o de una preferencia.  Esa desigualdad es producto de nuestra incapacidad como sociedad de aceptar que hay otras formas de amar y de construir una vida. 

Desde mi corazón, hoy celebro con alegría y amor los logros de las mujeres a través de la historia.  Celebro la vida de cada una de ellas: niñas, jóvenes, adultas y viejas.  El Día de las Mujeres es, más que nada, un día de conmemoración de luchas y de celebración de victorias.  Hemos ganado muchas batallas, tenemos miles de heroínas, hemos vencido la esclavitud que trataron de sembrar en nuestros espíritus y nuestras mentes. 

Pero también desde mi corazón, pido hoy que otras mujeres den un paso al frente y abran un espacio a su lado para ellas, aquellas y las otras sin importar su orientación sexual o identidad de género.  Pido que hagamos frente común para apoyar los proyectos de ley que están en proceso de aprobación y que garantizarían igual protección para todas nosotras en casos de violencia doméstica (PC488) y cero discrimen por orientación sexual o identidad de género (PS238).  Se nos va la vida en esta lucha.  Las luchas de las mujeres estarán incompletas sin una mirada de inclusión, respeto y amor a quienes pertenecemos a las comunidades LHBTT.   

Pido, entonces, un mar de corazones valientes que digan: Somos todas, queremos equidad. 

4.2.13

(Des)concertadas



Hablemos de concertaciones y de desconciertos.  Nos hace falta.  Máxime cuando vemos cómo la discusión sobre los derechos humanos de la comunidad lésbica-homosexual-bisexual-transexual y transgénero (LHBTT) amenaza con dividir al país en una lucha entre los hijos del diablo y los defensores de la fe cristiana.  Hay gente apasionada y comprometida en ambos bandos… y gente desconcertada entre medio de ellos. Un desconcierto comprensible por varias razones.

Una de las razones para el desconcierto de quienes están en el medio de esta lucha tiene que ver con la tendencia mediática a borrar las tonalidades grises de este debate.  Si eres pro-gay (¡O gay!) eres malo.  Si eres anti-gay, eres de dios… o al revés.  “Dios no quiere esto”, “La Constitución dice esto otro”,  “Soy cristiana”, “Soy atea”, “¿Qué soy?”.  Gracias a esta polarización, nos podemos encontrar de repente con una doñita (quizás nuestra tía) que nos dice un poco abochornada que no tiene nada en contra de las parejas del mismo sexo pero es cristiana. ¿Cómo le explicamos que ambas cosas no tienen que autoexcluirse? Créanme cuando les digo que hay más de 50 tonos de gris en estas discusiones y que no todos son porno.

Pero, ¡un momento! También hay gente desconcertada en nuestras filas.  Desconcertada y frustrada.  Compañeras y compañeros que no saben cómo leer el mapa del activismo gay criollo y que no entienden cómo algunas personas intentan liderarnos hacia la equidad mientras critican el trabajo de las demás.  Nuevamente el blanco y negro, y la imperiosa necesidad de obligar a la gente a alinearse en tribus. ¿Cómo se logra una concertación política efectiva, amplia y trascender las fronteras del ego? 

“WTF?”, se pregunta alguna gente al estilo Facebook cuando no saben dónde alinearse y buscan cómo ser útiles en este movimiento de derechos humanos.  “¿Es que hay que ser genio, héroe o figura pública para que el esfuerzo individual cuente?”, se pregunta luego.  Lamentablemente los procesos tradicionales de concertación política no suelen estar enfocados en la inclusión, sino en la presencia mediática y la creación de masa crítica. 

Pero, como dicen por ahí, lo único que no tiene remedio es la muerte.  Así que hay muchas razones y miles de formas para superar el estado de desconcierto colectivo y lograr una verdadera concertación social. Las transformaciones sociales de hoy en día no tienen que ceñirse a las reglas de juego establecidas por cabilderos y políticos tradicionales.

¿Razones? Aunque parezcan obvias, a veces es importante repasarlas.  Sí, ya sabemos que nosotras, las personas LHBTT somos humanas.  También sabemos que como seres humanas, merecemos la igual protección de las leyes e igual acceso al ejercicio de nuestros derechos.  Es bien sabido, además, que estamos en un Estado laico y que las mayores objeciones para que logremos equidad son, principalmente, de origen religioso… Saber esto no necesariamente nos convencerá de participar activa y responsablemente en un movimiento de derechos humanos y tampoco resuelve las dudas que nacen de los matices de este tipo de discusión.  ¿Recuerdan a su tía cristiana?  ¿Cuánto ganamos con una estrategia discursiva que abona a la polarización?  Digo, porque yo soy atea, pero tengo amistades que amo y que son cristianas.  ¿Cómo hablaría con ellas de respeto si me burlara de sus creencias y les llamara ignorantes? ¿Cómo yo misma pido respeto para un amigo gay, si a la vez le falto al respeto a sus creencias religiosas? 

Las razones para concertar un reclamo de equidad para nuestra comunidad LHBTT trascienden el tema de nuestros derechos sexuales y se entrelaza con una visión holística de lo que somos.  Esto nos obliga a reconocer las intersecciones de las desigualdades que se anidan en cada una de nosotras y las capas de potencialidades que nos hacen idóneas para servir de eslabón en múltiples luchas sin perder nuestra identidad. 

El eslabonamiento de energías, trae consigo la generación de la empatía y comprensión que necesitamos para hacernos fuertes y generar cambios que van más allá de la aprobación de un proyecto de ley.

Esto me lleva a hablar de otras razones.  Razones para luchar con una mirada más amplia.  Las luchas de las mujeres nos han dado varias lecciones.  Una de ellas tiene que ver con la influencia recíproca entre legislación y cambio social.  Cuando en el 1989 se aprobó la Ley 54 de Violencia Doméstica, nuestro país aún no comprendía que la violencia en relaciones de pareja era un asunto público.  Aún luego de aprobada la Ley, más de 20 años más tarde, todavía hay gente que no lo comprende.  Sin embargo, esa ley marcó un hito importante y nos dio un punto de partida para aumentar los esfuerzos educativos, de prevención, intervención y transformación que existían mucho antes de ella.  Hemos progresado, hay más recursos disponibles y ya no es políticamente correcto hablar con aprobación de acciones violentas hacia las mujeres.

Ahora, es precisamente una hija de la Ley 54 la que avivó la llama del activismo LHBTT.  El PC 488 propone extender la protección de la Ley 54 a parejas del mismo sexo y a parejas de hecho.   Este proyecto vino acompañado de otro proyecto, el PS 238 para prohibir el discrimen por orientación sexual e identidad de género.  La razón evidente para apoyar estos proyectos es el establecimiento de una política pública que convierte en asunto del estado y del país la prevención y erradicación de la violencia dirigida a integrantes de la comunidad LHBTT.  La razón más importante, y menos evidente, es que los derechos humanos que están en juego no son sólo los de la comunidad LHBTT, sino los del resto del país.  Un gobierno que cede a presiones religiosas sustentadas en la idea de que los seres humanos no tienen la capacidad de elegir el bien, siempre estará propenso a coartar la libertad de pensamiento y de acción del resto de la ciudadanía.  Se estaría adjudicando el derecho a decidir sobre algo más que a quienes amamos y cómo y dónde expresamos nuestro amor.  Decidiría qué pensamos y cómo tomamos las decisiones que nos afectan como país.  Repasemos: venta de aeropuerto, obligar a madres y padres a ir a las escuelas, cuatro años de un departamento de la familia latigando mujeres jefas de familia e ignorando querellas. ¿Les suena familiar? 

¿Cómo superar el desconcierto?  Ya lo estamos haciendo.  Hay cada vez más puentes entre causas diversas.  Hay cada vez más respeto a la diversidad, entendiendo que la diversidad incluye a personas religiosas, personas comunes que quizás no se consideran activistas y tienen muchas preguntas y aún a personas que difieren totalmente de nosotras.

Sin embargo, hay otras cosas que podemos hacer para lograr una concertación efectiva de fuerzas por la equidad. La primera, distinguir la diferencia entre las acciones urgentes y las que son importantes. 

Es urgente que nos demos cuenta de que los proyectos de ley son sólo una parte del trabajo.  Es urgente entender que las estrategias de quienes se sienten cómodos con el sistema de desigualdad que combatimos no deben las nuestras.  Cabildear como ellos, liderar como ellos y hablar como ellos es ser igual a ellos y perpetuar la desigualdad.

Es urgente trazar fronteras saludables entre nosotras y los políticos y gobernantes.  No somos iguales, no somos amigos, no estamos en el mismo bando.  Hay convergencias, sí, pero las convergencias no deben implicar la rendición de ideales.

Es urgente activar las redes de apoyo a los proyectos de ley en medios de comunicación tradicionales y en las redes sociales.  ¿Por qué es urgente?  Porque quien domine esta primera etapa de legislación y establecimiento de políticas públicas dominará los próximos cuatro años.  Hay que reforzar las rodillas temblorosas de algunos políticos y darle unas palmaditas de advertencia para que no pierdan el camino.  Los grupos a cargo de las estrategias en el lado fundamentalista están haciendo todo para quebrar la voluntad- ya endeble- de la gente que se agrupó bajo la insignia popular.

También es urgente dar espacio a nuevas voces.  Esa sería la evidencia de que hemos crecido como movimiento.  También es la evidencia de que somos capaces de trabajar con solidaridad y consenso.  Así nos distinguiremos de la tradición autoritaria conservadora que distingue a nuestros detractores.  Ellos parecen más rápidos que nosotros porque no buscan consensos, simplemente deciden y mandan, manipulan y ordenan.  Nosotras hablamos, disentimos, dialogamos y al final, nos movemos.  Eso es una fortaleza.  Eso es actuar con principios.

Es importante autoevaluarnos y reflexionar.  Es importante ser valientes para crecer y ser capaces de hablar a nuestro país desde el amor y no desde la ira, la ironía o la subestimación de sus capacidades.  Es importante seguir haciendo trabajo de base aunque no salga en los medios. 

Es importante hacer inventario de capacidades y ponerlas al servicio de los movimientos con desinterés y solidaridad.  Es importante, muy, muy importante asumir responsabilidad, dejar de quejarnos y actuar.

Es importante concertar voluntades y trascender el desconcierto.

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1- Alusión a 50 sombras de Grey, de E.L. James. Ver crítica en http://thesourceofreedom.blogspot.com/2012/08/critica-50-sombras-de-grey.html
2- Ver Naked Civics por Nate Garvis, http://nakedcivics.com/

26.1.13

Se trata de todxs


Publicada en El Nuevo Día
26 de enero de 2013

Nos han enseñado a temer a la libertad. A verla como si fuera un abismo tenebroso en el cual se agazapan el pecado, la muerte y el caos. Sin embargo, la libertad no es un abismo. Ateas o religiosas, todas las formas de ver al ser humano en nuestro mundo occidental, reconocen que la libertad y la capacidad de elegir son un derecho que se levanta como manto protector ante gobiernos y dioses. ¿No se trata de eso el libre albedrío? ¿No es de eso que nos hablan constituciones y declaraciones de derechos humanos?

La libertad está en juego en nuestro país ahora mismo. La libertad y la equidad. Mientras la Humanidad se mueve a reconocer las libertades y derechos de la comunidad lésbica-homosexual-bisexual-transexual y transgénero (LHBBT), en nuestra Isla algunos políticos y líderes religiosos se empecinan en utilizar sus biblias personales para golpear con miedo y autoritarismo el avance de nuestros derechos. Peor aún, se dedican a privar de la libertad a las personas buenas que acuden a sus iglesias o militan en sus partidos. Al insistir en hablar de pecado cuando estamos hablando de derechos humanos, les restan capacidad para pensar, les ordenan cómo vivir su amor al prójimo y su fe. Distorsionan la discusión pública porque desde esa distorsión alimentan su poder y exigen obediencia ciega.

¿Quién o quiénes deben decidir por cada una de nosotras a la hora de amar, de formar una familia o de expresar nuestra orientación sexual? ¿Quién o quiénes tienen el derecho a decir a qué dioses adoramos o cómo expresamos nuestra fe o nuestro ateísmo? 

Seguramente, ninguna lectora aceptaría que alguien le cuestione su amor o su fe. Yo tampoco lo acepto. No rindo mi libertad ni espero que otras personas rindan la suya. También estoy clara de que en el momento en el que nuestra Legislatura o nuestro gobernador acepten la presión de grupos religiosos para detener los proyectos de ley que enmiendan la Ley 54 y prohíben el discrimen por orientación sexual, no sólo se están rindiendo ellos. Estarían rindiendo nuestras libertades y nuestros derechos. ¿Qué hará el país? Esto no se trata solamente de la comunidad LHBTT. Se trata de todxs. De nuestra libertad. 

24.11.12

Resistencia y Esperanza

La equidad de géneros debe convertirse en una realidad vivida
 Michelle Bachelet, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres

Las mujeres son expertas resistiendo la violencia.  Sobreviven. Luchan.  Avanzan a pesar de todo.  Algunas han caído víctimas de la violencia en un campo de guerra que nunca ha sido doméstico y en el cual los enemigos NO son los hombres, sino la desigualdad.  No estamos ante una simplona guerra de los sexos en la cual las mujeres tratan de aplastar a los hombres por el mero gusto de acumular puntos y de reclamar su supremacía.

Cuando hablo de guerra, hablo de una guerra moral e ideológica en la que choca el derecho a la equidad contra un sistema social que sigue presumiendo la inferioridad de las mujeres mientras justifica las condiciones que las hacen vulnerables a la violencia.

La guerra no declarada en contra del derecho a la vida y libertad de las mujeres, cobra millones de vidas cada año.

En nuestra Isla, la violencia de género se ha llevado decenas de vidas en los pasados años y ha privado de felicidad, paz y desarrollo a miles de mujeres, niñas y ancianas.  Pocas veces las mujeres responden con el mismo nivel de violencia.  Están concentradas en sobrevivir, en vivir, en resistir.

Cada año, sin embargo, al acercarse el 25 de noviembre y la conmemoración del Día Internacional de No Más Violencia Contra las Mujeres, aprovecho el momento para reflexionar sobre el tema desde una perspectiva personal.  No me refiero con esto a que esté subestimando la gravedad y la variedad de manifestaciones de la violencia de género.  Tampoco estoy diciendo que esa violencia es un asunto privado.  Lo que digo es que todas y todos debemos hacer esta reflexión, asumir responsabilidad personal ante el asunto y, desde esa responsabilidad, comprometerse a impulsar una respuesta colectiva que nazca de la conciencia, del amor y de la solidaridad.

No es casualidad que haya comenzado esta columna con una cita sobre la equidad de géneros.  La desigualdad, en sí misma, es violenta.  Los modelos internacionales de prevención de violencia hacia las mujeres, reconocen la equidad como el antídoto a la misma.  La fórmula es sencilla, si las mujeres acceden a espacios de bienestar, de autonomía económica, de educación y de poder, su nivel de vulnerabilidad hacia la violencia disminuye.  Si además, los demás sectores sociales las reconocen como seres humanos con derecho pensar, actuar y sentir desde la libertad, se acaban los juicios, la necesidad de castigarlas, el afán de controlarlas y la ira descontrolada que las aniquila.

La fórmula es sencilla, convertirla en acciones no tanto.  Erradicar la violencia hacia las mujeres desde una fórmula de equidad requiere la acción de individuos, comunidades, organizaciones y gobierno.  Algo que en los pasados años no fue posible ya que la visión gubernamental de las mujeres estaba construida desde un sexismo benévolo de lazos rosados, fundamentalismo religioso y oportunismo político.  Faltaba una política pública que afirmara desde la palabra y la acción el respeto a la diversidad y la equidad.

Coincidiendo con la transición de gobierno que enfrentamos como país en este momento, la Directora Ejecutiva de la ONU Mujeres, Michelle Bachelet expresó esta semana que “todas y todos debemos esforzarnos más para proteger a las mujeres y prevenir esta violación generalizada de los derechos humanos. Los gobiernos y las y los líderes deben dar el ejemplo. Ahora es el momento para que los gobiernos plasmen sus promesas internacionales en acciones nacionales concretas”.  Es por eso, que de cara al 25 de noviembre las organizaciones que trabajamos por los derechos humanos y la vida de las mujeres en Puerto Rico, estamos vigilantes y en espera de respuestas concretas a los reclamos que hemos hecho de manera consistente en los pasados cuatro años.  Esperamos que se cumplan promesas.  También esperamos que se abran espacios de trabajo en alianzas  honestos y desde la perspectiva de género.

Las mujeres llevamos décadas resistiendo y alimentando la esperanza y el amor.  Desde la resistencia y la esperanza han nacido miles de acciones individuales y colectivas para vencer la violencia de género.  Cada día, una mujer resiste los golpes y planifica cómo salir de esa situación.  Cada día una niña se seca las lágrimas y asiste a la escuela esperando que la educación le ayude a escapar.  Cada día una joven se promete que no aguantará un golpe más.  Cada día una mujer suma y resta el poco dinero que tiene y logra alimentar a su familia mientras limpia casas, estudia y busca trabajo.  Resisten y esperan.

Cada día, además, otras mujeres (¡y hombres!) elijen usar palabras distintas para referirse a la violencia.  Cada día alguien mira con atención y detecta la violencia que antes no veía y decide actuar.  Alguien llama a la policía.  Alguien aporta dinero para que una mujer coma.  Alguien asiste a una reunión para apoyar acciones solidarias.  Cada día alguien decide hablar cuando escucha a otras personas hablar despectivamente de las mujeres.  Cada día alguien asume responsabilidad.

Mirado en el día a día pareciera que se hace poco.  Pero mirando la historia nos sobrecogemos con el largo camino recorrido.

La ciudadanía, las comunidades y las organizaciones han hecho su parte.  Ahora le toca al gobierno hacer la suya.

23.11.12

La mujer de la maranta roja



Hay una mujer pelicolorá, altanera y exuberante plantada en una calle de Santurce exigiendo que la dejen de maltratar.  Mahones apretados, camisa “strapless” y mirada fija compiten con los tatuajes que la adornan.  ¿Marcas de guerra?  Tal vez.  Esas marcas, al menos, son visibles.  Pero las marcas que miles de mujeres llevan en su espíritu gracias a la desigualdad y la violencia machista no son visibles a simple vista.

[Lee la columna completa en 80 grados: http://www.80grados.net/la-mujer-de-la-maranta-roja/]

6.11.12

Casi cerrando el proceso eleccionario...


Ya yo voté.

Voté sintiéndome valiente, esperanzada, parte de una avanzada que no está dispuesta a dejar para un tiempo incierto lo que podemos hacer ya. 

Ya podemos elegir a lxs mejores. Ya podemos dar nuestro voto consciente a quienes tienen una trayectoria seria de trabajo por el bienestar colectivo. Ya podemos dar el voto a la gente que lleva años siendo valiente y h
aciendo frente a quienes han abusado del país o lo han vendido a pedazos. Ya podemos dar el voto a quienes creen en la equidad y lo han demostrado amando al prójimo. Ya podemos comenzar a construir un país que vote con mente libre y no con el terror agarrando su mano. 

Yo voté por los partidos emergentes. Por dos de ellos: el PPT y el MUS. Creo en los dos. Hay gente buena en los dos y tengo mi corazón dividido entre ambos. Uno tendrá mi voto en la papeleta de la gobernación y otro en la papeleta de la legislatura. Espero que mi voto sea útil para reconstruir nuestra matria-patria. 

Ojalá haya muchos votos útiles de verdad. Valientes. Libres y nacidos del amor.

31.10.12

Hechizo con maldición benévola


Entrada en día de Brujas...

Hoy,en un día mágico y con una puerta abierta entre el mundo de los seres vivos y los muertos, aproveche el crepúsculo y la puerta abierta del tiempo para hacer este conjuro.

"Rayos de sol anaranjado, vientos tibios y brisas frías otoñales, únanse en un abrazo crepuscular y envuelvan mis palabras para convertirlas en un lazo infinito que amarre intenciones de bienestar. Amarren la solidaridad, amarren la valentía, amarren la sabiduría y conviértanlas todas en energía, háganlas espíritus que habiten las vasijas hambrientas de las mentes que deciden el futuro del país, fuerza motora de las manos que emitirán sus votos, inquieta preocupación que les lleve a romper el espinazo del monstruo de la desigualdad que devora nuestro futuro. 

Espíritus del inframundo, indignen a las indiferentes, agobien a los irresponsables, muéstrennos el retrato terrorífico de los Dorian Grays que nos han gobernado por décadas, destruyan las imágenes engañosas, devoren la pulcra palabra hipócrita que no se compromete con acciones, escupan las tumbas blanqueadas de los miedos sociales y bailen con desenfreno sobre las huellas sucias de la corrupción para luego exhumar los cadáveres que merecen ser expuestos ante los cuervos hambrientos de una historia que nos debe muchas verdades.

Espíritus del aire puro de las montañas patrias, traigan sueños, venzan la noche que quedará limpia de odios y prejuicios. Susurren alianzas ciertas, inspiren carreras nuevas, alimenten afanes amorosos que trasciendan los yo y los tú. Hagan más que hablar, actúen para triunfar desde las raíces de un pueblo plural, que se divide y se une, se adelanta, se reinventa y al final triunfará".

Puede completar el hechizo con un breve ritual en el cual, en una olla debidamente preparada para evitar un incendio en su casa, queme dos listas. La primera, será una enumeración de las cualidades negativas que entorpecen su propia capacidad para amar al prójimo por encima de colores y diversidades. De esas cenizas y de las cenizas de la segunda lista, nacerá su ser solidario y de acción. La segunda lista contendrá sus cualidades para el trabajo en alianzas y sus compromisos para alimentar su intención de ser parte del nuevo país que todas y todos construiremos a pesar del resultado electoral.

29.10.12

LA FAMILIA, CLAVE DE UNA REFORMA SOCIAL (¿En serio?)



La familia es una institución. ¿La familia? ¿En serio? Estoy sorprendidísima con el editorial de hoy de El Nuevo Día dando un espaldarazo al programa de gobierno del PNP en temas de familia.  Parecería que a este importante medio noticioso se le quedaron en blanco todos los archivos de noticias que documentan la manera atroz en la cual dicho partido ha definido "familia" y ha impuesto al país una visión heterosexista y machista de la familia puertorriqueña. 

No sólo hemos tenido que escuchar al Presidente del Senado, Rivera Schatz, llamar retorcidas a familias criadas por parejas del mismo sexo, sino que además hay todo un catálogo de expresiones de la Secretaria de la Familia, Yanitzia Irizarry, culpando a las mujeres jefas de familia de todos los males sociales y exigiéndoles que sean "mamás gallinas".

A esto, sumémosle las alianzas abiertamente hechas con sectores religiosos fundamentalistas y la no casual exclusión de las palabras “género” y “perspectiva de género” de su plataforma.  Para el PNP, la definición de familia, y la institución que quieren fortalecer, es aquella concebida como el matrimonio entre hombre y mujer.  Eso queda claro no sólo por sus expresiones públicas de apoyo a una posible enmienda constitucional para elevar a ese rango el matrimonio heterosexual, sino por sus acciones dirigidas a entorpecer procesos de adopción de menores por parte de personas solteras, parejas no casadas legalmente o parejas del mismo sexo.

¿Más información para apoyar la premisa de que la plataforma PNP para la familia NO puede ser apoyada?  Basta con pasar revista de las veces en que los propios periodistas de El Nuevo Día y Primera Hora fueron testigos de actividades oficiales que parecía cultos religiosos y en los cuales líderes como Aníbal Heredia y la propia Wanda Rolón subieron a tarima a avivar los valores cristianos.  ¿Puede ser buena para nuestras familias una plataforma que lleva la píldora venenosa de una teocracia no verbalizada pero claramente expuesta en sus acciones de los pasados cuatro años?

La lista de agravios a las familias puertorriqueñas desde las agencias gubernamentales bajo la administración PNP es larga.  Antes de escribir este editorial, El Nuevo Día debió hacer una buena búsqueda en archivos digitales.  

26.10.12

¿Objetivo de mercadeo o seres humanas?

En muchos sentidos, las mujeres son un codiciado mercado.  Siendo concebidas como consumidoras, más que como productoras, es comprensible la forma en la que se nos estudia y se nos clasifica desde las empresas de publicidad y ventas.  ¿Cómo ofrecernos un producto? ¿Qué botones emocionales deben ser apretados para que respondamos desde los roles tradicionales de madres, cuidadoras y amas de casa?  ¿Qué otros botones apretar para que respondamos como ejecutivas, empresarias o asalariadas? Y así, sin dejar nada al azar, hasta las frases que pegan en las promociones y campañas tienen su origen en un estudio sobre nosotras.  Lo lamentable es que el fin de estas estrategias no es movernos como grupo en una dirección de reflexión o acción que nos beneficie y nos traiga bienestar, sino vendernos de todo… desde un desodorante hasta un partido político.  Van tras nuestro dinero y tras nuestro voto, que es en realidad lo mismo para quienes necesitan controlar al país desde sus esferas de poder.

Lee la columna completa en 80grados


22.10.12

Luis te necesita


Hace varias semanas recibimos en Matria una invitación sorprendente.  En el mundo surreal de la colonia todo puede pasar.  En un sobre blanco nos llegó nada más y nada menos que una invitación para asistir a una actividad de recaudación de fondos de Luis Fortuño.  Por un moderado donativo de $500pp, Proyecto Matria podría participar en una fiesta cuyos detalles no aparecen en la invitación aunque sí aparece otra información.

Augurando tener una excelente probabilidad de ganar la elección y el plebiscito, nos dicen enfáticamente que necesitan nuestra ayuda.  Lo cierto es que, en el año 2009 y a pesar de que conocíamos la agenda del gobernador, Matria puso a su disposición el modelo de desarrollo económico e incubación de microempresas desarrollado en la organización y que ha sido reconocido a nivel internacional.  Tal parece, sin embargo, que no necesitaban ese tipo de ayuda.  Necesitaban más un modelo de empresarismo hueco y basado en alabanzas cristianas que no ha generado el crecimiento económico que vaticinaron.  Hoy necesitan nuestros $500. 

Viendo la incapacidad gubernamental para atajar la violencia hacia las mujeres, Matria también hizo recomendaciones escritas y públicas al gobierno para generar acciones concretas y viables dirigidas a crear una red de protección y prevención.  Ante el fracaso de la  “Promesa de Hombre”, el aumento en violencia entre jóvenes y el alza en asesinatos de mujeres, propusimos fortalecer espacios comunitarios y dar herramientas a nuestra gente para que identifiquen a tiempo la violencia de género y sepan qué hacer antes de que una mujer pierda la vida.  ¡Ah!  Pero parece que eso tampoco lo necesitaba Luis.  Prefirieron contratar al impostor Aníbal Heredia en el Departamento de la Familia y financiar organizaciones que atienden la violencia de género desde una visión rosada que encierra a las mujeres en los mismos estereotipos que las hacen desiguales y vulnerables a la violencia.  Lo que Luis necesita son nuestros $500. 

Y así, descartando nuestras propuestas y las de otras organizaciones, no sólo nos excluyeron e invisibilizaron dentro del sistema gubernamental, sino que además nos recortaron fondos.  Imagino que porque no nos necesitaban para oprimir las mujeres pobres de la Isla y tampoco nos necesitaban para quitarnos derechos a las demás.  Lo que necesitaban y necesitan hoy, son nuestros $500 para volver a ganar.

15.10.12

¿Quién recogió a Chicky Starr?


Con la política puertorriqueña podríamos hacer un libro sobre los efectos tóxicos del machismo isleño en la mente colectiva, aderezados con escenas de la lucha libre criolla y de algunas novelas mexicanas. 

Ahora resulta que el famoso y siniestro Chicky Starr reaparece en el escenario político traído nada más y nada menos que de la mano de una mujer.  Increíblemente, este símbolo de la macharranería violenta no deja de ser noticia y parece no darse cuenta de que es noticia por lo inverosímil y chocante de sus acciones más que por ser una figura respetable.  Este abuelito (creo que está en edad de serlo, lo estoy viendo en los cuadriláteros desde que era pequeña) sí que tiene creatividad para reinventarse.

En el 2010 nos sorprendió al  anunciar su intención de ser candidato por el PNP.   “Vamos a trabajar duro para que en el 2012 haya un representante con un bate para que haga cumplir las leyes”, indicó el luchador al periódico Primera Hora en aquel entonces. Sólo que más tarde se convirtió en el eje de los ataques violentos a estudiantes universitarios en la huelga de la UPR y no sólo repartió batazos, sino que los recibió.  Los estudiantes le superaron en astucia y valor y su intervención con Capitol Security defendiendo al gobierno, la desigualdad y la opresión quedó tristemente reseñada en los medios de comunicación.

Ahora anuncia que se cambia de bando.  Ahora se va con el PPD y su candidata a la alcaldía de Bayamón.  Según él, es ahora que se da cuenta de que Fortuño ha gobernado para unos pocos.  "Yo iba a aspirar a un escaño a representante por acumulación y tenía el apoyo de la plana mayor del partido (PNP), pero he visto unas cosas, y no es secreto lo que está pasando en el país, donde Fortuño se ha dedicado a gobernar solamente para dos o tres, no para la mayoría del pueblo" le dice a El Nuevo Día

Sin embargo, la pregunta que hay que hacerse es, ¿no será que ese mismo PNP clasista y oportunista que lo utilizó como agente catalizador de la violencia en la UPR  y que dejó que todo el país lo culpara no quiere tocarlo ni con la punta de una vara porque resulta que Chicky Starr es demasiado pueblo, demasiado primitivo, demasiado calle?  No cae Chicky Starr con el blanqueamiento que necesita el PNP para parecer respetable.  Porque irónicamente, esa “respetabilidad blanca” y “de clase” es la que atrae votos de los residenciales y de otros sectores marginados por raza y clase social. 

¿Quién quiere recoger a Chicky Starr?  ¿El PPD o sólo su candidata de Bayamón?  Deben pensarlo porque con él recogen algo más que a un luchador de lucha libre y su bate pintado de violencia y machismo.  

Es hora de tener miedo

Si todavía no sienten miedo con lo que estamos viendo en Puerto Rico y el planeta, están tarde. La violencia económica y política que ya est...