24.11.12

Resistencia y Esperanza

La equidad de géneros debe convertirse en una realidad vivida
 Michelle Bachelet, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres

Las mujeres son expertas resistiendo la violencia.  Sobreviven. Luchan.  Avanzan a pesar de todo.  Algunas han caído víctimas de la violencia en un campo de guerra que nunca ha sido doméstico y en el cual los enemigos NO son los hombres, sino la desigualdad.  No estamos ante una simplona guerra de los sexos en la cual las mujeres tratan de aplastar a los hombres por el mero gusto de acumular puntos y de reclamar su supremacía.

Cuando hablo de guerra, hablo de una guerra moral e ideológica en la que choca el derecho a la equidad contra un sistema social que sigue presumiendo la inferioridad de las mujeres mientras justifica las condiciones que las hacen vulnerables a la violencia.

La guerra no declarada en contra del derecho a la vida y libertad de las mujeres, cobra millones de vidas cada año.

En nuestra Isla, la violencia de género se ha llevado decenas de vidas en los pasados años y ha privado de felicidad, paz y desarrollo a miles de mujeres, niñas y ancianas.  Pocas veces las mujeres responden con el mismo nivel de violencia.  Están concentradas en sobrevivir, en vivir, en resistir.

Cada año, sin embargo, al acercarse el 25 de noviembre y la conmemoración del Día Internacional de No Más Violencia Contra las Mujeres, aprovecho el momento para reflexionar sobre el tema desde una perspectiva personal.  No me refiero con esto a que esté subestimando la gravedad y la variedad de manifestaciones de la violencia de género.  Tampoco estoy diciendo que esa violencia es un asunto privado.  Lo que digo es que todas y todos debemos hacer esta reflexión, asumir responsabilidad personal ante el asunto y, desde esa responsabilidad, comprometerse a impulsar una respuesta colectiva que nazca de la conciencia, del amor y de la solidaridad.

No es casualidad que haya comenzado esta columna con una cita sobre la equidad de géneros.  La desigualdad, en sí misma, es violenta.  Los modelos internacionales de prevención de violencia hacia las mujeres, reconocen la equidad como el antídoto a la misma.  La fórmula es sencilla, si las mujeres acceden a espacios de bienestar, de autonomía económica, de educación y de poder, su nivel de vulnerabilidad hacia la violencia disminuye.  Si además, los demás sectores sociales las reconocen como seres humanos con derecho pensar, actuar y sentir desde la libertad, se acaban los juicios, la necesidad de castigarlas, el afán de controlarlas y la ira descontrolada que las aniquila.

La fórmula es sencilla, convertirla en acciones no tanto.  Erradicar la violencia hacia las mujeres desde una fórmula de equidad requiere la acción de individuos, comunidades, organizaciones y gobierno.  Algo que en los pasados años no fue posible ya que la visión gubernamental de las mujeres estaba construida desde un sexismo benévolo de lazos rosados, fundamentalismo religioso y oportunismo político.  Faltaba una política pública que afirmara desde la palabra y la acción el respeto a la diversidad y la equidad.

Coincidiendo con la transición de gobierno que enfrentamos como país en este momento, la Directora Ejecutiva de la ONU Mujeres, Michelle Bachelet expresó esta semana que “todas y todos debemos esforzarnos más para proteger a las mujeres y prevenir esta violación generalizada de los derechos humanos. Los gobiernos y las y los líderes deben dar el ejemplo. Ahora es el momento para que los gobiernos plasmen sus promesas internacionales en acciones nacionales concretas”.  Es por eso, que de cara al 25 de noviembre las organizaciones que trabajamos por los derechos humanos y la vida de las mujeres en Puerto Rico, estamos vigilantes y en espera de respuestas concretas a los reclamos que hemos hecho de manera consistente en los pasados cuatro años.  Esperamos que se cumplan promesas.  También esperamos que se abran espacios de trabajo en alianzas  honestos y desde la perspectiva de género.

Las mujeres llevamos décadas resistiendo y alimentando la esperanza y el amor.  Desde la resistencia y la esperanza han nacido miles de acciones individuales y colectivas para vencer la violencia de género.  Cada día, una mujer resiste los golpes y planifica cómo salir de esa situación.  Cada día una niña se seca las lágrimas y asiste a la escuela esperando que la educación le ayude a escapar.  Cada día una joven se promete que no aguantará un golpe más.  Cada día una mujer suma y resta el poco dinero que tiene y logra alimentar a su familia mientras limpia casas, estudia y busca trabajo.  Resisten y esperan.

Cada día, además, otras mujeres (¡y hombres!) elijen usar palabras distintas para referirse a la violencia.  Cada día alguien mira con atención y detecta la violencia que antes no veía y decide actuar.  Alguien llama a la policía.  Alguien aporta dinero para que una mujer coma.  Alguien asiste a una reunión para apoyar acciones solidarias.  Cada día alguien decide hablar cuando escucha a otras personas hablar despectivamente de las mujeres.  Cada día alguien asume responsabilidad.

Mirado en el día a día pareciera que se hace poco.  Pero mirando la historia nos sobrecogemos con el largo camino recorrido.

La ciudadanía, las comunidades y las organizaciones han hecho su parte.  Ahora le toca al gobierno hacer la suya.

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