4.2.13

(Des)concertadas



Hablemos de concertaciones y de desconciertos.  Nos hace falta.  Máxime cuando vemos cómo la discusión sobre los derechos humanos de la comunidad lésbica-homosexual-bisexual-transexual y transgénero (LHBTT) amenaza con dividir al país en una lucha entre los hijos del diablo y los defensores de la fe cristiana.  Hay gente apasionada y comprometida en ambos bandos… y gente desconcertada entre medio de ellos. Un desconcierto comprensible por varias razones.

Una de las razones para el desconcierto de quienes están en el medio de esta lucha tiene que ver con la tendencia mediática a borrar las tonalidades grises de este debate.  Si eres pro-gay (¡O gay!) eres malo.  Si eres anti-gay, eres de dios… o al revés.  “Dios no quiere esto”, “La Constitución dice esto otro”,  “Soy cristiana”, “Soy atea”, “¿Qué soy?”.  Gracias a esta polarización, nos podemos encontrar de repente con una doñita (quizás nuestra tía) que nos dice un poco abochornada que no tiene nada en contra de las parejas del mismo sexo pero es cristiana. ¿Cómo le explicamos que ambas cosas no tienen que autoexcluirse? Créanme cuando les digo que hay más de 50 tonos de gris en estas discusiones y que no todos son porno.

Pero, ¡un momento! También hay gente desconcertada en nuestras filas.  Desconcertada y frustrada.  Compañeras y compañeros que no saben cómo leer el mapa del activismo gay criollo y que no entienden cómo algunas personas intentan liderarnos hacia la equidad mientras critican el trabajo de las demás.  Nuevamente el blanco y negro, y la imperiosa necesidad de obligar a la gente a alinearse en tribus. ¿Cómo se logra una concertación política efectiva, amplia y trascender las fronteras del ego? 

“WTF?”, se pregunta alguna gente al estilo Facebook cuando no saben dónde alinearse y buscan cómo ser útiles en este movimiento de derechos humanos.  “¿Es que hay que ser genio, héroe o figura pública para que el esfuerzo individual cuente?”, se pregunta luego.  Lamentablemente los procesos tradicionales de concertación política no suelen estar enfocados en la inclusión, sino en la presencia mediática y la creación de masa crítica. 

Pero, como dicen por ahí, lo único que no tiene remedio es la muerte.  Así que hay muchas razones y miles de formas para superar el estado de desconcierto colectivo y lograr una verdadera concertación social. Las transformaciones sociales de hoy en día no tienen que ceñirse a las reglas de juego establecidas por cabilderos y políticos tradicionales.

¿Razones? Aunque parezcan obvias, a veces es importante repasarlas.  Sí, ya sabemos que nosotras, las personas LHBTT somos humanas.  También sabemos que como seres humanas, merecemos la igual protección de las leyes e igual acceso al ejercicio de nuestros derechos.  Es bien sabido, además, que estamos en un Estado laico y que las mayores objeciones para que logremos equidad son, principalmente, de origen religioso… Saber esto no necesariamente nos convencerá de participar activa y responsablemente en un movimiento de derechos humanos y tampoco resuelve las dudas que nacen de los matices de este tipo de discusión.  ¿Recuerdan a su tía cristiana?  ¿Cuánto ganamos con una estrategia discursiva que abona a la polarización?  Digo, porque yo soy atea, pero tengo amistades que amo y que son cristianas.  ¿Cómo hablaría con ellas de respeto si me burlara de sus creencias y les llamara ignorantes? ¿Cómo yo misma pido respeto para un amigo gay, si a la vez le falto al respeto a sus creencias religiosas? 

Las razones para concertar un reclamo de equidad para nuestra comunidad LHBTT trascienden el tema de nuestros derechos sexuales y se entrelaza con una visión holística de lo que somos.  Esto nos obliga a reconocer las intersecciones de las desigualdades que se anidan en cada una de nosotras y las capas de potencialidades que nos hacen idóneas para servir de eslabón en múltiples luchas sin perder nuestra identidad. 

El eslabonamiento de energías, trae consigo la generación de la empatía y comprensión que necesitamos para hacernos fuertes y generar cambios que van más allá de la aprobación de un proyecto de ley.

Esto me lleva a hablar de otras razones.  Razones para luchar con una mirada más amplia.  Las luchas de las mujeres nos han dado varias lecciones.  Una de ellas tiene que ver con la influencia recíproca entre legislación y cambio social.  Cuando en el 1989 se aprobó la Ley 54 de Violencia Doméstica, nuestro país aún no comprendía que la violencia en relaciones de pareja era un asunto público.  Aún luego de aprobada la Ley, más de 20 años más tarde, todavía hay gente que no lo comprende.  Sin embargo, esa ley marcó un hito importante y nos dio un punto de partida para aumentar los esfuerzos educativos, de prevención, intervención y transformación que existían mucho antes de ella.  Hemos progresado, hay más recursos disponibles y ya no es políticamente correcto hablar con aprobación de acciones violentas hacia las mujeres.

Ahora, es precisamente una hija de la Ley 54 la que avivó la llama del activismo LHBTT.  El PC 488 propone extender la protección de la Ley 54 a parejas del mismo sexo y a parejas de hecho.   Este proyecto vino acompañado de otro proyecto, el PS 238 para prohibir el discrimen por orientación sexual e identidad de género.  La razón evidente para apoyar estos proyectos es el establecimiento de una política pública que convierte en asunto del estado y del país la prevención y erradicación de la violencia dirigida a integrantes de la comunidad LHBTT.  La razón más importante, y menos evidente, es que los derechos humanos que están en juego no son sólo los de la comunidad LHBTT, sino los del resto del país.  Un gobierno que cede a presiones religiosas sustentadas en la idea de que los seres humanos no tienen la capacidad de elegir el bien, siempre estará propenso a coartar la libertad de pensamiento y de acción del resto de la ciudadanía.  Se estaría adjudicando el derecho a decidir sobre algo más que a quienes amamos y cómo y dónde expresamos nuestro amor.  Decidiría qué pensamos y cómo tomamos las decisiones que nos afectan como país.  Repasemos: venta de aeropuerto, obligar a madres y padres a ir a las escuelas, cuatro años de un departamento de la familia latigando mujeres jefas de familia e ignorando querellas. ¿Les suena familiar? 

¿Cómo superar el desconcierto?  Ya lo estamos haciendo.  Hay cada vez más puentes entre causas diversas.  Hay cada vez más respeto a la diversidad, entendiendo que la diversidad incluye a personas religiosas, personas comunes que quizás no se consideran activistas y tienen muchas preguntas y aún a personas que difieren totalmente de nosotras.

Sin embargo, hay otras cosas que podemos hacer para lograr una concertación efectiva de fuerzas por la equidad. La primera, distinguir la diferencia entre las acciones urgentes y las que son importantes. 

Es urgente que nos demos cuenta de que los proyectos de ley son sólo una parte del trabajo.  Es urgente entender que las estrategias de quienes se sienten cómodos con el sistema de desigualdad que combatimos no deben las nuestras.  Cabildear como ellos, liderar como ellos y hablar como ellos es ser igual a ellos y perpetuar la desigualdad.

Es urgente trazar fronteras saludables entre nosotras y los políticos y gobernantes.  No somos iguales, no somos amigos, no estamos en el mismo bando.  Hay convergencias, sí, pero las convergencias no deben implicar la rendición de ideales.

Es urgente activar las redes de apoyo a los proyectos de ley en medios de comunicación tradicionales y en las redes sociales.  ¿Por qué es urgente?  Porque quien domine esta primera etapa de legislación y establecimiento de políticas públicas dominará los próximos cuatro años.  Hay que reforzar las rodillas temblorosas de algunos políticos y darle unas palmaditas de advertencia para que no pierdan el camino.  Los grupos a cargo de las estrategias en el lado fundamentalista están haciendo todo para quebrar la voluntad- ya endeble- de la gente que se agrupó bajo la insignia popular.

También es urgente dar espacio a nuevas voces.  Esa sería la evidencia de que hemos crecido como movimiento.  También es la evidencia de que somos capaces de trabajar con solidaridad y consenso.  Así nos distinguiremos de la tradición autoritaria conservadora que distingue a nuestros detractores.  Ellos parecen más rápidos que nosotros porque no buscan consensos, simplemente deciden y mandan, manipulan y ordenan.  Nosotras hablamos, disentimos, dialogamos y al final, nos movemos.  Eso es una fortaleza.  Eso es actuar con principios.

Es importante autoevaluarnos y reflexionar.  Es importante ser valientes para crecer y ser capaces de hablar a nuestro país desde el amor y no desde la ira, la ironía o la subestimación de sus capacidades.  Es importante seguir haciendo trabajo de base aunque no salga en los medios. 

Es importante hacer inventario de capacidades y ponerlas al servicio de los movimientos con desinterés y solidaridad.  Es importante, muy, muy importante asumir responsabilidad, dejar de quejarnos y actuar.

Es importante concertar voluntades y trascender el desconcierto.

---

1- Alusión a 50 sombras de Grey, de E.L. James. Ver crítica en http://thesourceofreedom.blogspot.com/2012/08/critica-50-sombras-de-grey.html
2- Ver Naked Civics por Nate Garvis, http://nakedcivics.com/

Mujeres, política y violencia en el 2017

Por ahí hay quien dice que quien paga manda. Y si miramos el mundo político actual junto a las estadísticas económicas de Puerto Rico s...