escribe y actúa

escribe y actúa

13.3.17

Tiempos extraordinarios

La Junta de Control Imperial la ha tenido fácil hasta ahora.
El gobierno se sabe ilegítimo porque es culpable de aumentar y patrocinar las desigualdades y el discrimen en el país, así que no tiene forma de ganar apoyo de la gente.
Las ONGs que dan servicios a personas vulnerables tienen las manos llenas y se desesperan porque es muy difícil cumplir con quienes nos necesitan y estar en la calle con la frecuencia requerida. En contraste, las que viven de esas personas vulnerables no quieren hacer nada. Son cómplices.
Las izquierdas siguen en guerras ideológicas que rayan en el fundamentalismo. La rigidez crea guerras que enfocan la energía de ataque en quienes deberían ser aliadxs y con eso fortalecen a quien de verdad deberíamos estar aniquilando.
Y los partidos, pues, haciendo turno pal 2020.
Tal vez hay que remirar y hacérselo difícil a la Junta y al Gobierno ilegítimo. En Matria estamos en esas. Como organización y a nivel personal. Es la única forma de superar el shock que nos han querido producir. No es de 8 a 4. Es trabajo de todos los días.
En tiempos extraordinarios es una estupidez pretender vivir vidas ordinarias.

9.3.17

Las flores de ayer



Deben quedar muchas flores y sus pétalos en los espacios que ayer se usaron para felicitar a las mujeres. La memoria de décadas viendo pasar los 8 de marzo, me da una imagen bastante detallada de las flores, las felicitaciones, las charlas motivacionales, la sorna de algunos, la sonrisa inocente de algunas, el no saber qué contestar de otras, la furia de las que no le aguantan nada a nadie, la paciente combatividad de las que han transitado los caminos del coraje y están en otro momento de sus vidas, las columnas, los memes, las lecciones que se construyen en los pequeños actos de todo el día y los temblores que se provocan desde manifestaciones y actos de desobediencia civil.

Las flores de ayer son las mismas que nos llegan el día de San Valentín y el Día de las Madres. Son de esos homenajes que perturban a las mujeres que reconocemos en ellas la muerte, la pobreza y la infelicidad que sirven de abono a la tierra desde la cual nos llegan. Vemos en las flores de ayer la reiteración de la imagen de fragilidad que se nos endilga por ser mujeres. Vemos la idealización con la cual nos compara la gente de nuestro entorno. Nos quieren acicaladas, sonrojadas con los halagos, silenciosas, sacrificadas y amorosas. Nos quieren como algunas de nosotras se quieren a sí mismas, acomodadas de manera exclusiva en el lugar de madres, esposas y trabajadoras con dobles y triples jornadas asumidas con agradecimiento. 

Las flores de ayer aún deben estar adornando escritorios. Quién sabe cuánto durarán. De la misma manera, las felicitaciones vacías todavía vuelan en ondas sonoras que chocarán con algún puño, alguna carta de despido en el gobierno, un cheque más pequeño para alguna pensionada o el cristal de recepción de alguna oficina médica en la que le nieguen servicio a una de las flores-mujeres de ayer.

Las flores de ayer son como las flores que acompañan la muerte en tantas culturas en las que una mujer muerta vale en proporción a la manera en que se haya ajustado al sistema y cumplido con las expectativas del padre, la madre, el marido y los hijos. Llueven flores para las más sufridas y el silencio se hace denso en torno a ellas porque nadie quiere hablar de las renuncias, el maltrato y su pobreza.

¿Cuánta belleza puede encerrar una flor? Infinita belleza. Contrario a las flores de ayer, hay tantas otras flores en otros tantos días… Las flores que nos alegran el día, las que agradecen, las que son mensajeras de esperanza, las que adornan las mesas de trabajo que acumulan ideas, estrategias y luchas que luego se derraman por la vida de nosotras mismas para hacernos más fuertes, más solidarias y más libres.

Ayer no pasaron flores por mis manos. Mejor que flores, recibí a través de mis manos inquietas las noticias en redes y en medios digitales de todo lo que movieron otras manos en Puerto Rico y el mundo para visibilizar las desigualdades que nos siguen matando, restando dignidad, sumiendo en la pobreza y excluyéndonos del poder. Sí se me inundaron los brazos de abrazos a otras mujeres y hombres que alimentaron mi día en los distintos espacios de lucha y reflexión que transitamos en colectivo.

Las flores de ayer se marchitarán. Como se marchita el patriarcado con cada vuelta al sol que da la humanidad. Como se marchitará el machismo que se alimenta de las entrañas de hombres y mujeres que todavía no entienden de lo que hablamos ayer, pero ya lo entenderán, y verán y lucharán como nosotras.

Las flores de ayer, desprendidas de  la tierra, no tienen forma de crecer más. Pero las semillas que hemos sembrado por siglos, con paciencia, con amor y con la persistencia de quienes saben que están a cargo de una tarea preciosa y necesaria, germinarán. Nuestras semillas germinarán, crecerán, se enredarán con las ramas fuertes y dignas de los árboles que otras sembraron antes que nosotras y también florecerán, darán frutos, se harán infinitas como las consignas y cánticos de esperanza y lucha que ayer paralizaron a Puerto Rico y el mundo.

Las flores de ayer se olvidarán. Las de nosotras son parte de la historia.

21.1.17

Las mujeres marchamos


21 de enero de 2017

Las mujeres llevamos siglos marchando.
Llevamos siglos marchando y nadie nos parará.

De miles de maneras.

En las largas filas de la migraciones impuestas por las guerras.
En los ejércitos de voluntarias que han sanado, cuidado y alentado a los frágiles de la humanidad en momentos de enfermedad, pobreza y persecución.
En los pasillos laberínticos de palacios de ley y orden en los que sus voces han debido escurrirse rendija a rendija, de oído en oído hasta llegar a la voz autorizada por el régimen de turno para que la justicia adelante un paso a nuestro favor.
En las multitudes que han tomado bastillas, calles, plazas y países para exigir respeto a la vida, a la paz y a la equidad.
En los frentes de guerra por los derechos civiles de todas y todos.
En las calles de tierra y barro de nuestra América Latina para defender tierra y agua.
En los desiertos que cobran su cuota de vida por cada paso que conceden en huidas necesarias.
En los mares del mundo, en barcazas de sueños y pesadillas.
En las grandes avenidas de los imperios y las estrechas calles de ciudades caribeñas de frente, siempre de frente.

Y hemos marchado con nuestros hijos e hijas a cuestas.
Con el barrio.
Con la fe mordiéndonos las pantorrillas para detenernos con las cadenas de las opresiones internalizadas o aguantando nuestros cuerpos cansados cuando todo parece terminar en un callejón sin salida.
Con madres y padres recordándonos que marchar es peligroso.
Con amigas que en el camino pueden cansarse tanto que elijan dar la espalda y trazar otras rutas.
Con amores que nos rompen el alma cuando convierten el marchar en la semilla de ultimátums entre presente y futuro.
Con el corazón en la mano.
Con las expectativas ajenas pesándonos en el pecho.
Con el odio de nuestros enemigos como una espada que pende sobre nuestras cabezas.
Con el dolor de otras mujeres como una carga que se asume por puro amor.
Con la historia susurrándonos derrotas y victorias del pasado para que aprendamos la lección.

Las mujeres hemos marchado por siglos.
Y el marchar es mucho más que andar.
Es saber y escuchar a otras que saben.
Es elegir entre lo propio y lo colectivo.
Es abandonarse a los ríos de energía que nos reclaman ser parte de los cambios necesarios.
Es mirar el cansancio propio desde la distancia y luego bailar la danza de las guerras que son más que sagradas, son guerras para garantizar la dignidad de nuestras existencias.
Es contar las horas y multiplicarlas con la magia de nuestra voluntad para estar en cada frente, cada batalla, cada acción y cada abrazo necesario para caminar hacia la equidad, la vida y la alegría.
Es mirar de frente a quien nos amenaza y sonreír sabiendo que venceremos su maldad.

Las mujeres marchamos por miles de razones.
Para defender nuestros cuerpos y plantar la bandera de la autonomía frente a quienes creen que somos un producto de consumo o un animal de granja que pare para los amos.
Para reclamar justicia para nuestras muertas y hacer eternos sus nombres desde la voz de sus hermanas.
Para que cada niña pueda soñar.
Para que cada niña llegue a ser la mujer que tiene que ser.
Para enfrentar juntas, gobiernos y agresores que creen que nos pueden aplastar.
Para que en las mesas de todas las mujeres de la humanidad haya alimentos, dignidad y paz.
Para que el mundo reciba los frutos de nuestros talentos y sea un mejor mundo para la humanidad.

Las mujeres marchamos.
Marchamos sin miedo.
Marchamos porque queremos y porque podemos.
Con rabia.
Con esperanza.
Con amor.
Y seguiremos marchando hasta la equidad.

2.1.17

Yo no vi la juramentación...

Yo no vi la juramentación.
No he leído noticias sobre ella.
Y no es por enajenación.
Por meses leí noticias. Leí plataformas. Me cercioré de conocer y entender las alianzas del PNP y los compromisos de sus candidatos.
Por años he seguido de cerca sus acciones, vi de cerca las consecuencias de las acciones de su último turno para gobernar.
No necesitaba escuchar ni ver hoy para saber lo que vienen a hacer...
... ni para saber quiénes se limitarán a criticar sin hacer nada al respeto...
... quiénes se callarán por cobardía...
... quiénes mirarán para otro lado...
... quiénes usarán el pesimismo como excusa para enajenarse porque "no vale la pena sacrificar tiempo de ocio, descanso y familia"..
...y quiénes dirán que no queda más opción que bregar y guisar con quienes destruyen al país...
Antes se me rompía el corazón con esas cosas y las traiciones y abandonos que las acompañan.
Ahora, es posible que me rompa el corazón de nuevo, pero no la voluntad para hacer lo correcto. Porque ya sé, y muchxs saben, lo que viene. Y se necesitará mucho amor, solidaridad, coraje (y un chin de terquedad) para meterle tiempo y trabajo a la construcción de la matria que queremos.
No tenemos que ser una multitud. Basta con que logremos crear el peso necesario para empujar lo demás. Sin alardes ni anuncios grandilocuentes. En silencio. Desde abajo.
Eso. Así está mi 2017. Y sin perder la alegría a pesar de ver la realidad.

1.1.17

A las 12:12am del 1 de enero del 2017

Mi deseo:
Que la vida les permita mantener la misma energía y dedicación con las que prepararon la despedida del 2016 para reconstruir en el 2017 la matria/patria que nos queda.
Que sus deseos para el año nuevo se cumplan, en especial si son deseos para el bienestar colectivo.
Ni una mujer muerta violentamente en el 2017.
Ni un joven más asesinado por culpa del tráfico de drogas.
Ni un/a niñx más aterrorizadx ni muertx por el maltrato.
Ni un/a joven más expulsadx de su familia por su orientación sexual o identidad de género.
Ni una persona más sufriendo su vejez en soledad y pobreza.
Ni un hombre más amarrado a la violencia con la que el machismo les cría.
Ni una persona más sintiéndose desamada, discriminada, sola, triste o en pobreza.
Paz. Solidaridad. Amor.
Libertad.

26.8.16

Hablemos de pobreza y PAN

Foto por Jack Delano/ Niñas y niños en Barranquitas
Nota de la autora: Hablemos de pobreza y del PAN. Hay que seguir hablando porque es nos toca como país donde las desigualdades han arrinconado en la pobreza a cientos de miles de personas. Acá mi columna sobre el tema. Comparte, por favor. Necesitamos que la gente entienda de que en estas elecciones este es un tema central y que tenemos que cambiar la manera de pensar el rol del gobierno.

Pensar que la nueva regulación del PAN no afecta a las poblaciones más vulnerables de la Isla sólo es posible si se viviera en una burbuja. La noticia emitida en el día de ayer por el Departamento de la Familia es desoladora para miles de familias de la Isla que dependen del PAN para sostenerse precariamente en un país donde las estadísticas apuntan a un nivel de pobreza que debería alarmarnos a todas.

El verano pasado, el Instituto de la Juventud reveló los resultados de un estudio sobre el estado de bienestar de nuestras niñas, niños y jóvenes. Cerca del 57% vive en pobreza, un 84% vive en zonas de alta pobreza. Su pobreza no es fortuita, es heredada de madres y padres que también la viven y que enfrentan un clima económico en el cual no hay empleos. Más de la mitad de las madres y padres de estas niñas y niños no tienen un empleo seguro.  No lo tienen porque no existen empleos seguros en una Isla donde sólo hay trabajos de temporada, a medio tiempo y con salario mínimo que te dejan en el bolsillo, si acaso, $570 mensuales. ¿Son pobres porque no saben cómo gastar los $8 a $19 que reciben a diario del PAN o de un trabajo precario? ¿Cómo se vive con esa cantidad?

Si miramos la población de edad avanzada, no es un secreto que también en ella existen altas tasas de pobreza que se complica con situaciones de salud que no son efectivamente atendidas por el sistema de salud. Una persona sola, que no pueda trabajar y que no reciba otro apoyo familiar, deberá pagar alquiler, agua, luz, medicamentos y alimentos con lo poco que reciba del PAN. ¿Son nuestras personas viejas pobres porque son vagas y no saben gastar bien los $4.50 diarios del PAN?  

Definamos pobreza correctamente y no según los estereotipos que tanto le gustan a ciertos grupos para lavarse la conciencia. Si bien es cierto que la pobreza en otros países es de la que sólo tiene $1 para pasar el día, la pobreza de nuestra Isla no es menos mala. Pobreza es tener que comprar alimentos de bajo valor nutricional y que te enferman porque no puedes pagar los saludables. Pobreza es también tener que elegir entre comida o medicamentos porque no puedes pagar los dos. Pobreza es pagar la luz un mes y el agua al siguiente porque no tienes con qué pagar y para eso, sacas cada pesito que te sobra del PAN. Pobreza es no poder ir a un hospital porque no tienes cómo o porque no puedes pagar el deducible. Olvídense de carros, ropa y otros gastos. En Puerto Rico hay gente que no puede pensar en eso. Esa misma gente es la que ha caminado la seca y la meca buscando empleos que le niegan o la que montó un puestecito de ventas y tuvo que cerrarlo porque no tenía los recursos para cumplir con todo lo que pide el gobierno. De todo eso se trata la pobreza y también del estigma, del prejuicio y la invisibilidad.

Esa misma invisibilidad es la que nos tiene hoy aquí. Dependiendo de una regulación federal sobre la cual no tenemos ningún poder y viendo al gobierno sin un plan alterno. Negar la pobreza y estigmatizarla es la mejor excusa para no hacer lo que nos toca. ¿Y qué nos toca? Se preguntará usted mientras piensa que la pobreza es un monstruo grande que no puede eliminarse.  Sepa que la pobreza tiene remedio y lo han demostrado modelos de trabajo que apuestan a la educación, el apoderamiento, la inversión social y el desarrollo económico comunitario. Lo han demostrado con resultados y a un costo menor del que tienen las inversiones en megatiendas que crean empleos a tiempo parcial y que pagan con subsidios o empresas de alto nivel que necesitan $200 millones para crear 10 empleos.

La eliminación del efectivo del PAN podría parecer algo lógico si se considera que es una ayuda para alimentos. Sólo que es una lógica fría y despiadada que ignora el contexto en el cual se da.  Nuestro gobierno sabía desde hace más de 10 años que no podía depender exclusivamente del PAN o de ayudas federales para sostener a las miles de familias que viven en pobreza. Lo sabía y no hizo nada. Invirtió en incentivos industriales y corporativos cuyos resultados no han auditado y en contratos nacidos de la corrupción.  Hoy eso lo pagarán cientos de miles de niñas y niños, sus familias y nuestra población envejecida. También lo pagarán los pequeños comercios que no son parte de la red de proveedores de la tarjeta electrónica y veremos toda una cascada de consecuencias que sólo traerá más pobreza.

¿Hasta cuándo nuestra gente que vive en pobreza aguantará? Quienes creemos en la justicia social y económica no podemos quedarnos de brazos cruzados. El gobierno tampoco. La crisis humanitaria que se había predicho ya es una realidad, pero es una realidad que no tenemos que aceptar y que tenemos el deber de cambiar.

Para leer más de lo que he escrito del tema, puedes ver la columna que escribí para 80 Grados en el 2013 y que se llama $11 al día

25.8.16

Los pantalones de Luisa y de Karina




Hace más de un siglo, Luisa Capetillo usó pantalones en público y se convirtió en el centro de ataques de todo tipo. Ataques que tenían como fundamento la noción de que las mujeres debían sujetarse a un código de vestimenta que excluía los pantalones.

Ahora, en pleno Siglo XXI no son los pantalones de Luisa los que causan revuelo, sino los de Karina. Cuando ya dábamos por sentado que el uso de pantalones por las mujeres es cosa normal, una escuela de Comerío nos recordó que en el Departamento de Educación hay un doble discurso al hablar de equidad.  Uno, el que aparece escrito en sus cartas circulares sobre equidad, uniformes y acoso escolar. Otro, el que se construye con actos y no con palabras y que nos habla de juicios morales, discrimen y violencia institucional. ¿Todo eso por unos pantalones? Todo eso y más.

A Karina se le privó de su derecho a la educación por no usar el uniforme aprobado en la escuela. Resulta que en esa escuela el uniforme aprobado para las niñas es el de falda y al reunirse con el Secretario de Educación le dijeron que si desea pantalón, debe usar el uniforme de los varones. Más allá de si a Karina le gustó o no esa opción, el punto importante aquí es el siguiente: ni esa escuela, ni ninguna otra escuela pública de la Isla debería prohibir el uso de pantalones a las niñas y jóvenes. Esa debería ser una opción estándar en todo código de vestimenta escolar.

Las razones son muchas. Tenemos dos cartas circulares del 2015. Una sobre equidad en la educación y otra en la que el propio departamento reconoce que no se debe lacerar la dignidad de una estudiante por no usar el uniforme y que tampoco se le debe privar de su derecho a la educación. ¿Otra razón? ¿A quién se le ocurre prohibir a una joven usar pantalones?


Entonces, apareció Karina y luego otras estudiantes de la misma escuela para repetir lo que Luisa Capetillo tuvo que hacer antes: retar la rigidez y la desigualdad. Retar al sistema educativo que debía existir para liberar seres humanos y no para oprimir. Retarnos a nosotras a hacer más porque hay más, mucho más que hacer. Esto no se trata de los pantalones. Se trata de mucho más, de un sistema que se niega a cambiar, de funcionarias que se creen con derecho a imponerse por encima de políticas públicas y de la incapacidad del Secretario de hacer valer su palabra empeñada hace más de un año a favor de la equidad. Si esto pasa por unos pantalones, ¿qué esperar del Departamento cuando haya que trabajar por lo demás? Por cierto: ¿Cómo vamos con el currículo de equidad y los adiestramientos a educadoras y educadores? Coquí.