6.8.12

Orgullo y Prejuicio

Hoy corrió Javier Culson y en los 48.10 segundos que duró su carrera, todo el país estuvo en vilo, expectante y ansioso.  Las reacciones a su medalla de bronce fueron instantáneas.  Desde el orgullo y el agradecimiento por su esfuerzo y valentía, hasta las torpes expresiones de desilusión de algunas personas que no pueden celebrar la patria y prefieren ver derrotas donde hay victorias.
Hoy se mezclaron el orgullo y el prejuicio.  Algo que vemos correr en carriles paralelos en nuestra cotidianidad y que nos recuerda- cuando lo vemos- que la desigualdad nos sigue privando de la felicidad colectiva.  Ni siquiera Culson queda fuera de esa otra carrera desbocada entre lo que es nuestra realidad y lo que debería ser.  Negro, criado por su madre, de clase trabajadora… en el Puerto Rico que nos ha tocado vivir, es prácticamente un milagro del amor y del sacrificio.  No podemos, sin embargo, caer en la tentación de decir que cualquier niño o niña de nuestro país puede imitarle si lo desea, si lo trabaja y si se sacrifica.  Culson es nuestro milagro de hoy, y los milagros (por más que nos gusten) no ocurren todos los días.
Por cada Culson, miles y miles de niños y niñas de nuestro país van derecho a la pobreza, la violencia y hasta la muerte en una carrera de obstáculos diseñada para que no puedan sobrepasarlos: educación pública pobre, falta de vivienda, servicios de salud ineficientes, pocos recursos recreacionales y culturales, espacios llenos de violencia, segregación social, racismo, clasismo, homofobia y machismo.  Nuestra pobreza no es culpa de las personas pobres.  Nuestra pobreza es culpa de la ceguera, de las gríngolas con las que elegimos correr en nuestros propios carriles sin importarnos lo que pase en los demás.  Nuestra pobreza es culpa de una pista de carreras diseñada con carriles desiguales y separados por el prejuicio.

Culson se merece nuestro amor y nuestro orgullo.  Lo que no se merece es el prejuicio de quienes quieren convertirle en una excusa más para seguir culpabilizando a nuestros hermanos y hermanas puertorriqueñas de su propia pobreza.  Deshonran su victoria con eso.  Le quitan dignidad al resto del país.   
Culson saltó los obstáculos que nuestro país le puso en el medio y ganó por él y por todos y todas nosotras.  En su honor, y para gloria de nuestra patria, ahora deberíamos proponernos eliminar los obstáculos que invaden los carriles del resto de niños, niñas y jóvenes de Puerto Rico.

Nota de hoy sobre el referéndum del 19 de agosto:  Limitar la fianza y votar sí en el referéndum es aplaudir y aprobar el discrimen por raza y clase social que ha enviado a miles de jóvenes negros de nuestro país a una carrera de obstáculos insalvables: pobreza, violencia, muerte.  Culson superó sus obstáculos, pero queremos que todos los demás también lo hagan.  En vez de limitar la fianza, nuestro país debería estar hablando de ampliar la equidad y las oportunidades de desarrollo sano para su juventud.  El 19 de agosto, vota NO-NO.

1 comentario:

  1. Anónimo1:02 a.m.

    …y lo mas curioso que esconde ese prejuicio del que hablas es que corroe a quienes lo manifiestan de envidia, precisamente por ser incapaces de lograr tanto con tan poco…, un talento (o maña) que pareciera estar reservado para los mas “débiles”…

    LiSA

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