7.6.15

Del matrimonio ideal y otras cuestiones LGBT


*Nota de la autora: Esta columna se escribió antes del 26 de junio de 2015, fecha en la cual el Tribunal Supremo de los Estados Unidos favoreció el matrimonio entre personas del mismo sexo.

A pesar de lo que Hollywood, las iglesias, las novelas mexicanas y los anuncios nos dicen, no todo gran amor culmina en un matrimonio ni todas las personas lo necesitan para ser felices.  De hecho, el contrato matrimonial no es de esos contratos que se caracterizan por la equidad para sus partes o por tener un rol emancipador en la vida de quienes contratan.  Pocas personas saben que hasta 1976 casarse implicaba para las mujeres renunciar a su libertad de contratación, movimiento y administración de bienes.  Más aún, al día de hoy todavía escuchamos pastores y pastoras diciendo que las mujeres deben obedecer y seguir al “marido” y vemos cómo los embates de la violencia de género les privan de sus bienes, su salud y hasta de sus vidas.  Como institución patriarcal y heterosexista, el matrimonio no necesariamente es algo con lo cual algunas de nosotras simpaticemos.  Ciertamente, el concepto ha ido cambiando gracias a las luchas por la equidad de género, pero, ¿ya ha cambiado lo suficiente?  ¿Es en sí mismo el matrimonio un instrumento de equidad para las comunidades LGBTT aunque no lo ha sido para las mujeres? Esta pregunta puede resultar molesta en este momento histórico, pero vale la pena hacerla.



Más allá de la discusión legal sobre el tema del matrimonio igualitario, que ya ha sido magistralmente recogida en un artículo de revista jurídica deGabriel Laborde, me parece importante mirar otros aspectos del matrimonio y de la lucha por la equidad para las comunidades LGBTT.  Pensemos en cómo nuestra sociedad ve el matrimonio, qué imágenes acompañan la palabra, cómo se enlaza al tema de composición familiar y cómo algunos sectores dependen del matrimonio para su subsistencia.  Pensemos además en el valor heteropatriarcal que representa y en lo que implica para la equidad de las comunidades LGBTT.



En Puerto Rico, más del 55% de las familias están constituidas fuera del vínculo matrimonial.  Contrario a lo que podría pensarse, esto no es un fenómeno reciente, sino un dato consistente en los censos de las pasadas décadas.  Particularmente, los sectores más empobrecidos tienen una marcada tendencia a no casarse, en gran medida porque la pobreza no invita a compartirse.  Esto nos recuerda que el origen de la institución legal del matrimonio, más que divino, es económico por más que nos lo adornen con flores, azúcar y promesas de amor eterno.  De hecho, muchos de los argumentos a favor del matrimonio igualitario giran en torno a asuntos económicos tales como la posesión de bienes, herencias, seguros de salud y contribuciones, entre otros.  Por supuesto, hay otros asuntos de índole amorosa, social y humanitaria que pesan para algunxs de nosotrxs más que lo económico: derecho a participar en decisiones sobre salud, compartir hogar en la vejez, acompañar en la enfermedad, tener hijxs y, sobre todo, que se nos reconozca a todas y todos el mismo derecho a cometer matrimonio que tienen las personas heterosexuales. (Lo de cometer no es un error)



Si lo miramos desde una perspectiva de derechos humanos para las comunidades LGBTT, es inevitable reconocer que el acceso al matrimonio es uno de muchos asuntos a tratar a la hora de establecer una agenda de lucha por la equidad.  Tal y como las mujeres siguen luchando para el reconocimiento de sus derechos, las comunidades LGBTT deberán seguir luchando por los suyos.  Las poblaciones tradicionalmente marginalizadas por nuestro sistema social, tienen agendas de lucha larguísimas que requerirán años (¡y generaciones!) de lucha.



En menos de un mes, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos emitirá sudecisión sobre el matrimonio igualitario.  Creo que no exagero si digo que prácticamente todxs lxs activistas LGBTT estamos cruzando dedos para que sea una decisión favorable y derrumbe de una vez por todas las fronteras de la desigualdad que impera en ese tema a nivel de los Estados Unidos y, en consecuencia, en nuestra amada colonia patria.  Queremos celebrar el acceso a ese derecho y seguramente acompañaremos a gente muy querida a sus bodas.  Eso no quiere decir que estemos ajenxs a las discusiones obligatorias en torno al tema.



Retomando el tema de la equidad dentro del matrimonio, es importante que nos miremos como comunidades LGBTT.  Ser LGBTT no te convierte de inmediato en una persona consciente de las inequidades de género o te libera del machismo que se nos inculca a través de instituciones sociales como las iglesias, la escuela y otros espacios de formación.  Aunque algunas personas piensen que el convivir con una pareja de su mismo sexo les evita bregar con la desigualdad de género y hace más llevadera la vida en común, lo cierto es que hombres y mujeres podemos seguir atribuyendo carga negativa o positiva, superior o inferior a diversas cualidades en virtud del pensamiento machista.  Es así como entre hombres gays aún podemos ver algún tipo de desprecio por otros hombres cuando perciben en ellos cualidades que consideran “femeninas”.  También podemos ver cómo se menosprecia a las trans o cómo se ve a las lesbianas como una categoría inferior en el mundo LGBTT solamente porque son mujeres.  Las lesbianas pueden operar desde premisas parecidas.  Si aceptamos que esto pasa, debemos aceptar también la posibilidad real de que la desigualdad, e incluso la violencia, se manifiesten dentro de los matrimonios LGBTT tal y como ya lo hacen al interior de las parejas consensuales.



La existencia de la equidad dentro de una relación de pareja no depende del estado civil.  Depende del amor y del esfuerzo de ambas personas para vivir libres de estereotipos, prejuicios y juegos de poder y control. ¿Estamos listxs para manejar como comunidades el tema de la equidad en las relaciones o simplemente replicaremos modelos heterosexistas? ¿Cómo serán nuestros divorcios?



Los ataques más comunes a las comunidades LGBTT se dirigen a nuestra calidad moral.  Se alega que somos personas promiscuas y poco dadas a la vida familiar.  Esto nos remite al ideario heterosexista y patriarcal que privilegia la familia compuesta por hombre y mujer con hijxs como la base de una sociedad productiva.  Acceder al derecho al matrimonio podría ser una respuesta a esos ataques.  Después de todo, miles de personas LGBTT viven en largas relaciones de pareja y también constituyen familias con sus hijxs.  Sin embargo, ¿qué nos hace pensar que la familia, definida a partir del matrimonio o los conceptos hetersosexistas, es un estado moral o social superior al de otros tipos de relaciones?  ¿Podría ser que algunas personas LGBTT aspiren a replicar un modelo heterosexista que además tiene un sesgo de clase?



La dignidad de una persona no debe estar sujeta a juicios morales estereotipados o a la expectativa de que viva o se ajuste a un tipo de relación de pareja en particular.  Vivir en equidad es tener derecho a elegir libremente cómo y con quién nos relacionamos sexual y afectivamente ya sea por toda una vida o sólo por una noche. ¿Estamos dispuestxs a defender la dignidad de toda persona LGBTT independientemente de lo que elija para su vida? ¿Aún la dignidad de quienes ejercen trabajos sexuales?



Al día de hoy, cuando una pareja LGBTT se besa en público, explotan las redes sociales.  Nos critican los fundamentalistas, ok.  ¡Pero también gente de las propias comunidades LGBTT!  A pesar de la euforia con el tema del matrimonio igualitario, aún tenemos compañerxs que piensan que las expresiones de amor LGBTT deben hacerse en privado y que no necesariamente lxs niñxs deben ser expuestxs a las mismas.  Ni qué se diga de cómo se critican vídeos o fotos de nuestras comunidades a pesar de que se tolere la misma conducta en personas heterosexuales. Los fundamentalistas al menos, criticarían a todo el mundo porque parten del terror al cuerpo y al sexo.  Pero el resto de la gente, heterosexual y LGBTT, lo que hacen es manifestar su homofobia. (Sí. La gente LGBTT también puede ser homofóbica. Pregunten a algunos legisladores que se dedican a entorpecer nuestros proyectos de ley desde sus clósets.)



Vencer toda expresión de homofobia, aún la internalizada, debe ser una prioridad para que vivamos el amor en libertad.  ¿Estamos dispuestxs a hacer frente a la homofobia aun cuando no sea dirigida a nosotrxs en carácter personal?  ¿O callaremos y otorgaremos cuando se juzgue con la vara de la moralina a otras a personas LGBTT? ¿Subsana el matrimonio igualitario la homofobia?


Ya llegarán las bodas para nuestras comunidades.  Si no ahora, en muy poco tiempo.  De eso estoy segura.  Y yo me alegraré con la alegría de las personas que amo y que ven en el matrimonio algo más que un trámite legal y económico.  También me seguiré preocupando por las demás inequidades que aún nos quitan calidad de vida y libertad.  Imagino que algunas personas tendrán que pensar a quiénes incluyen en sus listas de invitadxs porque sus familias no entienden que la orientación sexual y la identidad de género no se eligen, se viven.  Sabré de otra gente cuya pobreza le seguirá negando el acceso a un matrimonio.  Y también de otrxs que, como yo, prefieren amar sin lazos legales.  Lo que espero es que las alegrías de unxs, no se conviertan en el abandono de otrxs.  También que todas y todos tengamos claro, muy claro, que aún no nos acompaña la equidad. ¡Que el amor vaya más allá de nuestros hogares y se solidarice con todas las comunidades LGBTT! 

Columna publicada originalmente en el Dossier LGBTT de 80 Grados en verano 2015

9.5.15

La amarga melancolía del amar y no ser


16 de mayo*



Hoy fuimos poesía.



 Caminamos por años las rutas del trabajo

 con la mirada puesta en la equidad

 sabiendo que la merecemos

 que es nuestro derecho

 y que no la podemos renunciar.



 Hoy fuimos poesía.



 Poesía que convocó y que respondió.



 Hoy fuimos poesía.



 Poesía escrita con el empeño

 con los pasos acompasados de los grupos de amores por los pasillos de la ley

 con las sonrisas cómplices

 con las risas que nos consuelan ante la balbuceante estupidez de quienes quieren justificar su homofobia

 con las miradas preocupadas buscando reafirmar que todo estará bien

 con la ira a flor de piel mientras insultan nuestra dignidad

 con el corazón volando entre tanta gente querida

 con el dolor acallado en la garganta ante la mirada desconcertada de los jóvenes que sufren las palabras de desprecio.



Hoy fuimos poesía.



 Poesía en abrazos

 en el grito de EQUIDAD

 en los besos de alegría

 y en la inconformidad latente.



 Hoy fuimos poesía.



 Poesía fuerte y valiente.

 Poesía solidaria.

 Poesía amorosa.



 Hoy fuimos poesía escrita en ritmo de victoria y de esperanza.



 Hoy fuimos poesía y versos que aún se están escribiendo

 para nuestra historia y para la eternidad.



Todavía recuerdo claramente el día 16 de mayo de 2013.  Ser parte del Comité Amplio para la Búsqueda de Equidad (CABE) y llegar al amanecer al Capitolio para garantizar los votos necesarios para el Proyecto del Senado 238 que en su versión original pretendía prohibir el discrimen por orientación sexual o identidad de género real o percibida en múltiples espacios públicos y privados. Ese día se logró su aprobación en el Senado de Puerto Rico y tuve que hacer un esfuerzo grande para manejar la ira y abrazar la esperanza ante el primer golpe que recibió el proyecto de ley debido a una petición de la senadora Rossana López.  Ese día se eliminó del mismo la parte de “real o percibida” y se excluyó de la protección del proyecto a personas LGBTT que no quieren revelar su orientación sexual o a heterosexuales que pudieran ser discriminadxs por ser percibidxs como parte de las comunidades LGBTT.



También recuerdo los días subsiguientes.  El trabajo intenso de CABE y de otros grupos LGBTT.  Las olas de apoyo solidario de camino a la Cámara de Representantes contrastando con las puertas cerradas de los representantes que se negaban a recibirnos para hablar de ese proyecto y del Proyecto de la Cámara 488 para enmendar la Ley 54 de Violencia Doméstica y proteger personas LGBTT.  Recuerdo también, perfectamente, las palabras de los que nos recibieron y nos dieron excusas para no apoyar la equidad.  Recuerdo la arrogancia de alguno que otro que sintió que nos tocaba mendigar derechos.  Recuerdo la cobardía de quienes admitieron que teníamos la razón pero que querían los votos de las iglesias de sus distritos.



Recuerdo- y sé que esas imágenes me acompañarán el resto de la vida- las reuniones improvisadas en los pasillos del hemiciclo de la Cámara para medir los daños que a cada minuto se acumulaban sobre el PS238 original, los esfuerzos para mantener la calma del grupo, la furia contenida cada vez que un representante se abrogaba el derecho de imponernos su ideología religiosa, ver el dolor de lxs jóvenes que estaban con nosotrxs y que entendían perfectamente los insultos a su dignidad humana.  Recuerdo el amor.  Recuerdo la combatividad. Recuerdo las risas.  Recuerdo el baile de YMCA en las gradas, el negarnos a ponernos de pie cuando se hicieron oraciones desde la vicepresidencia de la Cámara, el gritarle a la representante Charbonier que se fuera de la Cámara si, como ella decía, era incapaz de estar allí sin que se legislara con su dios.



Recuerdo el heroísmo de nuestra gente y de representantes y senadorxs que dieron la batalla por la equidad aun ante la amenaza de supuestos costos políticos. 



Recuerdo la imagen vibrante y poética de los gritos de “¡Equidad!” cuando se aprobaron ambos proyectos y los grupos fundamentalistas abandonaron las gradas del hemiciclo perseguidos por una multitud arcoíris que se sabía victoriosa a pesar de todo.



Recuerdo, que aun estando en Fortaleza para la firma de ambos proyectos no me abandonó una amarga melancolía del amar y no ser.  Porque la melancolía puede convivir con la esperanza y aún con la alegría.  Así de infinitos son los corazones humanos.  Cuando hablo del amar y no ser, me refiero a un estado de conciencia en el cual se sabe que se ama al prójimo, se ama la vida, se ama a nuestra pareja y a nuestras familias y aun así, no logramos ser ese ser humano pleno que tenemos derecho a ser por las barreras del prejuicio y las desigualdades.  Es saber que el amor no nos protegerá de algún evento violento a manos de una persona homofóbica

ni tendrá el poder de abrazar a alguna joven lesbiana que piense en quitarse la vida luego de ser golpeada o rechazada por su madre, amparar a una trans que siente que nació para ser esclava de la pobreza o un viejo gay que llora solo en un asilo la separación de su compañero de vida porque no les permiten compartir el cuarto.



A dos años de ese momento histórico, la agenda de equidad para las comunidades LGBTT sigue viva, esperanzadora, caminando sin tregua hacia el futuro.  Pero también, aquella amarga melancolía del amar y no ser me acompaña y va agarradita de la mano con la eterna esperanza, la alegría y una felicidad que fluye de momento en momento porque sabe que no tiene derecho a ser absoluta hasta que la agenda se complete.



Muchas cosas han cambiado en estos dos años.  CABE ha crecido.  Ha madurado como colectivo y abrazó una agenda amplia de equidad desde una conciencia clara de que la equidad es algo más que prohibir el discrimen en el empleo o tener derecho a contraer matrimonio.  Una agenda de equidad es una agenda de derechos humanos y es una agenda política que reconoce los distintos niveles de vulnerabilidad al interior de las comunidades LGBTT y también las intersecciones de las opresiones.



Quizás en este momento haya temas que ocupen los espacios de discusión pública con mayor protagonismo.  El matrimonio igualitario es uno de esos temas.  También el de adopción y aún el de perspectiva de género.  Pero lo cierto es que hay decenas, sino cientos, de temas que aún requieren ser atendidos.  No todas las personas LGBTT desean casarse o adoptar niñxs.  Y ni el matrimonio ni la adopción nos garantizan respeto, paz y dignidad en los demás espacios sociales.  Así que ambas luchas, aunque necesarias y urgentes, no son las únicas que tenemos que atender.  Haciendo y caminando, seguimos llevando en el corazón la certeza de que el trabajo no se acaba hasta que la persona LGBTT más vulnerable ante las inequidades vea garantizados sus derechos.



Si miramos nuestros derechos humanos desde una perspectiva holística y de género, sabemos dos cosas.  La primera es que no podemos fragmentar las aspiraciones, sueños, preocupaciones y vivencias de una persona.  Una persona es un entramado complejo de identidades que le llevan a pensar, sentir y actuar desde espacios de todo tipo: emocional, espiritual, mental, físico, familiar, comunitario, económico, de clase, raza y mucho más.  La segunda cosa que sabemos es que el género, y la manera en que se construye socialmente, es un espacio idóneo para levantar las más terribles exclusiones y prejuicios en contra de las comunidades LGBTT por el mero hecho de no responder al concepto binario de “masculino” versus “femenino” que se presenta como “normal”.  Esas mismas construcciones nos retan al interior de nuestras comunidades porque la misoginia, el clasismo y otros prejuicios nos acompañan y se manifiestan aún dentro de nuestros propios espacio.  Ser gay no te quita automáticamente lo misógino y tampoco ser lesbiana.  Ser trans no te quita el pensamiento fundamentalista que te condena a ti y al resto de las personas LGBTT.  Ser bisexual no te quita los prejuicios de clase contra otra gente gay.  En ese sentido, no nos queda más remedio que apostar a la perspectiva de género como una herramienta de análisis que allane el camino a la equidad.



Sabemos muchas otras cosas cuando miramos con atención a otros seres humanos y nos comprometemos con la equidad.  En marzo pasado, defensorxs de derechos humanos de nuestra Isla lograron comparecer ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en una audiencia para la cual se trabajó por mucho tiempo.  Aunque se presentó el estado de los derechos humanos de diversos grupos en Puerto Rico, destacaré aquí (por razones obvias) la importancia del informe sobre comunidades LGBTT preparado por estudiantes de la Clínica de Discrimen por Orientación Sexual e Identidad de Género de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico.  



Tras un arduo trabajo de investigación y entrevistas, el informe sobre el estado de nuestros derechos humanos logró exponer distintas áreas de nuestras vidas como personas LGBTT.  Destacaron temas de acceso a servicios de salud, vivienda, educación y trabajo.  También el tema del discrimen y cómo las personas LGBTT pueden ser privadas de cosas tan básicas como el derecho fundamental al matrimonio o a formar una familia.  Otro tema fundamental fue el de la vulnerabilidad a la violencia, algo que ha ocupado primeras planas por el nivel de homofobia que destilan los crímenes que se han cometido contra personas LBGTT.



¿Tenemos una agenda LGBTT?  Líderes fundamentalistas se pasan hablando de esa agenda.  Sólo que mienten sobre ella.  Nuestra agenda no pretende dominar el mundo ni cambiar la orientación sexual de otras personas.  Nuestra agenda tampoco incluye robarse la niñez ni destruir matrimonios ajenos. 



La agenda LGBTT, la que CABE abraza, es una agenda de equidad que mira desde el amor y el compromiso al resto de las comunidades LGBTT y se pregunta qué hay que hacer (y lo hace) para garantizar la vida, dignidad, desarrollo y felicidad de todxs.  Suena idealista, pero no lo es.  Esta es la generación a cargo de cambiar la historia.  Desde las comunidades LGBTT y desde la sociedad civil representada por todo tipo de persona que sin importar sus creencias religiosas o políticas sabe que la equidad para nosotras es lo justo y es lo necesario.  A fin de cuentas es la única manera de quitarse de encima la amarga melancolía del amar y no ser.





* Poema escrito en la noche del 16 de mayo de 2013- ©Amárilis Pagán Jiménez

Esta columna fue parte del Dossier LGBTT de 80 Grados en el verano de 2015.

24.4.15

Amor y Perversión


No es posible amar y, a la misma vez, elaborar todo un catálogo de justificaciones para discriminar.  No se puede hablar de bondad y escatimar derechos humanos a otras personas. No se puede prometer cielos y construir infiernos en la tierra con palabras, acciones, pensamientos y omisiones que cuestan vidas.  Este momento histórico nos requiere saber distinguir el amor al prójimo de los juicios morales que se construyen por minorías que insisten en detener la evolución social y humana de nuestro país.

Estamos a meses de que un tribunal federal decida el futuro del Artículo 68 de nuestro Código Civil.  Será un tribunal extranjero el que finalmente diga si en Puerto Rico las parejas del mismo sexo podrán contraer matrimonio.  Y a nosotras nos tocará acá ser testigos del momento y responder a él. Sabiendo que lo más importante no es la celebración de una boda en particular, sino el potencial de decidir si queremos contraer matrimonio o no y el reconocimiento de la humanidad de las personas LGBTT.

En medio de estos trámites, nuestro Secretario de Justicia, César Miranda, se expresó en representación de nuestro gobierno y dejó de defender el Artículo 68 en litigio. Las reacciones no se hicieron esperar.  Mientras el momento reclama amor, grupos cada vez más exiguos se empeñan en hablar de perversión y en atacar a las comunidades LGBTT.  Y de perversión hay que hablar.  Pero no como algo inherente a personas LGBTT sino como un estado mental prejuiciado que corrompe cualquier posibilidad de amor y la transforma en repulsión, terror y aversión hacia nuestras comunidades.  Quien objeta la equidad corrompe desde sus paradigmas de homofobia el verdadero amor al prójimo.

 
Mientras el tribunal federal decide sobre el matrimonio igualitario, acá otro tribunal deberá resolver una petición de Mandamus de un grupo de legisladores apoyado abiertamente por un sacerdote católico que, como abogado de ellos, compareció a una vista del tribunal con su hábito y ofreció su parroquia para que las partes se reúnan.  En esa misma vista, unas dos filas de bancos del lado derecho de la sala estuvieron ocupadas por integrantes de iglesias fundamentalistas que de manera consistente han predicado desigualdad y discrimen. ¿Litigan solos los legisladores demandantes? ¿Y para quién lo hacen?

 
El amor que une a dos personas independientemente de su sexo, es eso: amor. Pero las acciones que buscan perseguir, condenar y discriminar a quienes así se aman, es pura y terrible perversión.

10.3.15

Esa catástrofe llamada equidad

[Publicada el 10 de marzo en El Nuevo Día]

Si usted dice que cree en la equidad, pero luego añade que sólo “si es entre hombre y mujer”, usted realmente está tratando de hacer una de dos cosas: lavarle la cara a un discurso de desigualdad que ya no es políticamente correcto o tratar de tranquilizar su conciencia.  Ambas cosas se derivan de una misma verdad: Usted no cree en la equidad. Por supuesto, tal vez usted no se había dado cuenta de que la equidad es otra cosa.

 

La equidad es un valor amplio que abraza a todas las personas. No discrimina o condiciona el reconocimiento de la dignidad humana a criterios religiosos, de género, orientación sexual, identidad de género, raza, edad, clase social, diversidad funcional, nacionalidad u origen.  Cuando hablamos de equidad, hablamos también de respeto.  De un respeto que va más allá de la palabra rimbombante para convertirse en acción solidaria y amorosa.  La equidad no es susceptible de ser secuestrada en aras de adelantar agendas discriminatorias.

 

En el marco del Día Internacional de las Mujeres, es necesario que hablemos de equidad y que hablemos de perspectiva de género. Ninguno de estos conceptos es catastrófico a pesar de que se ha querido decir al país que seremos destruidos por una conspiración mundial gay y feminista.  La verdad es que el país ya fue destruido y vive sobre las ruinas de siglos de discriminación y exclusión violenta.  Hasta ahora la educación, la religión y la propia cultura sirvieron para ejecutar agendas de opresión y sembrar pensamientos discriminatorios aún en el interior de quienes son víctimas de las desigualdades.  No es de extrañar que la posibilidad de utilizar la educación como instrumento de liberación cause tanto revuelo.

 

¿Existe una agenda feminista? ¿Existe una agenda gay? Existen.  Sí.  Por momentos se intersectan.  Por momentos se alejan.  Lo mismo pasa con las agendas de otros grupos que han vivido la opresión y no se resignan a ella.  Seguramente si usted trata de encontrar algo en común en esas agendas, encontrará en todas una aspiración de equidad.  No una aspiración de supremacía, de control o de lucro.  Esas otras aspiraciones son más propias de grupos que no vacilan a la hora de mentir o manipular para lograr sus propósitos.

 

Para honrar y conmemorar las luchas de todas las mujeres, este año hay que hablar de la perspectiva de género desde la transparencia.  Sin temores.  Al hablar de todas las mujeres, también hablamos de las lesbianas, bisexuales y trans. ¿Esconderlas para evitar ataques fundamentalistas? No.  Como no se deben esconder otras mujeres que merecen ser vistas y atendidas desde sus diversidades.  La equidad no es una catástrofe.  La catástrofe perpetua es la ignorancia, el afán de estirar más allá de lo racional el reclamo del derecho a discriminar, privar de paz y justicia al resto de la sociedad. 

29.1.15

Con el diablo en el cuerpo

Publicada en El Nuevo Día
29 de enero de 2015

“Hoy tengo el diablo en el cuerpo”, cantaba la Lupe hace décadas.  Pero ese mismo diablo parece haber estado visitando a las mujeres desde el origen de la humanidad.  Sin él, no habría raza humana.  ¿Parece un chiste de mal gusto?  Lo es.  Pero lo peor es que en pleno Siglo XXI el tema del cuerpo y sexualidad de las mujeres siempre termina siendo discutido en un pantano religioso y “moral” sin sentido. 

 Las mujeres han sido las madres del pecado original, las impuras, las propensas a posesiones demoniacas, las que tientan a los hombres y las que deben ser controladas a toda costa para proteger a la humanidad.  Y es ese pensamiento primitivo el que aún se manifiesta en leyes, políticas públicas y expresiones que se gestan desde sectores conservadores como el partido republicano, los falsos demócratas que militan en el PPD y el PNP y grupos religiosos fundamentalistas que insisten en imponer su interpretación bíblica de la moral al resto del país.

 La demonización de las mujeres y nuestros cuerpos tiene consecuencias graves.  Implica, en primer lugar, ubicarnos en una situación de inferioridad moral que justifica la violencia que recibimos.  De ahí surgen las críticas en contra de las víctimas de violencia de género y la justificación de sus agresores. Nos violan porque provocamos, nos asesinan porque desobedecemos y nos discriminan porque no nos ajustamos a determinadas expectativas de comportamiento.

Implica, además, negarnos control de nuestros cuerpos.  Somos brutas u oportunistas si quedamos embarazadas pero se nos niega el acceso a educación sexual, los planes médicos no cubren anticonceptivos y se crea la falsa impresión de que el aborto es ilegal en la isla. Todo esto gracias a las acciones de grupos que se esconden tras sus biblias para intervenir en los cuerpos y creencias ajenas.

Y ahora, pues, qué decir.  Hasta en la Policía parece haber mujeres con el diablo en el cuerpo. (Espero que quede claro que estoy siendo sarcástica) Ni una piedra de las lanzadas en la lapidación mediática de la mujer que se retrató, ha tocado a quien publicó las fotos en un evidente acto de “revenge porn”. La moral hipócrita que puede apoderarse de las redes sociales ha actuado de la misma manera que las lapidaciones en países islámicos. Lapidan a la mujer, dejan impune al agresor o cómplice si es hombre. Es la mujer- ni siquiera ese diablo- quien siempre las paga. El aborto es legal en Puerto Rico. Publicar fotos de mujeres desnudas sin su autorización, no lo es.  A veces parece que es al revés. Quizás ya es hora de quitarle la máscara a la hipocresía y hacer un poco de introspección.

25.11.14

Nada de pena

(En conmemoración del Día Internacional de No Más Violencia Hacia las Mujeres)

Publicada originalmente en El Nuevo Día
22 de noviembre de 2014

Cada vez que me enfrento a un evento de violencia de esos que arrasan con la vida de las mujeres, me pregunto cómo hemos sobrevivido a la humanidad.  Por siglos, y de manera consistente, a las mujeres se nos han negado derechos humanos fundamentales: a educarnos, a decidir sobre nuestros cuerpos, a trabajar, a ser dueñas de bienes, a liderar, a ser parte de los círculos de poder que deciden sobre nosotras y sobre el resto del planeta. Sin embargo, esa pregunta siempre encuentra una contestación cuando miro a mi alrededor y veo las maravillosas guerreras amorosas y valientes que rodean mi vida de tantas maneras.

Son guerreras que no se rinden a pesar de vivir en un sistema que sigue oprimiéndolas y que me han dado lecciones que ya son parte de mi forma de ver la vida y de actuar.  Desde ellas y con ellas tenemos muy clara lo que es la propuesta de Matria para un país en el cual dejemos en el pasado la violencia de género.  Quizás la lección más importante de todas es que a pesar de la diversidad de circunstancias y realidades de las mujeres, todas, aún sin reconocerlo, hemos sido objeto de algún tipo de violencia por el mero hecho de ser mujeres. Así que nuestra propuesta de equidad y paz, tiene como primer paso el hacer visibles esas formas de violencia, ampliar el discurso, ir má allá del tema de violencia doméstica y reconocer que hay estereotipos que nos hacen daño, ideas sobre las mujeres que degradan nuestras capacidades, expectativas sociales que nos imponen decisiones y nos quitan oportunidades para el desarrollo y expresiones culturales que sancionan la violencia hacia nosotras.  Ver las manifestaciones de violencia y reconocerlas, trae como segundo paso el tomar conciencia sobre su origen: la desigualdad.

Si la desigualdad es el origen de la violencia hacia las mujeres, impulsar la equidad es la única respuesta aceptable para nosotras.  Ya en este momento se nos hace muy difícil tolerar respuestas a medias o soluciones para las crisis.  Ya nuestra Isla debe plantearse pasar de la pena cada vez que una noticia sobre feminicidios les abofetea desde una periódico, a las acciones que detengan la violencia.

Hay cuatro áreas que ameritan acciones urgentes y valientes desde el gobierno y desde la sociedad: educación, desarrollo económico, salud y participación política. En un estudio del Foro Económico Mundial, se descubrió que los países que han logrado un mayor avance en la equidad y derechos de las mujeres, son aquellos que han trabajado dando prioridad al acceso de las mujeres a esas áreas de desarrollo. ¿Podemos decir que en Puerto Rico se ha trabajado para nuestra equidad? Aún honrando el trabajo hecho por otras compañeras, hay que reconocer que nos queda bastante tarea pendiente. Tarea para nosotras en la sociedad civil y tarea para el gobierno.  También tarea para las empresas, grupos políticos, uniones y comunidades laicas y religiosas.  Todas nuestras instituciones tienen que comprometerse para una trabajo que supere el discurso tradicional del "ay bendito" y se mueva al "vamos a hacer algo".

Hacer implica mucho en este contexto.  Implica mirar datos y estudios, identificar prácticas efectivas, escuchar las voces de las mujeres, hacer planes concretos, asignar presupuesto, asumir discursos coherentes y respaldarlos con acciones, ser consistentes y sobre todo, ser honestas y honestos con el país. De pena en pena nos siguen matando y nos siguen dejando al margen de nuestros derechos humanos. Nada de pena. Lo que necesitamos es equidad y de eso se trata este Día Internacional de No Más Violencia Hacia las Mujeres.

20.6.14

Maite, Lisa y un peso en el bolsillo




 

Busque cada cual en su bolsillo. Algunos tendrán al menos $20 y otrxs se tocarán y recordarán que están sin un peso.  Más allá de ustedes, y de mí, miles de personas de nuestra Isla que ni siquiera sueñan con poner un dedo en una tablet o celular no sólo no tienen el peso, sino que tienen en su cabeza la angustia de no saber cómo lo conseguirán. ¿Qué le puede importar a esta gente lo que pase con estas dos mujeres lesbianas?

 

Sin embargo, esta semana los medios de comunicación, ¡y el gobierno!, fueron muy eficientes en su estrategia para segregarnos como movimientos sociales.  Mientras las comunidades LGBTT y aliadas se preocupaban por el beso de Lisa M y su oportunismo mediático, la Legislatura fusionaba agencias de gobierno.  Mientras faranduleaban con Maite Oronoz y la realeza criolla, se afianzaba el poder de esta clase con nuevos préstamos gubernamentales para hacer negocios estúpidamente y seguir empobreciendo al país.  Tuvimos la versión moderna del baile, botella y baraja con una combinación de besos, memorias tiernas de viajes familiares y moralismo morboso.

 

Esta es sólo una breve columna por lo que no tengo el espacio o el tiempo para analizar en profundidad la complejidad de lo que vivimos en estos días, pero no quería dejar pasar la oportunidad para, al menos, provocar una reflexión que sirva de algo en las próximas semanas.  Porque créanme, luego de Maite y Lisa habrá que tocarse el bolsillo y también el corazón.

 

Miremos a Maite (sí, así, con familiaridad, como en una revista HOLA).  Contrario a las estrategias utilizadas por el presidente Obama para diversificar la judicatura federal, en Puerto Rico el gobernador García Padilla designó a nuestro Tribunal Supremo -sin consulta ni diálogo-  a una mujer de la alta clase social y política de nuestra Isla que resultó ser, casualidad y oportunidad, lesbiana. Ya imaginarán cómo ese elemento polarizó la discusión pública. El liderato fundamentalista religioso se lanzó de inmediato al ruedo a atacar a la nominada por su orientación sexual y al liderato LGBTT no le quedó más remedio que lanzarse a exigir que fuera evaluada con transparencia y al margen de su orientación sexual.  Inclusive, la prensa se encargó de convertir su orientación sexual en una primera plana.  ¿Sus atributos para el puesto? Quedaron al margen del proceso y de las ponencias presentadas en las vistas de confirmación.

 

Letras y dedos se pusieron en las redes sociales al servicio de este evento.  Hubo gente que la criticó, gente que sospechó de ella y su clasismo, gente que se ilusionó y gente que vio el momento histórico. A mí me pareció importante el nombramiento de una mujer lesbiana al Supremo y más aún el hecho de que tiene la posibilidad de ser confirmada.  Sin embargo, tengo un sabor agridulce tal vez más agrio que dulce.  ¿Por qué?  Tengo muchas preguntas en mi cabeza.  Les comparto algunas.

 

Por ejemplo, ¿será confirmada como persona LGBTT y con la intención de traer diversidad al foro judicial o será que su clase le perdona esa falta en aras de garantizarse dentro del Supremo a una de su estirpe? Para mí fue significativo su silencio en cuanto a su compañera durante su ponencia. ¿Algún acuerdo con senadorxs conservadorxs para garantizar sus votos?  Me pregunto también, esta vez con morbosidad, qué mecanismos se activaron para lograr llenar la sala de la vistas con el grupo responsable del estado de pobreza y desigualdad que ha destruido a nuestra Isla.  Y no sólo llenaron el salón, sino que además casi parecieron los adalides de la justicia social y de la equidad.  ¿Tendremos en el pueblo memoria tan corta?  Espero que no porque ya hoy Hernández Denton y Andreu (sus primeros deponentes a favor) son abogados de Doral Bank contra el gobierno de Puerto Rico.  ¿Llegará este caso ante su Maite-niña-familia?  Por lo pronto, si con 38 años Maite es confirmada, admito que me da algo de pena. ¿Imaginan vivir sus próximos 32 años pagando el favor y transitando por los pasillos rígidos de ese tribunal?

 

Y Lisa... Esa Lisa que de momento ha sido una tendencia destacada en redes.  Imagino que también la veremos en TV Guía (¿existe eso todavía?).  Un beso bien o mal dado puede hacer esas cosas.  Lo que también puede hacer, e hizo, fue borrar del panorama lo que debió ser la discusión real de cara a un evento que nos confronta con la posibilidad de que en la Isla se discrimine en establecimientos públicos contra personas de las comunidades LGBTT.  Porque al margen de Lisa M y la tal Margarita, quienes trabajamos por la equidad sabemos que en Puerto Rico sí se discrimina en espacios públicos y sí existen incidentes en los que se saca de locales o se les daña el paseo a personas LGBTT que se besan.  ¿Por qué a pesar de eso hay gente nuestra que elige no actuar sobre el discrimen? ¿Por qué hay tanta gente eligiendo el chisme, el moralismo y enfocarse en dos mujeres que no representan al resto de la comunidad LGBTT? De paso un saludito a lxs representantes hipócritas que dañaron el proyecto antidiscrimen (PS238) para convertirlo en la Ley 22 del 2013 sin protección legal explícita para estos casos.

 

Luego viene el peso.  La cara de Washington en un papel que domina la vida de mucha gente.  Tener o no tener un peso en el bolsillo hace una gran diferencia en una sociedad capitalista.  Hace una diferencia tan grande que te hace digna de ser nominada al Tribunal Supremo o te hace indigna del respeto popular aún cundo ambas mujeres tengan la misma orientación sexual.  Un peso también puede relacionarse con la casta y raza a la cual perteneces y es la llave que te abre las puertas a los cuartos en los que todxs se conocen y todxs deciden el rumbo del país en nombre de una aparente democracia que se sostiene desde la ilusión eleccionaria de quienes tienen cupones en vez de pesos en los bolsillos.  Claro, si tu peso es blanco, mucho mejor. Así si te falta, tu historia familiar te da la llave de repuesto.

 

Mientras Maite (apropiada, apoyada y acunada por sus pares) fue presentada al país con una escolta de ilustrísimo linaje y anécdotas de infancia, Lisa se presenta a sí misma (hasta se graba) desde un incidente nebuloso en el cual parece ser la víctima y a la vez la ofensora.  ¿O será que ella no deja de ser la víctima porque nadie le perdona su lesbianismo de calle y sin linaje? Pero, y pregunto de nuevo, ¿cuántas varas hay en este país? ¿Sólo la de casta y clase?  ¿Tal vez la de orientación sexual? ¿Raza? ¿Nivel educativo? ¿Marco profesional? ¿Religión intransigente? ¿Moralismo hipócrita?

 

De ninguna de ellas dos sé demasiado.  Creo que tal vez no quiera saber más.  Pero sé lo suficiente como para darme cuenta de cuán malamente hemos resbalado como sociedad cuando sus situaciones de vida se convirtieron en noticias.  A ninguna de las dos pudimos observarlas desde un contexto que considerara el bienestar del país más allá de un evento personal afortunado o desafortunado.  A las dos les impactó, para bien o para mal, cargar unas cuantas marcas de clase, sexo, género y orientación sexual.  Creo que Maite ganó y Lisa perdió. Por un peso de diferencia o tal vez por millones.  Maite pudo haber ganado más si la discusión se hubiera concentrado más en sus méritos y menos en el despliegue de apoyo de la realeza criolla.  Lisa hubiera perdido menos si se hubiera dejado de lado el moralismo simplón (“¿se grajeó? ¿ella provocó por búsqueda de prensa?”) y se hubiera mirado de frente la lesbofobia estructural. Con ninguna se habló del discrimen ni de cómo enfrentarlo socialmente.  Tampoco se habló de desigualdad y de cómo estas cosas la perpetúan.

 

Y el resto del país, mientras, ve el mundial, opina de Maite y de Lisa, olvida que existe el discrimen, se encabrona con las uniones pero no analiza lo que pasa, bebe cervezas y deja que gente como la que ayer inundó el Capitolio siga decidiendo por todas y todos.

 

¿Qué vale más? ¿La dignidad o un peso en el bolsillo?  En este momento en nuestra historia, parece que vale más el peso, pero en el camino, la pérdida de dignidad nos hunde más en el pantano de desigualdades que hace difícil sonreír a la vida sin una mueca de amargura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


13.6.14

Hechizo para un solsticio ¿feliz?


 
Estamos a una semana del solsticio de verano y la luna llena ya brilla. ¿Tiempo de magia? Para una bruja atea (¡sí, existen!) es tiempo de magia pero también de reflexión y acción.  Porque no sólo el solsticio está cerca.  También el cierre del año fiscal gubernamental y las votaciones disparatadas de última hora antes de que termine la actual sesión legislativa.  Hechizos, leyes y un gobierno en bancarrota.  ¡Ah! Y noche de San Juan.  Habrá que convocar a las brujas de todos los confines del planeta.  Así que por esto, les regalo una columna-hechizo.

 

[Para este hechizo necesitará espacio para una fogata o un caldero de brujitx en el cual encenderá su pequeño fuego simbólico.  Puede hacerlo a la orilla de un río o del mar. Si no tiene un cuerpo de agua cerca, tenga un envase con agua.  No olvide flores blancas.]

 

El día más largo del año: Fuego en el fuego

“Y encenderás una fogata a la luz de las estrellas y la encenderás con intención.  Nada ocurre por casualidad, tu intención es la que se manifiesta”.

 

¿Encenderemos la esperanza en este solsticio?  Plantearnos como pregunta cuáles son nuestras intenciones, es vital para lograr la magia del solsticio.  Y fíjense que la intención es muy distinta al deseo.  Podemos desear algo y no tener la más mínima intención de actuar para conseguirlo o para convertirlo en realidad. Podemos desear la paz mundial, y no tener la intención de dejar nuestras prácticas agresivas.  Podemos desear un mejor futuro para nuestra niñez, pero seguir devorando los recursos del planeta sin intención de medir nuestra voracidad.  También podemos desear la equidad y no tener la más mínima intención de renunciar privilegios.  Podemos desear desesperadamente erradicar la pobreza y carecer de la intención de trabajar para la transformación de nuestro sistema económico.  ¿Tenemos la intención de trabajar, de cuestionar, de retarnos, de abandonar lo viejo, de abrazar nuevas ideas, de asumir riesgos, de dar un salto a la acción desde la esperanza? 

 

Cuando cada cual sepa cuál es su intención en este solsticio, podrá encender la fogata.

 

“Fuego en el fuego, agua y estrellas.  Hoy brilla el sol y desde mañana luchará contra la oscuridad. Los días se harán más cortos, pero la vida sigue, otro solsticio habrá.  Abre los ojos, mira a tu alrededor.  Celebra, llora, golpea la tierra con ira y vuelve a reír. No es locura. Es amor, es compasión, es empatía y es humanidad”.

 

Hagamos un balance de lo que tenemos.  De nuestras victorias y de nuestras derrotas, de nuestros amores y de nuestros enemigos.  A nivel personal y colectivo.  Dejemos que nuestra mente se exponga a lo positivo y a lo negativo de sus propias emociones y de la energía que se mueve en forma de eventos a nuestro alrededor.  Mucha gente teme ser tildada de pesimista y se resiste a ver lo negativo.  Nadie quiere reconocer derrotas.  Nadie quiere admitir enemigos.  Pero, si nos empeñamos en negar la existencia de las cosas negativas, replicamos los anuncios de Walmart (¡siempre precios bajos! ¡todo es perfecto aunque explote a mis empleadxs!), del gobierno y la “isla estrella”, de WKAQ y los “piensa positivo” y veinte mil otras sandeces que nos atosigan por ojos, boca y nariz para que nos sintamos bien y no cuestionemos el sistema.  Si bien te sientes y si nada te perturba, pregúntate que parte de tu corazón ya se murió.  Imposible saber del dolor ajeno y de la pobreza y sentirse de maravillas.  Imposible saber de las injusticias y no llorarlas.  Imposible afirmar cada día que estás agradecida y bendecida si no afirmas a la vez que estás encabroná y con ganas de virar el sistema patas pa’rriba.

 

El día y la noche están en nosotras y nosotros.  Vivimos solsticios internos.  A veces gana el día, a veces la noche.  Y eso, no está mal.  Pero mientras vives tu solsticio, no olvides que eres parte de un sistema. Si el sol revienta, revientas tú.

 

“Fuego en el fuego: Alimenta las llamas de tu fogata, toca el agua que te acompaña, nombra tus cargas indeseadas y despídelas con un adiós. Hazlas llama que vuela o agua que se derrama. Despide lo que no quieres.  Abraza lo que sabes que te seguirá acompañando. Sea miedo o amor, todo se vale.  El solsticio es hoy”.

 

Hay cosas que nos acompañarán toda la vida por más que tratemos de soltarlas.  (Sí. Los libros de autoayuda te han mentido.)  Hay otras que podemos desechar.

 

El clasismo, la homofobia, el machismo, el fanatismo político o religioso y la segregación social son cosas desechables.  Las desechamos a nivel personal y a nivel colectivo y muchas veces luego de repetidos intentos que nos cuestan relaciones, comodidades y vidas.  Las secuelas de una vida llena de violencia, el miedo a la soledad, el ser objeto de discrimen y vivir escondiéndose del odio ajeno… no son cosas que se desechan con facilidad.  No todas somos heroínas con la sabiduría y fuerza interna necesarias para superar tanto dolor, odio y coraje.  Eso no nos hace menos. (Recuerda: Los libros de autoayuda mienten. Está bien sentirse triste, iracunda y pesimista de vez en cuando)

 

“Fuego en el fuego: Eres pasión y amor, eres la esperanza que baila, guerrerx en alerta, quien elige un camino y se ciñe a él.  Baila alrededor del fuego.  Ofréndate flores blancas.  Goza en ellas y acéptalas como parte de lo que será tu altar a la libertad, al amor y a la vida/lucha que eliges seguir”.

 

Bailar alrededor del fuego, teniendo claras nuestras intenciones, es un acto de libertad.  Bailar, como acto simbólico, puede tener muchos significados: preámbulo a las guerras que se librarán, celebración de victorias, ofrendas, expresión de amor, de alegría e incluso de duelo.

 

A nuestra Isla le esperan grandes guerras que se librarán en nuestros corazones, en nuestras conciencias, al interior de los colectivos y en el campo político y económico.  Habrá quienes quieran mantenerse en terreno neutral y habrá quienes actúen como las valquirias- alimentándose de los cadáveres que queden en los campos de batalla- mientras estarán lxs que dirán que hay que hacer las cosas como siempre y con la gente de siempre.  Yo espero que hayamos muchxs más dispuestxs a repensar todo y a hacer cosas arriesgadas para salir del estado en el que estamos.  Ya no hay corporaciones foráneas, amiguimismos, fondos seguros o contratos jugosos que justifiquen estar del lado incorrecto de las batallas.  La equidad- esa cosa que algunas personas piensan que es abstracta- no se construye con discursos o eslóganes.  Se construye desde cada decisión personal y cada alianza que aceptamos o rechazamos en los espacios colectivos.

 

En este solsticio, la intención, el baile y las ofrendas tendrán que venir con su propia carga de vida, de muerte y de amor al prójimo.

 

“Fuego en el fuego.  El fuego en ti.  El fuego en todxs.  Purificación.  Atrás lo viejo.  Lo que fue. Lo que ya sabemos que dejó de ser. Lo aprendido.  Ahora se afirma lo que es.  Lo que nace de las lecciones.  Lo que emprendemos sin ataduras y sin cargas. El abismo de cielo, mar y tierra que nos llama y al cual hay que lanzarse sin miedo. 

Con esperanza”.

 

Es hora de tener miedo

Si todavía no sienten miedo con lo que estamos viendo en Puerto Rico y el planeta, están tarde. La violencia económica y política que ya est...