21.2.11

¿Por quién esperan las mujeres?



Publicada originalmente en el semanario Claridad

Si a estas alturas alguna mujer todavía está esperando que alguien del gobierno la rescate, está perdida sin remedio. Con el estado actual de las cosas, no hay rescate posible ante la desigualdad, el discrimen y la violencia. No de parte de la Legislatura, no de la Rama Ejecutiva, no de los Tribunales. Ni siquiera podemos decir que es posible un rescate feminista por mejor intencionado que sea. Sólo quedamos nosotras mismas y nuestra voluntad para ser parte activa de los movimientos sociales que hoy necesitan la presencia de cada mujer para ser efectivos.

Mientras el representante Farinacci y la mayor parte de los representantes del PPD defendían a capa y espada su permanencia en la Cámara luego de las graves acusaciones de violencia machista de las cuales el mismo fue objeto, en nuestra Isla las estadísticas de muertes de mujeres por esa misma violencia tienen al país en vilo. En medio de tal crisis y como si hubiera que inventar la rueda, vemos a representantes, senadores y al mismo gobernador acumulando error sobre error en la toma de decisiones relativas a las mujeres, su vida y su seguridad. Estas acciones del sector político puertorriqueño contrastan con las tendencias internacionales y los resultados de estudios hechos en torno al tema de la violencia de género.

En el resto del planeta, expertas en género y derechos humanos reconocen que la violencia de género tiene más probabilidad de ser erradicada en países en los cuales el gobierno y sus líderes se comprometen con la equidad de géneros y la promoción de oportunidades para el desarrollo de las mujeres. El trabajo en conjunto de tres sectores es vital: gobierno, organizaciones y comunidades. Sin embargo, tal parece que en nuestra Isla deberemos trabajar el asunto desde dos sectores porque definitivamente el sector gubernamental no parece tener la intención de trabajar con buena voluntad y mucho menos con una creencia real en el concepto de equidad. Es por eso que, más que esperar ser rescatadas, las mujeres de nuestro país deberán agenciarse su rescate y de paso, agenciarse su propia participación en la toma de decisiones nacionales para evitar que más mediocres se nos queden con el poder para seguir haciendo daño.

El caso del representante Luis Farinacci y el encubrimiento colectivo de sus actos de violencia se encargaron de corroborar que quienes legislan en nuestro país aún no interpretan los actos machistas como una agresión en contra de la sociedad y de los principios de equidad y justicia. Sólo unas cuantas y unos cuantos legisladores pudieron expresar con coherencia lo que muchas mujeres hubiéramos deseado escuchar de todos los demás: Que la violencia de género es intolerable, que lo es mucho más cuando la ejerce un funcionario electo y que quienes no entiendan eso carecen de la capacidad de gobernarnos.

La representante Sylvia Corujo resumió muy bien la mentalidad gubernamental en la siguiente cita alusiva a la esposa agredida de Luis Farinacci: "Farinacci tiene mi voto. ¿Cómo yo voy a soportar tantos años de violencia doméstica y vengo a hablar después de 10 a 12 años?" La insistencia de los grupos de mujeres y de los medios de comunicación en señalar las implicaciones negativas de esas actitudes, finalmente pareció empujar la renuncia de Farinacci. Sin embargo, esa solución, aunque satisfactoria de primera intención, sólo logró evidenciar que los asuntos de las mujeres siguen siendo asuntos secundarios para la Legislatura y que depender de ella para adelantar y reivindicar los derechos humanos de las mujeres en la Isla, es un eterno ejercicio de fuerza y vigilancia en el cual podemos cometer el error de rendir nuestro poder y nuestra sabiduría ante seres cuya inteligencia e integridad están seriamente cuestionadas por sus propios actos y expresiones.

Aunque la mayoría novoprogresista intentó aprovechar la coyuntura para discursar en contra de la violencia machista desde una perspectiva de cero tolerancia, no olvidemos que esa misma Cámara de Representantes es la que aprobó medidas nefastas para el desarrollo e integridad de las mujeres, tales como la propia Ley 7, la Ley de Alianzas Público Privadas y otras tantas que fueron rechazadas por el pueblo. Su visión fragmentada de las mujeres no le permite entender que la violencia machista se alimenta de la desigualdad que se promueve desde las acciones gubernamentales y que además la pobreza, el desempleo y la marginación acrecientan la vulnerabilidad de estas.

Como evidencia de esa visión fragmentada está el hecho de que esa misma Cámara fue la responsable de aprobar el año pasado para la Oficina de la Procuradora de las Mujeres un presupuesto del fondo general equivalente a tan sólo el 19% de lo aprobado en el 2008 para esa misma Oficina. Es decir, que de $3,436,000 asignados a la OPM en el 2008, en el 2010-11 se le asignaron sólo $680,000. ¿Nos parece suficiente esa cantidad para adelantar la equidad de géneros tal y como lo establece la Ley 20 que creó la OPM? ¿Es proporcional esa cantidad al número de mujeres, niñas y viejas que existe en Puerto Rico?

El Senado por su parte, es la cara más agresiva de la Legislatura. Desde que se constituyó en el año 2009 hemos visto la entronización de políticas públicas y acciones que menosprecian no tan sólo los derechos de las minorías, sino que abiertamente se expresan desde un lenguaje religioso de corte fundamentalista que agrede la libertad de las mujeres, su derecho a expresarse políticamente y sus intentos de progresar dentro del propio sistema de gobierno.

El nombramiento de Evelyn Vázquez como presidenta de la Comisión de Asuntos de la Mujer debe haber provocado grandes carcajadas al Presidente del Senado. Probablemente se rió como un loco en su oficina antes de anunciarlo pues lo hizo a sabiendas de que la senadora carecía de la capacidad para el puesto y de que representa el peor estereotipo de la mujer superficial y corta de inteligencia que se le pudo ocurrir a cualquiera. Así, no sólo anuló los posibles trabajos de una comisión esencial en el Senado, sino que atrasó por años las luchas de otras mujeres que aspiran a llegar a la Legislatura con inteligencia, estrategia e integridad.

La Rama Ejecutiva por su parte, ha dado las mejores demostraciones de misoginia y de machismo institucional. No hay forma de que dicha rama se lave las manos cuando de agresiones hacia el sector de las mujeres se trata. Desde el desmantelamiento paulatino de la OPM, la persecución sistemática de mujeres pobres y jefas de familia por parte del Departamento de la Familia, hasta las agresiones y arrestos de jóvenes universitarias cuyo único delito ha sido pensar y actuar desde los valores de justicia y paz. La famosa “Promesa de Hombre” se escucha cada vez menos, quizás porque desde el principio tanto el Gobernador como sus asesores sabían que ésta era sólo un juego mediático sin fundamentos que sostuvieran la idea de que dicha promesa podría en efecto, erradicar la desigualdad y la violencia de género.

¿Por quién, entonces, esperan las mujeres? Espero que a estas alturas no estén esperando por nadie y ya hayan entendido que cada una es su mejor defensora. No es sentadas escuchando el radio o viendo las noticias con las manos en el pecho que haremos frente a la desigualdad y la violencia. Ya es hora de levantar teléfonos, de marchar, de escribir y de asumir con valentía lo que a cada cual le toca para autogestionar su propia libertad y felicidad como parte de este colectivo que llamamos patria-matria.

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