8.3.16

Una carta para Isadora en el 8 de marzo


 
Amanece el 8 de marzo y pienso en ti, Isadora.  Y soy consciente de que en ti veo y amo a las demás mujeres del planeta y en cada una de ellas te veo y te amo a ti.  Porque, ¿cómo no maravillarme con el potencial de cada niña y de cada mujer teniendo la inmensa suerte de ser tu madre y de ver cómo trabajas, estudias y vives con pasión tu baile por la vida?  Y a la vez, ¿cómo no estremecerme de miedo cuando la vida me enfrenta a diario a las historias de esas otras niñas y mujeres que han sido desaparecidas o asesinadas por un planeta en el que nacer mujer ya te coloca en riesgo de muerte y te obliga a andar por la vida midiendo cada paso para tener una vida plena y segura? 

No te ha tocado vivir en un mundo justo, mi amor.  Y a veces lloro esas injusticias y me lleno de rabia e impotencia porque sé que este mundo es una herencia envenenada por el machismo, el racismo y la pobreza que engordan el privilegio y la riqueza de unos pocos que andan por la vida ajenos al desastre que es la vida de millones de mujeres en el planeta.  

Amanece el 8 de marzo y amanezco con esta carta en la cabeza.  Ya sabes cómo soy: Un poco, o tal vez muy, obsesiva con estas fechas que marcan las luchas de las mujeres.  Y pienso insistentemente en lo que yo misma he heredado como mujer y trato de alegrarme la mañana pensando que a pesar del mundo envenado, otras mujeres más fuertes y más valientes que yo también han llorado de rabia e impotencia pero decidieron actuar.  Por ellas hay un mejor mundo.  Por el trabajo paciente, insistente y persistente de tantas otras mujeres que también amaron y se indignaron lo suficiente como para entregar sus vidas al servicio de la equidad. 

A veces, cuando hablamos y miramos juntas todo lo que pasa, me preocupa que te invada la desesperanza.  Que te canses de ver tantas cosas negativas y que llegue el punto en que pienses que no vale la pena preocuparse, que el sistema no cambiará, que es tan grande el monstruo que enfrentamos que mejor es vivir el día a día sin mirar para el lado.  Es tentador cerrar los ojos.  ¿Te pasan esas ideas por la cabeza, bella?  Seguramente.  No serías humana si no sintieras ese cansancio o si tu instinto de protección no te gritara de vez en cuando: ¡descansa!       

Ser tu mamá ha sido una gran aventura.  Cuando pensé en ser mamá también pensé en que quería que mi primera bebé fuera una niña.  Una niña con nombre y espíritu fuerte: ¡Isadora!.  No era un capricho.  A mis 25 años, y habiendo sido yo una hermana mayor, sabía que tendrías más espacio para crecer libre aunque eso también implicara tener más miradas sobre ti.  ¿O no es cierto que las hermanas mayores mandan? ;-)

También pensaba en palabras que rimaran con tu nombre.  Para darte poder: Isadora, luchadora, soñadora, trabajadora, defensora, escritora, creadora.  Y tú le añadiste “bailadora”.  Y le seguirás añadiendo palabras y acciones a tu vida. 

¿Cuántas niñas nacidas en tu año siguen vivas para contarlo?  ¿Cuántas mujeres de mi edad han llegado al día de hoy libres de algún acto de violencia?  ¿Reconocerán las desigualdades que han definido su vida? ¿Sabrán que no todas sus decisiones fueron libres? 

Me pregunto muchas cosas a diario.  Algunas de las respuestas ya las tengo.  Otras me deben estar esperando en algún libro, escritas y pensadas por alguna sabia. Pero lo que no dejo de preguntarme es cómo hacer un mejor trabajo para transformar este mundo tuyo, Isadora.  Tuyo y de tus hermanos.  Tuyo y mío.  Tuyo y de la humanidad.   

Hoy es tu día, mujer.  Y de todas las niñas y mujeres del mundo.  ¿Amaneciste esperanzada? Yo sí.  Aunque de momento esta carta tenga algo de tristeza.  La tristeza no excluye la alegría, ni la esperanza, ni las ganas de trabajar. 

¿Has visto todo lo que han hecho las mujeres para sobrevivir la humanidad?  Han hecho y hemos hecho cosas que parecían imposibles.  Estudiamos, trabajamos, vamos contracorriente y nos hemos ido acomodando en los espacios de poder que antes parecían imposibles.  ¿Quién puede detener a una mujer que elige ser libre?  Ni siquiera la muerte.  

Ser libres es poder amanecer un 8 de marzo sin temer, sin tener que llorar nuestras muertas, sin tener que paliar la pobreza.  Ser libres es sentirnos plenas y felices.  No necesitamos vidas perfectas, pero sí dignas y de paz.  La liberación es colectiva.  La felicidad también debería serlo.  Porque como yo veo a todas las mujeres en ti, y a ti en todas ellas, sé que el mundo que debemos soñar, debe ser un mundo en el que todas conectadas, podamos vivir en paz. 

Te amo, Isadora.  Isadora Libertad. 

Mamá

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