20.2.07

La religión como ley



¿Quién dice que en Puerto Rico todos somos cristianos? Existen también judíos, musulmanes y hasta ateos. ¿Y quién tiene derecho a juzgar esas creencias e imponer las suyas al resto del país? Aquí existe separación de iglesia y estado. Una separación que no existe por mera casualidad, sino por el derecho básico de todo ser humano a que nadie interfiera en el ejercicio de su espiritualidad. Algo que es íntimo y que requiere a la vez respeto por la intimidad ajena.

En medio de las discusiones generadas por la propuesta de Código Civil, los argumentos religiosos han sido los protagonistas. Algo preocupante cuando esos argumentos promueven la intolerancia, los prejuicios, el sexismo y la falta de equidad entre seres humanos. Todos estos valores representan un retroceso en nuestra evolución como sociedad y violentan los valores humanos que tanto nuestra constitución como organismos de derechos humanos reconocen y protegen.

La peligrosidad de los argumentos religiosos es que generan pasiones y prejuicios como los que en el pasado justificaron la esclavitud de los negros, la expulsión de los judíos de España y la condena de Galileo por demostrar que la Tierra no era el centro del universo. En la actualidad, son ideas religiosas las que justifican el apedreamiento y mutilación de mujeres en Somalia y otros países islámicos. ¿Justifica una creencia religiosa la segregación de otros seres humanos y el sufrimiento y dolor de otros? Jamás.

Las enmiendas que más revuelo han provocado son las relacionadas a los derechos de homosexuales y lesbianas, así como las relacionadas con derechos que beneficiarían a mujeres y familias no tradicionales. No me sorprende. Lo que sí me sorprende e indigna es, que como ciudadanas, veamos a nuestros legisladores saboteando desde sus prejuicios y terrores el desenlace de las enmiendas y que no protestemos. Los sectores religiosos no tienen derecho a imponer a los demás sectores opiniones que no representan nuestra realidad de pueblo. No puede triunfar el desprecio por el derecho a una vida digna y la entronización del odio y la violencia social. De la misma manera en que los opositores de los derechos humanos manifiestan sus opiniones, los que los defendemos no podemos guardar silencio. ¡Usemos nuestras voces contra el fundamentalismo!

2.2.07

La violencia de la Policía

Cada vez que visito con mis hijos la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, mi hijo mediano cuenta las banderas violetas que se asoman desde su balcón. Las cuenta porque sabe que cada una representa una mujer muerta. Luego de contarlas su comentario siempre me conmueve: “¿Mami, por qué siguen matando mujeres?”.

Con el caso del policía de Aibonito y las reacciones de sus compañeros, se confirma la importancia de que a la violencia doméstica se le dé prioridad como un asunto de salud pública y de derechos humanos. No basta con que exista una Ley 54 si los encargados de implementarla reproducen los patrones de pensamiento de los agresores. Y que quede claro que no estamos hablando de problemas sicológicos. La violencia que emana de la propia policía no es meramente un problema de salud mental. De hecho, si fuera sólo eso, trabajar con ella tal vez sería menos complejo. Los llamados del Superintendente de la Policía para que éstos busquen ayuda son inútiles ante toda una construcción de pensamiento que justifica la violencia.

Existen en nuestra sociedad pensamientos recurrentes que aún no hemos logrado erradicar. Son pensamientos que se instalan en nuestras acciones. Son en realidad premisas que justifican actos violentos en contra de las mujeres por celos, por amor, por deseo o por mero ejercicio de poder. Quien piensa así, y además cree que está pensando correctamente, no buscará ayuda sicológica, no identificará señales de alerta antes de cometer un acto violento, ni tratará de evitar hacer daño. Si las personas que le rodean, aún sus propias víctimas, piensan igual, no sólo pasarán por alto los indicadores de peligro, sino que además lo justificarán y apoyarán cuando deba enfrentar el sistema de justicia.

A la Policía de Puerto Rico hay que hacerle claro lo que supone ellos entendieran hace tiempo: Aquí no se tolera la violencia doméstica ni ninguna otra manifestación de ésta. A nuestro país en general hay que hacerle claro el mismo mensaje. Pero claro, debemos empezar por quienes se supone que protejan la ley en vez de fiar a compañeros delincuentes, ¿o no?

Vivir en la dimensión desconocida

El martes en la mañana estaba escuchando un noticiero matutino y de momento sentí que en Puerto Rico vivimos en la dimensión desconocida. Para unas cosas estamos en el plano terrenal común y para otras parecemos desdoblarnos en realidades alternas que inspirarían a cualquier surrealista trasnochado en busca de una buena historia.

¿En qué mundo coherente se le ocurriría a un jefe de agencia en nuestra Isla hacer acuerdos con la jurisdicción federal amparado en la premisa de que ellos sí pueden violar derechos protegidos por nuestra constitución? ¿No es esa una manera solapada de violar ellos mismos esos derechos?

Los visuales de la reunión celebrada el lunes nos presentaron a un Secretario de Justicia y un Superintendente de la Policía estatal compartiendo la mesa con la jefa de los fiscales federales y el, ya nefasto para este país, director del FBI. Anunciaron un “strike force” que es en realidad una segunda y no muy feliz fase de la malograda mano dura contra el crimen y un permiso para que se violen derechos constitucionales tan importantes como el de la fijación de fianza y la no intercepción telefónica. No podemos invalidar nuestra constitución bajo la premisa de que ésta sólo protege a los criminales y deja a merced de la violencia al resto de la ciudadanía. Nuestra constitución no se creó para los criminales. Se creó para proteger a los ciudadanos comunes que pueden convertirse en víctimas de un sistema de justicia claramente imperfecto y el cual ha sido en el pasado promotor de carpeteos, fabricación de casos, persecuciones políticas y viles asesinatos.

¿Que quién se afecta con ese “strike force” son sólo los criminales? ¡No! ¿Y quién define quiénes son los criminales de este país? Independentistas, homosexuales, gente pobre o negra, obreros, todos han sido considerados criminales en diversos momentos de nuestra historia y su único escudo ante el discrimen y la persecución han sido las garantías de protección a sus derechos civiles que les brinda nuestra Constitución.

La sociedad civil ha sido responsable al brindar alternativas concretas para prevenir y eliminar la violencia en nuestras comunidades. Ahora le toca a nuestro gobierno actuar y no meramente castigar.

11.1.07

La violencia de los prejuicios

La violencia es mucho más que golpear y violar. Ambos actos son manifestaciones de violencia pero no su definición. La violencia implica terror, coacción, crueldad, fanatismo y hasta rabia. En Puerto Rico muchas veces se simplifica la definición de violencia. Quizás porque así podemos ignorarla mejor.
El próximo 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de No Más Violencia Contra las Mujeres. Esta fecha puede pensarse como una fecha alusiva a la violencia doméstica o a la agresión sexual. Sin embargo, su alcance es mucho más amplio pues nos obliga a repensar la violencia en todas sus manifestaciones.
La violencia por razón de género es controvertida. Siempre hay alguien que niega su existencia y siempre hay alguien que la justifica utilizando argumentos que van desde lo religioso hasta lo económico, pasando por lo científico. Sin embargo, esto sólo demuestra que los prejuicios por razón de género están tan arraigados en nuestras mentes que la falta de equidad puede ignorarse y convertir la doble vara de los prejuicios en la peor de las violencias ejercidas en contra de las mujeres.
Esa doble vara de prejuicios es la que ha contribuido a la feminización de la pobreza, a las políticas públicas que ignoran sus necesidades, a su exclusión de las páginas de la historia y de los círculos políticos y económicos de poder. ¿Qué mayor violencia que someter a alguien a una categoría de segunda y encontrar todas las excusas posibles para que ese estado se perpetúe? ¿No es la exclusión una manifestación de la violencia?
Se ha caminado un largo trecho en la búsqueda de justicia para las mujeres y aún queda mucho por caminar. El problema de falta de equidad y la violencia como un derivado de la misma aún nos reta por su complejidad. Podemos afrontarla desde diversos espacios pero debemos recordar siempre que todas nacemos iguales, con los mismos derechos a la vida, al desarrollo y a una vida digna. Somos la mitad del país y también negras, jefas de familia, obreras, de clase media, pobres, estudiantes, empresarias, lesbianas, cristianas o ateas, ciudadanas todas e integrantes de otros grupos que también pueden ser excluidos. Luchar por la equidad y la justicia para las mujeres implica luchar por la equidad y la justicia para toda la sociedad.

Responsabilidad amplia

Cuando oímos hablar de responsabilidad limitada parecería que el término se relaciona con alguna empresa de las que anuncian a su clientela que tienen una responsabilidad limitada ante ella. Sin embargo, gran parte de nuestro país vive la vida al amparo de los valores de una responsabilidad limitada. Limitada y egoísta.
La responsabilidad ciudadana limitada es aquélla en la cual cada cual se limita a hacer lo mínimo para ganarse su salario, lo mínimo para quedar bien ante su comunidad, lo mínimo para cumplir con su iglesia, lo mínimo para criar a sus hijos. Es vivir con una ceguera que impide ver la pobreza que nos rodea, la destrucción ambiental que cada vez se acrecienta más y los patrones de conducta violenta que ya son parte de nuestra cotidianidad. Esos valores de responsabilidad limitada pueden engañar a cualquier ingenuo haciéndole creer que es buen empleado, buen padre o madre y buen ciudadano para tranquilizarle la conciencia con tan sólo virar la cara y mirar a otro lugar en vez de enfrentar las situaciones que ameritarían su acción.
La responsabilidad social es lo contrario. Puede parecernos que la responsabilidad social también suena a empresa. Pero no. Debería sonarnos a personas y a comunidades. Es una responsabilidad amplia y solidaria que compromete a quien la asume con el bienestar común y con la acción diaria y firme desde unos valores universales de paz, de equidad y de justicia. Es la que debemos utilizar para reenfocar nuestras acciones y ampliar nuestras expectativas a la hora de autoevaluarnos. Desde una visión solidaria, es seguro que hacer lo mínimo dejará de satisfacernos.

En vez de comentar y criticar lo que pasa en el país, debemos preguntarnos, qué hacemos para remediar la situación. Existen acciones sencillas pero elocuentes que pueden hacer la diferencia en el momento que vive nuestro país. Sólo es necesario que cada cual amplíe su concepto de responsabilidad. No podemos seguir esperando que otro haga. ¿Qué hará usted la próxima vez que vea un incidente de violencia doméstica o una tala de árboles? Piense desde ahora para que pueda actuar responsablemente.

Ni una mujer más

Creo que no me equivoco cuando pienso que la mayor parte de las mujeres despierta a diario sin pensar que la muerte le sorprenderá súbita y violentamente. Mucho menos pensamos que la muerte vendrá desde las manos de un familiar nuestro. Pero en Puerto Rico, las mujeres tienen más oportunidad de morir a manos de sus compañeros que a manos de un extraño en la calle. Cuando esto pasa, las mujeres ganan sus cinco minutos de fama a un precio que nadie quiere pagar. En esos cinco minutos la prensa nos presenta detalles de su vida y nos enfrenta al rostro de su asesino, quien la mayor parte de las veces parece no entender la trascendencia de su acto. ¿Será que la pasión los encerró en un momento de locura?

No son actos de locura los que guían a un agresor. Sería una locura sospechosamente selectiva, pues la mayor parte de las veces no son personas agresivas con extraños o con terceros ajenos a su hogar. Tampoco son meras pérdidas de control, si así fuera, en nuestro país estuviera el muerto a diestra y siniestra.

¿Por qué en pleno siglo XXI existen hombres en nuestra Isla que se sienten con el derecho y la libertad de asesinar a sus compañeras? Parece que el mensaje en contra de la violencia doméstica, a pesar de su claridad y contundencia, aún necesita hacerse acto. Un acto comunitario y no meramente gubernamental.

Cuando agencias, como la de la Oficina de la Procuradora de las Mujeres u otras organizaciones que trabajan por los derechos de éstas, piden apoyo en sus acciones no lo piden por pereza o por falta de ganas de trabajar. Ellas saben que para eliminar la violencia de nuestros hogares, tenemos que actuar como una unidad, en cada espacio cotidiano y sobretodo, mirando de frente nuestras propias concepciones de lo que es ser mujer u hombre para entender que por encima de un sexo, somos seres humanos con igual derecho a la vida. El asesinato de una mujer, o de cualquier ser humano, nunca está justificado.

Que los nombres de las 22 mujeres muertas durante el 2006 no queden en el olvido.

Ganar tiempo para la vida

Fugit irreparabile tempus (Huye el tiempo irreparablemente.)
Virgilio

El tiempo es su propio amo. Es un aliado y un enemigo que no está exento de los avatares del poder. Un poder que visto en abstracto parece casi una palabra santa, que reivindica y que hace más apetecible la existencia común. Poder y tiempo, por otro lado, mirados desde la perspectiva de a quienes se les escapa la vida sin que se les honre su derecho a vivirla, pueden ser dos palabras aterradoras y desesperanzadoras.

Ya son muchas las semanas en las que hemos escuchado de manera recurrente los problemas que enfrentan los pacientes de VIH para obtener sus medicamentos. Hemos oído hablar de listas de espera, de agencias que no previeron la crisis, de burócratas dando excusas y de investigaciones federales, así como de farmacéuticas avariciosas que deniegan despachos de medicamentos a pesar de que las organizaciones que atienden a estos pacientes le han solicitado utilizar líneas de crédito y han sido sus clientes por años.

Mientras tanto, el tiempo huye irreparablemente de las vidas de estos seres humanos. Huye para restarles vida y salud. Sin medicamentos, la combinación de poder y tiempo les corre en contra. Mientras el poder para trabajar con pacientes VIH esté concentrado en manos de unos pocos funcionarios y no en la comunidad y en los propios pacientes, el ejercicio de éste se convierte en una réplica patética de los patrones de injusticia que nos consumen como sociedad.

¿Cómo ganar al tiempo y a la muerte? ¿Cómo detener una huída que duele, más aún cuando en ella se nos escapa un ser amado, o nuestra propia vida con todo y sueños, con todo y planes para el futuro que nos merecemos? Es de admirar cómo ante estas preguntas, ya hay pacientes de VIH que han decidido reclamar poder sobre sus vidas. El poder se asume, no se le mendiga a nadie. Menos aún si es para vivir con dignidad. Hoy jueves, a las 6:00PM se reunirán en Asamblea en el Taller Cé de Río Piedras pacientes de VIH y personas solidarias con la vida que están eligiendo actuar ante la situación de los medicamentos. La invitación se hizo a la comunidad, el reto está en actuar junto a ellos
.

17.11.06

Cuando el espíritu baila

Tenía 13 años cuando me encontré con un libro de cuentos que tenía la historia del Cascanueces. En aquel momento mi Drosselmeyer fue mi padre, maestro y bibliotecario, quien me entregó ese maravilloso regalo para el alma y la imaginación. Yo no tenía idea de que existía un ballet del mismo nombre, pero aún así, mi espíritu bailó de alegría y de ensoñación.
Hoy en día sé que soñar, y dar al espíritu las alas para volar, es un primer paso para querer un mundo mejor para todas y todos. Los espíritus que bailan de entusiasmo ante lo novedoso, lo sublime, lo estéticamente hermoso, lo espiritual y lo profundo son espíritus capaces de albergar también la esperanza, la alegría de servir y la solidaridad.
Esa misma historia del Cascanueces que me enamoró en la adolescencia sube al escenario del Teatro de la UPR este fin de semana con el Balleteatro Nacional de Puerto Rico. Lo que verá el público en ese escenario será, ciertamente, una obra hermosa y un cuerpo de bailarinas de todas las edades dando lo mejor de sí mismas. Será un reencuentro con la magia de soñar. Sin embargo, ver más allá del escenario y entender el largo camino que recorren estas compañías de ballet para presentar una obra, es algo que requiere un poco más de esfuerzo de parte de los espectadores.
Pocas personas tienen una idea cabal del esfuerzo físico, mental, familiar y económico que realizan los integrantes de una compañía de ballet para llegar ante nosotras con una sonrisa en los labios mientras se elevan en piruetas maravillosas. La única explicación que se puede dar a una entrega de tal magnitud es la pasión y el amor. Sentimientos que los guían a todos y a todas, desde el director artístico hasta la que trabaja los vestuarios. ¿Cómo pueden hacer arte sin recursos económicos? ¿Cómo bailan, mueven escenarios, distribuyen promoción, resuelven el pago de deudas de la compañía y coordinan cada detalle del evento?
Estas iniciativas culturales deben apoyarse y entenderse como semillas para el bienestar general del país. Cuando el espíritu baila, abrazamos la idea de la libertad y la esperanza da como fruto un futuro mejor.

9.11.06

Celebrar la venganza

Los juicios viciados por el odio ya le han costado a la humanidad millones de muertes. Cuando se ajusticia en vez de impartir justicia, se validan las ideas de muerte y venganza. La humanidad retrocede un paso. Y todo el que celebra la venganza valida el retroceso y pone en evidencia su escasa capacidad de pensamiento crítico, ético e independiente.

Más allá de comentar la condena de Saddam Hussein, más allá de preguntarnos cuándo (al fin) se juzgará a Bush y cuándo la humanidad juzgará a quienes le han servido de verdugos, es importante preguntarnos qué valor damos a la justicia.

La visión simplista de crimen y castigo no es nueva. Muy al contrario, es un remanente de épocas oscuras de la humanidad. Es a la vez poner en práctica la premisa de que el más fuerte predomina y con él sus ideas. Al igual que en el resto del mundo, en Puerto Rico acabamos de vivir un juicio de pena de muerte que propuso a nuestro pueblo la idea de que matar con mecanismos legales es menos malo que hacerlo en la calle.

El discurso de venganza y odio encarnado en la fiscalía federal no es sorprendente. ¿Qué más se puede esperar de profesionales que alquilan su conciencia a una ideología amparada en premisas de supremacía? Una ideología que justifica la muerte de miles de iraquíes mientras, simultáneamente, condena a la horca a otro asesino que se salvaría de ella si hubiera tenido la “suerte” de nacer en Estados Unidos, ser blanco, petrolero, fundamentalista y conservador.

¿Quieren l@s puertorriqueñ@s validar la muerte o la fe en la humanidad? El silencio no es una contestación aceptable. Cuando un ser humano violenta el derecho a la vida, a la integridad física, a la intimidad, al desarrollo, a la libertad de otros seres humanos debe recibir una respuesta del resto de la sociedad. ¿Cuál será nuestra respuesta? La primera debe venir desde la introspección y juicio sobre nuestros propios actos. Si odiamos, si miramos con prejuicios y actuamos con superficialidad y egoísmo, es irresponsable señalar la violencia ajena y pedir penas de muerte. ¿Quiénes son los verdaderos culpables?

23.10.06

Un modelo universal


“Compórtate de tal modo que tu conducta pueda servir de modelo universal.”Kant

Ni Puerto Rico, ni el resto del planeta aguantan el estilo de vida consumista que se ha convertido en símbolo de progreso en nuestra sociedad. Mientras nuestros recursos naturales son devorados por el afán de lucro del llamado desarrollo, nuestras comunidades excluidas luchan para sobrevivir la pobreza y la falta de acceso a los bienes y servicios que les son negados por ese mismo desarrollo.

¿Puede servir nuestra conducta individual y colectiva de modelo universal? Sólo imaginemos por un segundo qué pasaría con nuestro ambiente si todos los puertorriqueños decidieran vivir atrincherados en urbanizaciones exclusivas y alienadas. Imaginemos qué pasaría si todos optáramos por arrasar los campos para especular con su valor monetario y confiáramos en la tranquilidad artificial que produce el pensar que el árbol del área común de nuestra urbanización es suficiente para reciclar el aire contaminado con las actividades que forman parte de ese mismo “estilo” de vida. Imaginemos el futuro de nuestra infancia si todas las familias optaran por aislarse de sus vecinos y vivir la cotidianidad como entes separados del entorno.

¿Qué pasaría si el resto del mundo actuara igual que nosotros? ¿Si consumiera, malgastara, odiara y juzgara a sus semejantes igual que nosotros? Imaginar un planeta así asusta y agobia. Sería un mundo sin futuro, parte de un panorama en el que las guerras se entronizarían de una vez y por todas amparadas en esos mismos principios de odio, de intolerancia y de avaricia por acaparar los recursos del planeta que pertenecen a todos y no a unos pocos.

La opción de la esperanza surge mientras actuamos y evaluamos nuestras acciones a la luz de lo que podría ser un modelo universal. Si queremos un futuro, no nos queda otra opción que abrazar la solidaridad honesta y activa. ¿Cómo sería nuestro futuro si al fin limitamos nuestros excesos, trabajamos con los líderes de las comunidades más pobres, depositamos nuestra energía en el bien común y no en el propio, y nos liberamos de los prejuicios para aceptar a nuestro prójimo?

18.9.06

Una canción para Isadora



Ver crecer a nuestras niñas y convertirse en adolescentes nos conmueve, nos alegra, nos hace sentir orgullosas. También nos asusta, nos enoja, nos frustra. Todo esto si ejercemos una maternidad y una paternidad responsable y atenta. Por eso, cuando escucho la música que domina la radio, me pregunto si toda adolescente tiene la suerte de ser soñada y amada por sus progenitores.

La música es un imán para toda jovencita que, en medio de la adolescencia, busca imágenes, voces e ideas que le den respuestas a sus preguntas.

¿Qué tipo de canción quisiera que contestara las preguntas de mi hija? Como mujer que cree en la equidad de ambos géneros y que apoya la crianza de nuestras hijas e hijos desde una perspectiva de paz, miro a mi alrededor y aguzo el oído. Evalúo lo que se oye cerca y también lo que se oye más allá, porque ese eco llegará a ella de una manera u otra.

Una canción para Isadora no debe trivializar lo que es la esencia de todo ser humano. Una canción para mi hija, y todas las hijas de nuestro país, no debe pedirles que menosprecien su cuerpo y acepten ser utilizadas para beneficio de otros y al margen de lo que representa su espiritualidad y su capacidad de desarrollar su potencial. Una canción para ellas no debe exponer la violencia como algo natural, y menos aún, justificarla a base de desamores y prejuicios de género.

Una canción para una niña-mujer de 13 años, y para todas las demás, debe hablar de cuánto vale cada ser humano independientemente de su género, de cómo tienen derecho a participar ampliamente y desde la equidad en la toma de decisiones del país, de cuán importante es que vivan desde principios de justicia y de amor y que no acepten menos de quienes les rodean.

Una canción para las generaciones nuevas debe tener como coro palabras de esperanza, de responsabilidad y de compasión hacia el resto de la humanidad… así como para sí mismas…

“El amor te habita,
el amor te forma y transforma,
el amor es universal
y el universo eres tú
desde la paz, desde la equidad…”

1.9.06

Con el diablo y con Dios

Hay un muro muy inestable separando a nuestras iglesias de nuestro gobierno. A veces es sólido e impenetrable. A veces es transparente y liviano y se abre para dar paso libre al otro lado. Algo así sería una incógnita para la ciencia. Un material cuya densidad cambia a voluntad de una de las partes y según su conveniencia. Es inestable y frágil. Pone en peligro nuestra democracia y nuestra capacidad política de proteger los derechos humanos de nuestra gente.
En estos días las iglesias clamaron para que se respetara el principio de separación entre “Iglesia” y “Estado”. Se movilizaron rápidamente y en bloque para exigir al Departamento de Hacienda que se les exima del registro requerido para el impuesto sobre el consumo. Ese día el muro que separa ambas fuerzas se hizo sólido e impenetrable.
Algo sorprendente, porque son esas mismas iglesias las que abarrotan los pasillos del capitolio e invaden oficinas gubernamentales tratando de decir a ese mismo “Estado” cómo y cuándo legislar con relación a temas como las uniones de parejas del mismo sexo, el aborto, la distribución de fondos para asuntos sociales y muchos otros. Esas son las ocasiones en las que el muro se convierte en una mera línea, confusa y borrosa. Casi invisible. Franqueable. Así sucedió en mayo pasado con el cierre gubernamental cuando pidieron intervenir en nombre de la Paz pero sin dejar de lado sus discursos religiosos particulares.
En nuestro país conviven múltiples creencias religiosas. Algunas no son cristianas e inclusive hay quienes se autodenominan ateos. Esto nos obliga a reforzar urgentemente el muro que separa a la “Iglesia” del “Estado”. De lo contrario estaríamos imponiendo a la ciudadanía legislaciones y decisiones basadas en principios religiosos y no en principios que partan del bien común, la salud pública, la justicia social. ¿Hay creencias religiosas más correctas que otras? Sería un error tratar de decir algo así. Sin embargo, su enseñanza y práctica deben limitarse al ámbito al cual pertenecen y no pretender ser impuestas al resto de la sociedad desde ese “Estado” contra el cual acaban de levantar la defensa de separación.

23.8.06

¿Ha muerto el feminismo?



¿Ha muerto el feminismo? Se ha corrido ese rumor últimamente. ¡Ya quisieran eso los fundamentalistas religiosos y quienes viven desde los prejuicios y pasan de generación a generación sus miedos a perder poder y control. Hoy, las mujeres siguen siendo un grupo cuyo desarrollo y acceso a los bienes y al poder político está limitado. El sexo, azar de la naturaleza, determina en muchos sentidos nuestras posibilidades de educación, trabajo, vivienda, y de elegir libremente qué hacer con nuestras vidas. Autoproclamarse feminista representa enfrentar la crítica y las actitudes defensivas de terceras personas. Sin embargo, eso no se dice. No es políticamente correcto. Tenemos que ser conciliadoras.
Se han logrado muchas cosas, pero no es suficiente. Aún no hay equidad y justicia. Los planteamientos feministas siguen teniendo vigencia. Aún atemperándolos a los tiempos y a las generaciones actuales no podemos dejar de reconocer que sigue existiendo una relación de subordinación de las mujeres frente a los hombres. Es un planteamiento real y actual muy lejos de ser anacrónico.
¿No existe subordinación cuando encontramos discrimen por razón de género y hostigamiento sexual en nuestros trabajos? ¿No es subordinar a una mujer el someterla a los estragos de la violencia doméstica y que el resto de la sociedad justifique y avale esa violencia? ¿No estamos en un estado inferior ante los hombres cuando se cuestionan nuestras ideas y nuestros pensamientos a base de nuestro sexo? ¿Cuándo se nos atribuyen rasgos de carácter a base de una supuesta naturaleza femenina? ¿Y cuando se nos juzga por decidir trabajar en lugar de criar a nuestros hijos? ¿No es acaso subordinación el obligarnos a parir y pretender quitarnos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos? Ningún hombre aceptaría tal sometimiento. Las mujeres tampoco deberían.
Ser entes que promuevan el cambio social para beneficio de todas y todos es parte de los principios que definen a las feministas. La idea es retar. No todo lo que se acepta en nuestra sociedad es correcto, es justo, es adecuado para el bienestar de todas y todos. La historia está llena de episodios que lo demuestran. El futuro puede ser distinto a como nos lo han anunciado los falsos profetas que se alimentan de las injusticias del presente.
¿Queremos una guerra de los sexos? Así se ha vendido el feminismo por sus detractores. Quienes lo compraron así, compraron otra cosa. Nuestro objetivo es mucho más ambicioso, por cuanto busca transformar las relaciones entre los hombres y las mujeres para que todas las personas desarrollen mejor sus potencialidades.
Los cambios profundos, que pretenden eliminar de nuestra sociedad las inequidades, siempre encuentran resistencia. Sin embargo nada detiene el cambio. Es inevitable que la humanidad camine hacia su mayor bienestar. Y eso no podrá excluir a las mujeres.
La generación anterior a nosotras fue de feministas y de mujeres que salieron de sus casas a trabajar. Retaron a sus familias, a sus iglesias, a sus comunidades y eligieron un camino difícil, pero digno y valeroso. ¿Qué le agradecemos a esa generación y cómo lo agradecemos?
En nuestra generación damos por sentadas muchas cosas de las que gozamos hoy en día. Pero éstas no existirían sin las largas jornadas de trabajo político, legal, social y comunitario que asumieron esas otras mujeres. No habría una ley para intervenir con la violencia doméstica, no se reconocerían nuestros derechos al voto, al trabajo, a la licencia por maternidad y cientos de cosas más. El balance final (más mujeres con dobles jornadas de trabajo, más jefas de familia) parece desfavorecernos por ratos. Eso no es verdad. Sólo debemos aceptar que mejorar nuestras condiciones de vida actuales fue la asignación que quedó para nosotras y el regalo que debemos hacer a nuestras hijas e hijos.
Debemos aprender a interpretar el entorno social que habitamos desde una perspectiva de mujer. La perspectiva tradicional, indudablemente masculina, nos confunde y nos mueve a aceptar principios que van en contra de nuestras vidas, de nuestro desarrollo, de nuestra dignidad.
Hay mujeres jóvenes que sienten que ya se logró todo lo que se podía lograr. Las invito a mirar desde sus propios ojos, las invito a cuestionar desde sus propias mentes, las invito a actuar desde un sentido honesto de lo que es la justicia. Reten la sociedad. Rétense a sí mismas y verán. Reten a sus parejas, a sus familias para que caminen junto a ustedes. Hay feministas para rato. Existirán mientras haya derechos que reclamar y mujeres que los reclamen. ¿Quién le teme a ser llamada feminista? Yo no.

11.8.06

La mala educación...

Existe la mala y la buena educación. La educación costosa versus la que depende de un mínimo de recursos y materiales. También existe la educación con perspectiva crítica y la educación vacía, que sólo se encarga de perpetuar el estatus quo. Por último existe la educación que se da en nuestras escuelas públicas. ¿Buena? ¿Mala? Es totalmente heterogénea. No es posible establecer si un sistema educativo es bueno o malo a base de meros criterios económicos. La mente humana no tiene precio y su capacidad de desarrollo y de expansión tampoco.

No deja de molestar, sin embargo, la constante alusión a la falta de recursos en nuestros planteles escolares. No porque no sea cierto, sino porque parece más bien la excusa perfecta para las mentes mediocres que se han anidado en nuestro sistema educativo y que sabotean nuestro más preciado recurso nacional: las mentes de nuestros niños y jóvenes.

Como ya dije, tenemos un sistema educativo muy heterogéneo. Por un lado, maestras y maestros excelentes dan a sus alumnos las herramientas y el conocimiento que les amplían su futuro aún sin libros, aún sin materiales, aún sin salones. Lo hacen con su rigurosidad, su modelaje, su responsabilidad y sus ganas de enseñar. Por otro lado, tenemos a los que apenas saben hablar coherentemente, mucho menos escribir con corrección y que se ausentan con tanta frecuencia que no nos explicamos cómo es posible que aún así cobren sus salarios quincenales y disfruten más de dos meses de vacaciones pagadas al año.

¿Qué hay que hacer para mejorar nuestro sistema educativo? ¿Asignar más dinero al Departamento de Educación? ¿No existen otras organizaciones exitosas con menos presupuesto y en espacios más pequeños y limitados, con menos recursos? ¡Ah, lo olvidaba! Esas organizaciones, la mayoría sin fines de lucro, trabajan con el corazón.

Tal vez, eso es lo que necesitamos. Trabajar la educación de nuestros hijos e hijas desde el corazón. Con compromiso. Sí, como nos comprometemos con otras cosas: con los clubes, los equipos deportivos, los centros comerciales… ¿Por qué no mejor asume el país entero un compromiso con la educación? Y de paso, algunos maestros pueden comprometerse también.

27.7.06

El valor del dinero

El valor del dinero parece ser el protagonista de los últimos acontecimientos políticos de este país. Un valor, que aunque no puede soslayarse a la hora de pensar en el presente y futuro de cualquier nación, no puede ser el único protagonista de nuestras luchas comunes. Si utilizamos como parámetro exclusivo para medir el éxito de un gobierno su capacidad para generar dinero y los falsos indicadores de progreso que tanto parecen gustarnos como pueblo, llevaremos no sólo a Puerto Rico, sino al planeta entero a su destrucción desde un punto de vista ecológico, pero también humano.

El panorama económico de Puerto Rico ya debería habernos hecho mirar a nuestro alrededor con una mirada un poco más crítica. Hay muchas voces y muy pocas luces. Aprendamos a desoír a quienes pretenden confundirnos y escuchemos a quienes nos instan a salvaguardar nuestra integridad humana. No podemos permitir que se nos impongan valores económicos por encima de los patrios, valores egoístas por encima del bienestar común, valores del destructivo desarrollismo de cemento por encima de la preservación de la vida y de las fuentes que la nutren desde nuestro medio ambiente.

La palabra “encrucijada” no deja de venir a cuento en un momento en el que efectivamente tenemos que comenzar a tomar decisiones como pueblo y no como meros seguidores de partidos políticos o consumidores de la propaganda urdida por los que realmente han tenido el poder en sus manos como si fuera un rehén que ya se rindió a su destino.

¿Seguirá siendo el valor del dinero el protagonista de nuestros próximos acontecimientos políticos? ¿O serán protagonistas nuestras comunidades, nuestra juventud, nuestra gente que es mayoría y que lo ha olvidado? Cuando miro las manos que nos honran con sus luchas desde las organizaciones sin fines de lucro y desde las comunidades que se han levantado sin violencia y con la fe en los demás seres humanos como única arma ante las debacles cotidianas que pretenden mantenerles al margen y en silencio, recupero la esperanza y renuevo mi compromiso con el futuro. ¿Cuánto equipaje inútil nos falta abandonar para entender que lo real es el valor de nuestro futuro común?

17.7.06

Vessica Piscis


Como vasija de pez... Esa traducción literal de la frase "vessica piscis" que alude a la representación de los genitales femeninos es a la vez una metáfora acerca de la capacidad de reproducción de las mujeres y de su infinita creatividad. Independientemente del sentido que se le pueda haber atribuido en el pasado a este símbolo, la verdad es que para las mujeres del siglo XXI su sentido debe ser una advertencia y a la vez una inspiración.

¿Cómo nos estamos relacionando con un entorno que es cada vez más complejo y más violento? ¿Cómo asumir la tarea de convertir en realidades las esperanzas de equidad que nos nutrieron en el pasado y que no han dejado de nutrirnos en nuestra vida actual? ¿Cómo reafirmar nuestros principios de paz, exigiendo que se les dé categoría humana y que se deje de hablar de los mismos como meros inventos femeninos?

El consenso, la sensibilidad, la inteligencia, la búsqueda de la justicia y la lucha por una sociedad de paz y equilibrio no tienen que ver con un género, sino con una raza completa, la humana.



15.6.06

Que corran las mujeres

¡Que corran las mujeres! Pero que corran a la legislatura, a las alcaldías y a la gobernación. Que corran en las próximas elecciones y se integren, de una vez, al mundo político de Puerto Rico. Ya hay países del mundo en los que las mujeres han alcanzado representación sustancial en los cuerpos legislativos y en las secretarías de estado. En Puerto Rico tenemos sólo unas cuantas legisladoras, una alcaldesa y un puñado de directoras de agencias públicas. Números, que en comparación con los de la representación masculina, demuestran una palpable falta de equidad.

¿Qué pasa? ¿Carecemos de liderazgo o de las destrezas necesarias para gobernar? ¡Claro que no! Las mujeres puertorriqueñas tenemos como grupo un nivel educativo más alto que muchos varones. Una visita a las oficinas de nuestros legisladores en el capitolio nos deja ver que aunque la mayor parte de ellos son hombres, sus asesoras y asistentes son mujeres. Eso quiere decir, que en todos nuestros partidos políticos hay mujeres que conocen lo que es legislar, lo que es gobernar, lo que es liderar. ¿Por qué no corren ellas u otras mujeres a esos puestos electivos? La pregunta amerita análisis.

Ya los dos principales partidos políticos del país comenzaron a reestructurarse de cara a las elecciones del 2008. Desde ahora, se está activando toda una maquinaria que de ser verdaderamente democrática, debería dar el espacio para que las mujeres, como 53% de nuestra población, ocupen un número proporcional de escaños y puestos públicos.

¿Nos hemos planteado las mujeres esa posibilidad? ¿Hemos pensado seriamente en correr para puestos electivos en lugar de dirigir y trabajar en campañas para otros que quizás no tengan nuestras capacidades de liderazgo y de acción? Ya es hora de que trabajemos para nosotras y que demos el paso decisivo para cruzar la línea que separa a las mujeres que ceden por costumbre el poder y la autoridad a los hombres de las mujeres que saben que el poder y la autoridad deben ser compartidos.

¡Que corran las mujeres! ¡Corran ya! ¡Que corran al futuro próximo con la certeza de que ellas también pueden gobernar, legislar y dirigir este país!

6.6.06

¡Presentes!

Hay quienes pregonan que la era de las mujeres parece haber terminado y que el activismo político y social que las caracterizó en décadas pasadas desapareció en medio de un aparente silencio que se manifestó en el ámbito público de los últimos años. Esta “ausencia” política se puso de relieve en medio de los acontecimientos de este mes. Un mes en el que el país despertó a una realidad que había querido ignorar tercamente y a pesar de todas las señales de alerta. Las mujeres no fueron la excepción, pero me atrevo a decir que muchas de ellas, de nosotras, no estábamos ni dormidas, ni silentes, ni ausentes. Simplemente estábamos ahí, pidiendo ser escuchadas y a la vez esperando el momento en el que alzar nuestras voces tuviera relevancia para todas y todos y no simplemente para unos cuantos escuchas empáticos con nuestras causas.
Sin pretender explicar en una breve columna las complejas causas por las cuales se hace tan difícil concertar un movimiento de mujeres que les garantice espacios políticos, económicos y sociales justos, sí debo decir que todavía nos queda por construir una visión común a todas y un sentido de pertenencia a un género que tiene su propia perspectiva de mundo y sus propios ofrecimientos y alternativas a la hora de construir una nación. No nos basta con pertenecer a los grupos que trabajan por las muchas causas que nos parecen urgentes como las luchas sindicales, ambientales y aún las de los partidos políticos. Eso no es suficiente, eso nos hizo ceder el liderato y acallar nuestras ideas y preocupaciones. Ahora estamos listas para estar presentes, y además, no nos queda otra opción. Estamos presentes de verdad, diciendo que no somos iguales a los hombres y que eso no nos hace ni mejores ni peores que ellos. Estar presentes es reclamar espacios de diálogo y aportar desde nuestras experiencias, desde nuestra visión de mundo, desde nuestros amplios conocimientos en múltiples disciplinas. Si estamos presentes, creceremos, aprenderemos y nos moveremos hacia donde siempre hemos querido movernos: la equidad.

31.5.06

365 días

Hombre, blanco, norteamericano, heterosexual, rico. ¿Qué día del año se conmemoran las luchas, logros y reivindicaciones de derechos de este grupo? No hacen falta días conmemorativos o marchas de concienciación para redimir los derechos de quienes están ya, por puro azar genético o socio-político en la cima del mundo. Sin embargo, sí tenemos que conmemorar, a veces con mucho dolor y con mucho esfuerzo, el día de las mujeres trabajadoras, el día de la abolición de la esclavitud, el día de los trabajadores y hasta el día de orgullo gay. ¿Qué tienen en común todas esas conmemoraciones y manifestaciones? Tienen en común el hecho de que existen por la necesidad de estas minorías de reafirmar su existencia y su derecho a vivir una vida justa, de equidad y de paz.

Pero, ¿son minorías realmente las mujeres, los negros, los trabajadores y los homosexuales? Sólo lo son en términos de apreciación pública, en términos del reconocimiento que el resto de la sociedad otorga a sus existencias, a su capacidad de desarrollo y a sus derechos humanos. Se les considera minorías porque se salen de la reglita del “hombre, blanco, norteamericano, heterosexual y rico”. Sin embargo, hay que decir alto y claro que en este país latinoamericano, mulato y tercermundista casi el 100% de la población cualifica para estar clasificada en al menos en una de estas minorías…
De todas ellas, y de otras minorías que no estoy mencionando en esta columna, la que es más atacada, más estigmatizada y aún más odiada, es de la de los homosexuales y todo el resto de la comunidad lésbica, bisexual y transexual. Irónicamente, si se pertenece a este sector de nuestra sociedad de nada vale tener los demás santos y señas de la mayoría blanca ya mencionada.
Cada mes de junio en Puerto Rico se celebra la parada “Orgullo gay”. Ese día, como siempre, la prensa cubrirá la manifestación, entrevistará marchantes y espectadores y comentará cómo ese día en específico, nuestras avenidas se ven inundadas de personas de diversas orientaciones sexuales. Esa misma prensa comentará cómo se abrazan y besan, se toman de la mano para marchar y cómo tratan de que el país entienda que el amor nunca es malo y que los seres humanos tienen la capacidad infinita de crear un mundo de justicia para todas y todos. Ese día, muchos y muchas marchantes de la comunidad LGBT llegarán a sus casas y se preguntarán, como se preguntarán muchos otros que no marcharon, por qué no pueden abrazar y besar a sus parejas en público el resto de los 365 días del año. Se mirarán en el espejo y se dirán con asombro que realmente no se sienten criminales ni seres que ameriten permanecer escondidos de la luz del dios en el que cada cual cree. Mirarán con amor a su compañera o compañero y no podrán evitar sentir una mezcla de desasosiego y de coraje ante la certeza de que en el estado actual de nuestras leyes no existe la posibilidad de vivir su amor desde una unión legal que les garantice la protección de la cual gozan las parejas casadas de heterosexuales.
Un día, de los 365 que tiene el año, no es suficiente para quienes son seres humanos todos los días y no sólo uno. Un día para vivir el amor en libertad no es suficiente para quien ama y vive desde ese amor cada momento de su vida y cada uno de sus actos. Para ser libres, respetados y respetadas, validados como seres humanos y humanas no hay limitación que se justifique y que pueda avasallar la ingente capacidad evolutiva de nuestra raza humana. La justicia y la equidad nos esperan al final del camino. La marcha es para los 365 días del año y uno más.

10.5.06

Mi cuerpo es el rehén...

Mi cuerpo es el rehén de las costumbres heredadas, de las maternidades asumidas como única opción, de la heterosexualidad y de toda una secuela de premisas que a veces ni notamos porque las damos por sentadas y les adjudicamos categoría de verdad. Es el rehén que utilizan “otros” para decirme, y decirle a otras mujeres, cómo amar, cómo pensar, cómo vivir y soñar, como si el sexo que nos tocó por mera casualidad biológica fuera una fuerza determinante que rodea nuestras mentes y espíritus para limitarlos.
Mi cuerpo es el rehén. Lo sé desde hace años y me sorprende que otras personas no lo noten. Más aún me sorprende ver a otras mujeres que conocen la insatisfacción diaria por los sueños abandonados, el agobio de maternidades no deseadas, la soledad de los sacrificios “familiares” y los cercos que les hacen los sí y no sociales y que, sin embargo, se niegan a ver su categoría de rehén de los fundamentalismos, de los roles estereotipados, de los prejuicios por su género.
Como rehenes, se supone que sigamos instrucciones so pena de sufrir las consecuencias. Como rehenes debemos callarnos y no hacer ruido para evitar que nos descubran al lado del que nos retiene. Debemos suprimir nuestro miedo para no perder el control y hacer cualquier cosa “emocional”. Debemos camuflajearnos en la masa de rehenes para que nuestra creatividad se mantenga a raya y no rete la autoridad con ideas descabelladas como la de la equidad ante los demás seres humanos.
Ser rehén y no darse cuenta de ello es estar en un estado de sumisión involuntaria que consume toda nuestra capacidad de crecimiento individual y común. No se crece, no se progresa y no se vive desde la entrega al control ajeno. No se alcanza justicia, no se protege a los nuestros, no se aspira a la paz cuando dejamos pasar un nuevo día tapándonos los ojos, los oídos y las bocas para evitar las represalias.
Nuestro instinto de conservación seguramente nos envía a menudo las señales de alerta. Nuestra responsabilidad es sentirlas e interpretarlas para actuar. La búsqueda de la libertad es parte de las grandes luchas de la raza humana y las mujeres no estamos al margen de ello.
Mi cuerpo, como rehén de la historia, sabe que llamar la atención de los captores es exponerse a que lancen sus piedras de odio, prejuicios y egoísmos. Ese mismo cuerpo también sabe que el espíritu que lo guía no está dispuesto a negociar más. Para negociar de verdad hace falta la equidad. Para negociar de verdad, debe haber libertad para pensar, desarrollarnos, crecer, amar y decidir.
¿Qué han hecho otras rehenes? Hace décadas que otras mujeres se levantaron y exigieron su liberación. Hoy hay una nueva generación que tiene el deber de liberarse a sí misma y pedir a las demás que actúen de conformidad con lo que debe ser una realidad que rebase los paradigmas históricos que empujaron nuestras luchas a los rincones de las causas prohibidas. Nuestra salud reproductiva y sexual, nuestro derecho a practicarnos un aborto y a vivir en paz independientemente de nuestra orientación sexual o condición social son derechos humanos que se unen a los derechos económicos que no podemos permitir que se vean como meras tonterías secundarias ante el estado actual del país. No podemos desenfocarnos ni permitir que los demás lo hagan.
En un momento como el que vive Puerto Rico, el trabajo honesto para restablecer un país que alberga a millones de seres humanos no puede estar en manos de quienes ya han demostrado estar por debajo de nuestras expectativas. Tampoco podemos permitirnos el que la discusión se limite a lo que nuestros captores estiman importante y continúe dejándose al margen lo que todas y todos sabemos. No hay país que sobreviva la falta de equidad, la falta de respeto por la vida y la falta de conciencia ética ante lo que representa la figura humana independientemente de su género.

Es hora de tener miedo

Si todavía no sienten miedo con lo que estamos viendo en Puerto Rico y el planeta, están tarde. La violencia económica y política que ya est...