14.3.17

No todas las organizaciones sin fines de lucro son iguales



No. No todas las organizaciones sin fines de lucro son iguales y es un error decir que hay una competencia descarnada entre ellas.

No somos iguales porque algunas preferimos perder dinero a perder principios. Otras le sirven a las opresiones y por eso les aceptan el dinero sin chistar y se hacen cómplices desde el silencio.

No somos iguales porque algunas estudiamos, hacemos pruebas, nos autoevaluamos constantemente y hasta desarrollamos nuestros propios modelos de trabajo para garantizar que adelantamos nuestra misión. Otras politiquean, presentan números maquillados, tienen buenas relaciones públicas aunque en el proceso reafirmen estereotipos y, en algunos casos, recurren a la religión como modelo de trabajo para justificar lo que hacen.

No somos iguales porque algunas sabemos que hay que dar servicios pero también hay que ser políticas. Otras se esconden tras un ideario filantrópico que perpetúa la dependencia y se cruza de brazos ante los males estructurales que atropellan a quienes sirven.

No somos iguales porque algunas no tenemos miedo y hemos estado dispuestas a pagar las consecuencias de denunciar, hablar claro y actuar. Otras susurran sus inconformidades, lloran si les quitan $1 y corren a retrtarse con el primero que les dé dinero.

No somos iguales porque algunas tenemos muy claro que se sin fines de lucro no equivale a ser ineficientes, poco profesionales o eternas inexpertas. Otras fomentan el descuido en el trabajo, anidan en su interior a gente que no merece el honor de servir al prójimo y les restan valor al trabajo de todas las demás.

No somos iguales. Y si no somos iguales, no podemos hablar de competencia sino de autodefensa de los espacios que algunas se ganan a pulmón y con mucho trabajo. Hablar de competencia y llevarnos al mezquino campo de las empresas que priorizan el capital sobre lo humano es hacerle un favor a quienes nos quieren sacar del medio porque estorbamos en el gran plan que por siglos ha servido para acrecentar las desigualdades y concentrar la riqueza en las manos de unos pocos.

No somos iguales pero sí somos solidarias y estamos dispuestas a apoyar a las otras organizaciones que trabajan por y para los derechos humanos de todas y todos.


Ser solidarias no es ser ilusas e ir regalándonos a quienes no merecen nuestra energía. Para algo tenemos conciencia e inteligencia.

13.3.17

Del negociado de carnets feministas



Hablemos del "Negociado de Carnets Feministas". Es terrible ver como se trata de dividirnos usando estrategias de juicios rígidos que levantan sospechas, resentimientos y malestares que le quitan energías al trabajo que todas queremos hacer.

El feminismo que yo vivo no usa ni pone etiquetas. Reconoce el valor de los esfuerzos ajenos y aunque difiera de algunas estrategias, he aprendido que según de diversas somos, así de diversas son nuestras miradas y nuestras formas de vivir la lucha por la equidad.

Todas podemos equivocarnos y todas podemos tener ideas geniales. Y de ese entramado que se nutre de rabia, paciencia, amor, solidaridad, encuentros y desencuentros, trabajo intenso, periodos de pausas obligadas por el cansancio o situaciones personales, bailes y lágrimas... es que las mujeres hemos caminado el largo trecho de siglos que nos ha traído hasta el día de hoy.


Yo no sabría clasificar mi trabajo feminista bajo alguna teoría particular. El Puerto Rico de hoy es demasiado complejo para las mujeres como para encerrarnos nosotras mismas en una caja de reglas de comportamiento. Y como no sé clasificarme, tampoco clasifico a otras. Las miro. Hago mi mejor esfuerzo para entenderlas y hago lo que puedo para lograr un buen trabajo desde donde estoy. Sé que eso hacen muchas más. Por eso no pierdo la esperanza y me levanto cada día a trabajar.

12.3.17

Tiempos extraordinarios

La Junta de Control Imperial la ha tenido fácil hasta ahora.
El gobierno se sabe ilegítimo porque es culpable de aumentar y patrocinar las desigualdades y el discrimen en el país, así que no tiene forma de ganar apoyo de la gente.
Las ONGs que dan servicios a personas vulnerables tienen las manos llenas y se desesperan porque es muy difícil cumplir con quienes nos necesitan y estar en la calle con la frecuencia requerida. En contraste, las que viven de esas personas vulnerables no quieren hacer nada. Son cómplices.
Las izquierdas siguen en guerras ideológicas que rayan en el fundamentalismo. La rigidez crea guerras que enfocan la energía de ataque en quienes deberían ser aliadxs y con eso fortalecen a quien de verdad deberíamos estar aniquilando.
Y los partidos, pues, haciendo turno pal 2020.
Tal vez hay que remirar y hacérselo difícil a la Junta y al Gobierno ilegítimo. En Matria estamos en esas. Como organización y a nivel personal. Es la única forma de superar el shock que nos han querido producir. No es de 8 a 4. Es trabajo de todos los días.
En tiempos extraordinarios es una estupidez pretender vivir vidas ordinarias.

9.3.17

Las flores de ayer



Deben quedar muchas flores y sus pétalos en los espacios que ayer se usaron para felicitar a las mujeres. La memoria de décadas viendo pasar los 8 de marzo, me da una imagen bastante detallada de las flores, las felicitaciones, las charlas motivacionales, la sorna de algunos, la sonrisa inocente de algunas, el no saber qué contestar de otras, la furia de las que no le aguantan nada a nadie, la paciente combatividad de las que han transitado los caminos del coraje y están en otro momento de sus vidas, las columnas, los memes, las lecciones que se construyen en los pequeños actos de todo el día y los temblores que se provocan desde manifestaciones y actos de desobediencia civil.

Las flores de ayer son las mismas que nos llegan el día de San Valentín y el Día de las Madres. Son de esos homenajes que perturban a las mujeres que reconocemos en ellas la muerte, la pobreza y la infelicidad que sirven de abono a la tierra desde la cual nos llegan. Vemos en las flores de ayer la reiteración de la imagen de fragilidad que se nos endilga por ser mujeres. Vemos la idealización con la cual nos compara la gente de nuestro entorno. Nos quieren acicaladas, sonrojadas con los halagos, silenciosas, sacrificadas y amorosas. Nos quieren como algunas de nosotras se quieren a sí mismas, acomodadas de manera exclusiva en el lugar de madres, esposas y trabajadoras con dobles y triples jornadas asumidas con agradecimiento. 

Las flores de ayer aún deben estar adornando escritorios. Quién sabe cuánto durarán. De la misma manera, las felicitaciones vacías todavía vuelan en ondas sonoras que chocarán con algún puño, alguna carta de despido en el gobierno, un cheque más pequeño para alguna pensionada o el cristal de recepción de alguna oficina médica en la que le nieguen servicio a una de las flores-mujeres de ayer.

Las flores de ayer son como las flores que acompañan la muerte en tantas culturas en las que una mujer muerta vale en proporción a la manera en que se haya ajustado al sistema y cumplido con las expectativas del padre, la madre, el marido y los hijos. Llueven flores para las más sufridas y el silencio se hace denso en torno a ellas porque nadie quiere hablar de las renuncias, el maltrato y su pobreza.

¿Cuánta belleza puede encerrar una flor? Infinita belleza. Contrario a las flores de ayer, hay tantas otras flores en otros tantos días… Las flores que nos alegran el día, las que agradecen, las que son mensajeras de esperanza, las que adornan las mesas de trabajo que acumulan ideas, estrategias y luchas que luego se derraman por la vida de nosotras mismas para hacernos más fuertes, más solidarias y más libres.

Ayer no pasaron flores por mis manos. Mejor que flores, recibí a través de mis manos inquietas las noticias en redes y en medios digitales de todo lo que movieron otras manos en Puerto Rico y el mundo para visibilizar las desigualdades que nos siguen matando, restando dignidad, sumiendo en la pobreza y excluyéndonos del poder. Sí se me inundaron los brazos de abrazos a otras mujeres y hombres que alimentaron mi día en los distintos espacios de lucha y reflexión que transitamos en colectivo.

Las flores de ayer se marchitarán. Como se marchita el patriarcado con cada vuelta al sol que da la humanidad. Como se marchitará el machismo que se alimenta de las entrañas de hombres y mujeres que todavía no entienden de lo que hablamos ayer, pero ya lo entenderán, y verán y lucharán como nosotras.

Las flores de ayer, desprendidas de  la tierra, no tienen forma de crecer más. Pero las semillas que hemos sembrado por siglos, con paciencia, con amor y con la persistencia de quienes saben que están a cargo de una tarea preciosa y necesaria, germinarán. Nuestras semillas germinarán, crecerán, se enredarán con las ramas fuertes y dignas de los árboles que otras sembraron antes que nosotras y también florecerán, darán frutos, se harán infinitas como las consignas y cánticos de esperanza y lucha que ayer paralizaron a Puerto Rico y el mundo.

Las flores de ayer se olvidarán. Las de nosotras son parte de la historia.

5.3.17

O'Neill: ¡Renuncia!

El #AlcaldeONeill  solo una muestra de la #ViolenciadeGénero que corrompe nuestro sistema político y legal.

Hay múltiples lecturas que hacer de este caso:

1) Machismo, violencia y política- Este caso nos confronta con una realidad que mucha gente quiere negar. Estamos en un cuatrienio donde el machismo ganó las elecciones. Ganó la Gobernación un hombre que se comprometió a eliminar estrategias de prevención de violencia para sustituirlas por acciones benévolamente sexistas que refuerzan los estereotipos que nos matan. Ganó la Legislatura una horda de piratas que ven a las mujeres como sirvientas del patriarcado y que ahora mismo están destruyendo el trabajo de décadas para erradicar distintas manifestaciones de la violencia hacia nosotras. Y ganaron alcaldes como este, a pesar de las acusaciones. Nuestro país sigue considerando el machismo como un "defectito menor" en el historial de los candidatos y por eso O'Neill fue reelecto.

2)  Litigación sin #PerspectivaDeGénero- A pesar de los cánones de ética y de los tratados y estudios internacionales que nos dicen a lxs abogadxs tenemos que trabajar considerando la paz, seguridad y #Equidad de las mujeres, predomina en muchos compañeros el deseo de ganar (un caso, fama y dinero) y para ello recurren a los lugares comunes del lenguaje y comportamiento machistas. Minimizan los alcances de la violencia, culpan a las víctimas, las hacen parecer exageradas cuando se expresan y exacerban la opinión pública en su contra. Por eso creen que, como en este caso, hacer una transacción y comprar la paz es suficiente.

3) Quién defiende a las mujeres: Algunas de ellas. Sólo algunas de ellas- El silencio o excusas de jefas de agencias y la crítica velada o abierta de otras que juzgan a la empleada víctima del hostigamiento la declaran culpable, crean un escenario social desalentador para otras víctimas que se deben estar preguntando si tendrán paz y justicia en algún momento. Por suerte, hay defensoras verticales en muchos espacios civiles, que están dispuestas a hacer lo que haga falta para la seguridad de las otras. Esos espacios que hemos construido en la sociedad civil requieren ser fortalecidos para hacer frente al Gobierno, la Legislatura y al sistema de Justicia cuando no saben o no quieren responder a la violencia hacia las mujeres.

O'Neill no renunció. Habrá que obligarlo.
Luego habrá que velar que no pongan en su puesto otro hijo del patriarcado.

#ONeillRenuncia

21.1.17

Las mujeres marchamos


21 de enero de 2017

Las mujeres llevamos siglos marchando.
Llevamos siglos marchando y nadie nos parará.

De miles de maneras.

En las largas filas de la migraciones impuestas por las guerras.
En los ejércitos de voluntarias que han sanado, cuidado y alentado a los frágiles de la humanidad en momentos de enfermedad, pobreza y persecución.
En los pasillos laberínticos de palacios de ley y orden en los que sus voces han debido escurrirse rendija a rendija, de oído en oído hasta llegar a la voz autorizada por el régimen de turno para que la justicia adelante un paso a nuestro favor.
En las multitudes que han tomado bastillas, calles, plazas y países para exigir respeto a la vida, a la paz y a la equidad.
En los frentes de guerra por los derechos civiles de todas y todos.
En las calles de tierra y barro de nuestra América Latina para defender tierra y agua.
En los desiertos que cobran su cuota de vida por cada paso que conceden en huidas necesarias.
En los mares del mundo, en barcazas de sueños y pesadillas.
En las grandes avenidas de los imperios y las estrechas calles de ciudades caribeñas de frente, siempre de frente.

Y hemos marchado con nuestros hijos e hijas a cuestas.
Con el barrio.
Con la fe mordiéndonos las pantorrillas para detenernos con las cadenas de las opresiones internalizadas o aguantando nuestros cuerpos cansados cuando todo parece terminar en un callejón sin salida.
Con madres y padres recordándonos que marchar es peligroso.
Con amigas que en el camino pueden cansarse tanto que elijan dar la espalda y trazar otras rutas.
Con amores que nos rompen el alma cuando convierten el marchar en la semilla de ultimátums entre presente y futuro.
Con el corazón en la mano.
Con las expectativas ajenas pesándonos en el pecho.
Con el odio de nuestros enemigos como una espada que pende sobre nuestras cabezas.
Con el dolor de otras mujeres como una carga que se asume por puro amor.
Con la historia susurrándonos derrotas y victorias del pasado para que aprendamos la lección.

Las mujeres hemos marchado por siglos.
Y el marchar es mucho más que andar.
Es saber y escuchar a otras que saben.
Es elegir entre lo propio y lo colectivo.
Es abandonarse a los ríos de energía que nos reclaman ser parte de los cambios necesarios.
Es mirar el cansancio propio desde la distancia y luego bailar la danza de las guerras que son más que sagradas, son guerras para garantizar la dignidad de nuestras existencias.
Es contar las horas y multiplicarlas con la magia de nuestra voluntad para estar en cada frente, cada batalla, cada acción y cada abrazo necesario para caminar hacia la equidad, la vida y la alegría.
Es mirar de frente a quien nos amenaza y sonreír sabiendo que venceremos su maldad.

Las mujeres marchamos por miles de razones.
Para defender nuestros cuerpos y plantar la bandera de la autonomía frente a quienes creen que somos un producto de consumo o un animal de granja que pare para los amos.
Para reclamar justicia para nuestras muertas y hacer eternos sus nombres desde la voz de sus hermanas.
Para que cada niña pueda soñar.
Para que cada niña llegue a ser la mujer que tiene que ser.
Para enfrentar juntas, gobiernos y agresores que creen que nos pueden aplastar.
Para que en las mesas de todas las mujeres de la humanidad haya alimentos, dignidad y paz.
Para que el mundo reciba los frutos de nuestros talentos y sea un mejor mundo para la humanidad.

Las mujeres marchamos.
Marchamos sin miedo.
Marchamos porque queremos y porque podemos.
Con rabia.
Con esperanza.
Con amor.
Y seguiremos marchando hasta la equidad.

2.1.17

Yo no vi la juramentación...

Yo no vi la juramentación.
No he leído noticias sobre ella.
Y no es por enajenación.
Por meses leí noticias. Leí plataformas. Me cercioré de conocer y entender las alianzas del PNP y los compromisos de sus candidatos.
Por años he seguido de cerca sus acciones, vi de cerca las consecuencias de las acciones de su último turno para gobernar.
No necesitaba escuchar ni ver hoy para saber lo que vienen a hacer...
... ni para saber quiénes se limitarán a criticar sin hacer nada al respeto...
... quiénes se callarán por cobardía...
... quiénes mirarán para otro lado...
... quiénes usarán el pesimismo como excusa para enajenarse porque "no vale la pena sacrificar tiempo de ocio, descanso y familia"..
...y quiénes dirán que no queda más opción que bregar y guisar con quienes destruyen al país...
Antes se me rompía el corazón con esas cosas y las traiciones y abandonos que las acompañan.
Ahora, es posible que me rompa el corazón de nuevo, pero no la voluntad para hacer lo correcto. Porque ya sé, y muchxs saben, lo que viene. Y se necesitará mucho amor, solidaridad, coraje (y un chin de terquedad) para meterle tiempo y trabajo a la construcción de la matria que queremos.
No tenemos que ser una multitud. Basta con que logremos crear el peso necesario para empujar lo demás. Sin alardes ni anuncios grandilocuentes. En silencio. Desde abajo.
Eso. Así está mi 2017. Y sin perder la alegría a pesar de ver la realidad.

1.1.17

A las 12:12am del 1 de enero del 2017

Mi deseo:
Que la vida les permita mantener la misma energía y dedicación con las que prepararon la despedida del 2016 para reconstruir en el 2017 la matria/patria que nos queda.
Que sus deseos para el año nuevo se cumplan, en especial si son deseos para el bienestar colectivo.
Ni una mujer muerta violentamente en el 2017.
Ni un joven más asesinado por culpa del tráfico de drogas.
Ni un/a niñx más aterrorizadx ni muertx por el maltrato.
Ni un/a joven más expulsadx de su familia por su orientación sexual o identidad de género.
Ni una persona más sufriendo su vejez en soledad y pobreza.
Ni un hombre más amarrado a la violencia con la que el machismo les cría.
Ni una persona más sintiéndose desamada, discriminada, sola, triste o en pobreza.
Paz. Solidaridad. Amor.
Libertad.

26.8.16

Hablemos de pobreza y PAN

Foto por Jack Delano/ Niñas y niños en Barranquitas
Nota de la autora: Hablemos de pobreza y del PAN. Hay que seguir hablando porque es nos toca como país donde las desigualdades han arrinconado en la pobreza a cientos de miles de personas. Acá mi columna sobre el tema. Comparte, por favor. Necesitamos que la gente entienda de que en estas elecciones este es un tema central y que tenemos que cambiar la manera de pensar el rol del gobierno.

Pensar que la nueva regulación del PAN no afecta a las poblaciones más vulnerables de la Isla sólo es posible si se viviera en una burbuja. La noticia emitida en el día de ayer por el Departamento de la Familia es desoladora para miles de familias de la Isla que dependen del PAN para sostenerse precariamente en un país donde las estadísticas apuntan a un nivel de pobreza que debería alarmarnos a todas.

El verano pasado, el Instituto de la Juventud reveló los resultados de un estudio sobre el estado de bienestar de nuestras niñas, niños y jóvenes. Cerca del 57% vive en pobreza, un 84% vive en zonas de alta pobreza. Su pobreza no es fortuita, es heredada de madres y padres que también la viven y que enfrentan un clima económico en el cual no hay empleos. Más de la mitad de las madres y padres de estas niñas y niños no tienen un empleo seguro.  No lo tienen porque no existen empleos seguros en una Isla donde sólo hay trabajos de temporada, a medio tiempo y con salario mínimo que te dejan en el bolsillo, si acaso, $570 mensuales. ¿Son pobres porque no saben cómo gastar los $8 a $19 que reciben a diario del PAN o de un trabajo precario? ¿Cómo se vive con esa cantidad?

Si miramos la población de edad avanzada, no es un secreto que también en ella existen altas tasas de pobreza que se complica con situaciones de salud que no son efectivamente atendidas por el sistema de salud. Una persona sola, que no pueda trabajar y que no reciba otro apoyo familiar, deberá pagar alquiler, agua, luz, medicamentos y alimentos con lo poco que reciba del PAN. ¿Son nuestras personas viejas pobres porque son vagas y no saben gastar bien los $4.50 diarios del PAN?  

Definamos pobreza correctamente y no según los estereotipos que tanto le gustan a ciertos grupos para lavarse la conciencia. Si bien es cierto que la pobreza en otros países es de la que sólo tiene $1 para pasar el día, la pobreza de nuestra Isla no es menos mala. Pobreza es tener que comprar alimentos de bajo valor nutricional y que te enferman porque no puedes pagar los saludables. Pobreza es también tener que elegir entre comida o medicamentos porque no puedes pagar los dos. Pobreza es pagar la luz un mes y el agua al siguiente porque no tienes con qué pagar y para eso, sacas cada pesito que te sobra del PAN. Pobreza es no poder ir a un hospital porque no tienes cómo o porque no puedes pagar el deducible. Olvídense de carros, ropa y otros gastos. En Puerto Rico hay gente que no puede pensar en eso. Esa misma gente es la que ha caminado la seca y la meca buscando empleos que le niegan o la que montó un puestecito de ventas y tuvo que cerrarlo porque no tenía los recursos para cumplir con todo lo que pide el gobierno. De todo eso se trata la pobreza y también del estigma, del prejuicio y la invisibilidad.

Esa misma invisibilidad es la que nos tiene hoy aquí. Dependiendo de una regulación federal sobre la cual no tenemos ningún poder y viendo al gobierno sin un plan alterno. Negar la pobreza y estigmatizarla es la mejor excusa para no hacer lo que nos toca. ¿Y qué nos toca? Se preguntará usted mientras piensa que la pobreza es un monstruo grande que no puede eliminarse.  Sepa que la pobreza tiene remedio y lo han demostrado modelos de trabajo que apuestan a la educación, el apoderamiento, la inversión social y el desarrollo económico comunitario. Lo han demostrado con resultados y a un costo menor del que tienen las inversiones en megatiendas que crean empleos a tiempo parcial y que pagan con subsidios o empresas de alto nivel que necesitan $200 millones para crear 10 empleos.

La eliminación del efectivo del PAN podría parecer algo lógico si se considera que es una ayuda para alimentos. Sólo que es una lógica fría y despiadada que ignora el contexto en el cual se da.  Nuestro gobierno sabía desde hace más de 10 años que no podía depender exclusivamente del PAN o de ayudas federales para sostener a las miles de familias que viven en pobreza. Lo sabía y no hizo nada. Invirtió en incentivos industriales y corporativos cuyos resultados no han auditado y en contratos nacidos de la corrupción.  Hoy eso lo pagarán cientos de miles de niñas y niños, sus familias y nuestra población envejecida. También lo pagarán los pequeños comercios que no son parte de la red de proveedores de la tarjeta electrónica y veremos toda una cascada de consecuencias que sólo traerá más pobreza.

¿Hasta cuándo nuestra gente que vive en pobreza aguantará? Quienes creemos en la justicia social y económica no podemos quedarnos de brazos cruzados. El gobierno tampoco. La crisis humanitaria que se había predicho ya es una realidad, pero es una realidad que no tenemos que aceptar y que tenemos el deber de cambiar.

Para leer más de lo que he escrito del tema, puedes ver la columna que escribí para 80 Grados en el 2013 y que se llama $11 al día

25.8.16

Los pantalones de Luisa y de Karina




Hace más de un siglo, Luisa Capetillo usó pantalones en público y se convirtió en el centro de ataques de todo tipo. Ataques que tenían como fundamento la noción de que las mujeres debían sujetarse a un código de vestimenta que excluía los pantalones.

Ahora, en pleno Siglo XXI no son los pantalones de Luisa los que causan revuelo, sino los de Karina. Cuando ya dábamos por sentado que el uso de pantalones por las mujeres es cosa normal, una escuela de Comerío nos recordó que en el Departamento de Educación hay un doble discurso al hablar de equidad.  Uno, el que aparece escrito en sus cartas circulares sobre equidad, uniformes y acoso escolar. Otro, el que se construye con actos y no con palabras y que nos habla de juicios morales, discrimen y violencia institucional. ¿Todo eso por unos pantalones? Todo eso y más.

A Karina se le privó de su derecho a la educación por no usar el uniforme aprobado en la escuela. Resulta que en esa escuela el uniforme aprobado para las niñas es el de falda y al reunirse con el Secretario de Educación le dijeron que si desea pantalón, debe usar el uniforme de los varones. Más allá de si a Karina le gustó o no esa opción, el punto importante aquí es el siguiente: ni esa escuela, ni ninguna otra escuela pública de la Isla debería prohibir el uso de pantalones a las niñas y jóvenes. Esa debería ser una opción estándar en todo código de vestimenta escolar.

Las razones son muchas. Tenemos dos cartas circulares del 2015. Una sobre equidad en la educación y otra en la que el propio departamento reconoce que no se debe lacerar la dignidad de una estudiante por no usar el uniforme y que tampoco se le debe privar de su derecho a la educación. ¿Otra razón? ¿A quién se le ocurre prohibir a una joven usar pantalones?


Entonces, apareció Karina y luego otras estudiantes de la misma escuela para repetir lo que Luisa Capetillo tuvo que hacer antes: retar la rigidez y la desigualdad. Retar al sistema educativo que debía existir para liberar seres humanos y no para oprimir. Retarnos a nosotras a hacer más porque hay más, mucho más que hacer. Esto no se trata de los pantalones. Se trata de mucho más, de un sistema que se niega a cambiar, de funcionarias que se creen con derecho a imponerse por encima de políticas públicas y de la incapacidad del Secretario de hacer valer su palabra empeñada hace más de un año a favor de la equidad. Si esto pasa por unos pantalones, ¿qué esperar del Departamento cuando haya que trabajar por lo demás? Por cierto: ¿Cómo vamos con el currículo de equidad y los adiestramientos a educadoras y educadores? Coquí.

5.8.16

La Parguera es nuestra



(Originalmente publicada como entrada en facebook)

La Parguera es nuestra. Como país. Y su belleza y su riqueza nos tientan de maneras terribles para violentar el derecho al disfrute y la posesión colectiva de su costa.
Nos tienta el apego a lo material, el privilegio que se nos hace invisible porque terminamos aceptándolo como algo natural. Nos tienta la idea de que algún día nosotrxs también tendremos nuestro cantito de costa. Nos tientan sueños de un país que jamás debimos pensar así porque miren lo que nos cuesta hoy. Las casas de la Parguera son el resultado de no haber sabido resistir las tentaciones.
Y ante esas tentaciones, muchxs han desarrollado una nueva conciencia de resistencia que se expande desde la solidaridad para reclamar que las playas no están sujetas ni al apego ni al privilegio. Las playas y las costas no son cantitos de algo que se vende o se posee desde lo individual.
Si el mar es infinito, infinito debe ser el derecho a llegar a él y sumergirse en su energía. Infinito el derecho a la vida del resto de la naturaleza que lo habita y lo hace mágico y a la vez indispensable para el planeta.
Estoy segura de que el Gobernador Alejandro García Padilla lo sabe. Ojalá acabe de vetar el ‪#‎PS1621‬. Para que lxs demás estemos en paz y sintamos que poco a poco recuperamos algo del país que nos han estado quitando.
‪#‎LaParguera‬ no sólo es tentación. Hoy es resistencia. También es inspiración.

12.7.16

Carne de Cañón

Publicada originalmente en 2011

Nota: Esta columna tiene cinco años pero releyéndola, la siento pertinente. Ni lxs jóvenes del #CampamentoContraLaJunta ni las comunidades que se afectarán con PROMESA, ni los grupos que al día de hoy son discriminados y violentados deben dejarse solos en esta coyuntura histórica.  Si el país es de todxs, todxs tenemos el deber de trabajar para él. 

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Ninguna nación puede darse el lujo de utilizar a sus jóvenes como carne de cañón.  Sin embargo, como país lo hicimos, lo hacemos y tal parece que lo seguiremos haciendo.  ¿Hasta cuándo? 

Las guerras del Siglo XX y el envío masivo de jóvenes puertorriqueños al campo de batalla son, tal vez,  las primeras imágenes que nos vienen a la cabeza al decir “carne de cañón”.  Estas imágenes trascienden de inmediato la palabra y construyen todo un entramado mental de carne, sangre, vísceras, dolor, pérdida y lágrimas.  No sólo pensamos en el sufrimiento de los jóvenes que murieron- o sobrevivieron- en las batallas libradas en Europa, Korea, Vietnam, Afganistán e Irak, sino en el de sus familias y barrios.  La guerra, como sinónimo de violencia, y la violencia como sinónimo de muerte quedan fácilmente impresas en nuestra conciencia como parte de la definición de “carne de cañón”.   

La oscuridad del concepto de “carne de cañón” no se limita a esa analogía de imágenes y palabras.  Su sombra se proyecta sobre la sociedad porque establece una medida de desigualdad, de inferioridad, de odio o de menosprecio hacia grupos raciales o sociales cuya vulnerabilidad los convierte en municiones desechables.  En las guerras del Siglo XX que nos involucraron como pueblo, la carne de cañón no estuvo hecha de jóvenes blancos, adinerados, heterosexuales y perfectamente armonizados con el sistema de supremacía racial y social que por siglos caracterizó a los Estados Unidos.  La carne de cañón era negra, latina y pobre.  Esa carne era desechable porque era desigual. 

Las sociedades que permiten que los grupos vulnerables se conviertan en las municiones de sus guerras sociales o políticas, consienten la apertura de nuevos mercados de carne humana para ser utilizada como carne de cañón.  Con esta actitud pasiva atrasan el desarrollo del país y crean un ambiente de conspiración silenciosa que secunda las acciones gubernamentales y privadas cuando éstas atentan contra derechos humanos fundamentales. 

¿Quién se beneficia con esto?  Quienes siempre se han beneficiado de la desigualdad, de la pobreza, de la ignorancia colectiva, del miedo, de la violencia social… los grupos con poder económico y político que necesitan mantener control de nuestros recursos e ideas para que no cuestionemos sus privilegios.  Es importante, además, que no perdamos de vista el rol de las principales religiones dentro de esta estructura.  Más que un centro de poder en sí misma, es un instrumento para el poder y el control. 

¿A quiénes estamos utilizando como carne de cañón en nuestra Isla en estos días?  A la juventud, a los gays, a las mujeres, a las comunidades que están en proceso de desalojo, a la niñez que se cría en medio del narcotráfico o que crece pensando que esa es su mejor alternativa. 

La carne de cañón del Puerto Rico de hoy es la gente que se ve obligada a dar el frente, a coger palos y macanazos, a exponer su vida y sus bienes y a arriesgar su propio futuro para defender valores y derechos que deberían ser defendidos por el país completo. 

En la Universidad de Puerto Rico, se está librando una feroz batalla ideológica en la cual nuestra juventud está siendo agredida, arrestada, perseguida y expulsada de su centro de estudios*.  Esa batalla está enmarcada en la defensa del derecho a una educación universitaria de calidad y accesible a toda clase social.  No es una batalla de los y las estudiantes, es del pueblo.  Tiene que darse para garantizar que la niñez de nuestras comunidades tenga en el futuro la oportunidad de desarrollarse profesionalmente e integrarse a los procesos de gobernanza democrática de la Isla.   La respuesta de la administración universitaria y del gobierno, nos hace levantar una bandera de alerta ya que más allá del derecho a la educación, están en juego otros derechos fundamentales para nuestra democracia como el derecho a la libre expresión, a la reunión, al libre pensamiento y a la libertad individual. 
 
Dejar los y las estudiantes solos y solas es dejar que se conviertan en carne de cañón.

Las comunidades en peligro de ser desalojadas defienden otro gran grupo de derechos y valores democráticos: el derecho a la vivienda, a la vida en comunidad, a desarrollar vínculos comunitarios fuertes y saludables, a crear espacios para el desarrollo y bienestar común.  Sin embargo, ellas también se enfrentan solas a la policía, a los tribunales y a las empresas desarrolladoras que influyen las decisiones gubernamentales. 

Al dejarlas solas a las comunidades, las utilizamos como carne de cañón en una batalla en la que se juega el derecho a la vivienda y seguridad de cada comunidad de la Isla… incluyendo aquellas en las cuales el resto de nosotras y nosotros se crió o vive. 

Si miramos a las mujeres y cómo la violencia machista nos arrebata la vida, también podemos vernos como la carne del cañón de la desigualdad que se dispara con cada nuevo asesinato o agresión.  Dejamos que las mujeres y sus niños y niñas mueran poco a poco y esperamos con paciencia indiferente a que otro u otra les releve en su batalla por la vida sin sentirnos obligadas a entrar en el campo de batalla.  Una batalla que hoy por hoy tiene a un lado del campo al gobierno y a los sectores fundamentalistas y al otro a las mujeres y su derecho a la equidad, la vida y la felicidad. 

Cada vez que una mujer es asesinada, y se convierte en la carne de cañón en la guerra entre el machismo y la equidad, no podemos lavarnos las manos y pensar que las tenemos limpias de pólvora. 

La comunidad lésbica-homosexual-bisexual-transexual-transgénero e intersexual (LHBTTI) es otra de las comunidades que corre el riesgo de luchar sola.  El silencio o el rechazo que rodea nuestra existencia en los distintos núcleos sociales y luchas políticas, equivale en muchas ocasiones a falta de solidaridad.  Esto a pesar de que defender nuestra equidad es defender la equidad de otros sectores y el derecho a la intimidad.  La batalla de la comunidad LHBTTI se libra en múltiples frentes: en la familia, en el trabajo, en el barrio y en la calle. 

Nuestros muertos son muchos: jóvenes que se suicidan, transexuales asesinadas, adultos que mueren en medio de la soledad y la pobreza, víctimas del VIH y de los estigmas que les privan de servicios.  Ellos y ellas son la carne de cañón que nuestra sociedad utiliza de camino a la obtención de la equidad.

Si nos molesta y nos repugna la idea de que nuestros jóvenes sean carne de cañón para el ejército, ¿por qué aceptamos que otros grupos de nuestra sociedad sean la carne de cañón que se macera y se tritura en nuestras guerras sociales?  Quizás porque nos negamos a aceptar ese estado de guerra a pesar de las muertes y la desolación que nos arropa. 

Las guerras sociales y el sacrificio de grupos como carne de cañón no deben existir.  De hecho, no tienen que existir.  Cuando cada ciudadana y ciudadano asume responsabilidad por la parte que le toca para adelantar el bienestar común, se posiciona a favor de esas poblaciones vulnerables y fortalece el ejercicio de los derechos humanos de su país.  En nuestra Isla esa parece ser la única alternativa.  Una alternativa que hay que elegir con urgencia porque mientras más tiempo dejemos pasar sin actuar, más vidas serán sacrificadas, más derechos serán violentados y más difícil será rescatar para nosotras y las generaciones futuras la equidad y la felicidad como parte de nuestra realidad.
 
*Esta columna es de hace vario años.

2.7.16

Politiquerías


 
Por décadas se nos ha ordenado que no hablemos de política. Nos los dicen con rótulos en negocios, mandatos de silencio en las casas, caras de angustia cuando alguien pone sobre la mesa temas que incomodan.  Y así, mientras el país se silencia porque hablar de política parece inapropiado, otros hablan de politiquerías y se siguen robando nuestro futuro con la avaricia y la seguridad de quienes se saben impunes.

No es extraño que se haya suprimido de nuestra cotidianidad social la política y que se le haya superpuesto ese nombre a las prácticas de saqueo, discrimen y violencia de estado a las que se nos somete consistentemente. Para colmo, a la política se le ha endilgado el adjetivo de “sucia” y nadie quiere ensuciarse con ella.  Esa supresión y ese silenciar nos desapoderan frente a estructuras como el gobierno, iglesias y empresas privadas y nos lleva a concluir que aquí no hay nada que hacer. Si no hay nada que hacer, se concluiría, tampoco hay nada que soñar, que cambiar o que mejorar. 

La política, sin embargo, es mucho más que lo que hemos soportado en nuestra historia reciente.  Hablar de política, hacer política, trabajar políticamente es organizar nuestra vida colectiva desde la libertad y la equidad.  Es reconciliar opuestos, tener esperanza, saberse con poder, elegir la acción frente a la queja.  Es, en fin, reconocerse como ciudadanas y ciudadanos con derechos y con deberes. 

Las luchas de las mujeres, de las comunidades LGBTT, de las estudiantes y de las comunidades que se niegan a la expropiación, son políticas.  Por algo levantan respuestas violentas del Estado. Por algo la propaganda conservadora demoniza a su liderato.  Cada una de esas luchas reafirma una voluntad de libertad que aterroriza a quienes se benefician de la inacción del colectivo.

¿Es la política actividad exclusiva de los partidos?  No lo es. Realmente es parte de nuestro deber como personas que conviven en sociedad. Un deber que va más allá de votar cada cuatro años y que nos requiere mirar con atención lo que pasa en nuestro entorno.  Negar nuestra dimensión política como personas es entregarnos a la voluntad ajena.

En este momento estamos obligadas a rescatar el espacio político cedido gracias a la manipulación perversa de los partidos antiguos y de los sirvientes que se benefician del estatus colonial y de las desigualdades.  Ya hemos pagado un precio demasiado alto: asesinatos por homofobia, una colonia endeudada, violencia hacia las mujeres, medio país en pobreza, cierres de escuelas, gente sin servicios de salud.

Hablemos de política, seamos políticas y políticos sin miedo y sin vergüenza porque la política no es sucia ni degradante. Lo que sí es sucio es dejar el país en manos de la politiquería que nos vendieron como única posibilidad. Nos merecemos mucho más. Y ahora mismo el país necesita mucho más para combatir los efectos de la Junta de Control Fiscal.

9.6.16

Hablaron los muertos



Hoy hablaron los muertos.  Los viejos valores coloniales. El imperialismo. El discrimen. La hipocresía. La avaricia. El miedo. La traición. La perversidad.  Hablaron por las bocas de hombres blancos, mujeres que cargan el poder masculino como un talismán y unos cuantos que, sin ser tan blancos, creen pertenecer a un bando que les desprecia y se disparan en la sien con una sonrisa servil en la boca.

Hoy hablaron los muertos y seguirán hablando, si los dejamos.  Seguirán diciendo que nos imponen una Junta de Control Fiscal por nuestro bien.  Nos dirán con desprecio que nos la buscamos, pero les pasarán la mano a los sirvientes de los buitres que vendieron al país, como los amos les pasan la mano por la cabeza a los perros que se portan bien.

Hoy hablaron los muertos.  Los mismos que hablaron ayer, que hablaron hace 64 años, hace 118 años y mucho antes, por los siglos de los siglos en los que a hierro y fuego se doblegaban pueblos.  Sólo que ahora doblegan con monedas.  Doblegan con PROMESAs, doblegan con la complicidad de los medios, las familias que gobiernan la Isla y la ignorancia de quienes piden la Junta porque creen las palabras de los muertos. 

Pero las mesas ya no flotan.  Los espíritus resultaron ser efectos especiales. Ya no queremos escuchar a los muertos.  Nos llama con fuerza la vida.

Nos llaman las voces de nuestras niñas y niños, de la juventud que sueña, de las mujeres que se levantan de la pobreza y la violencia, de los hombres que se resisten a vivir en la desesperanza.  Nos llaman las voces de la gente que da vida a esta Isla y que merece ser feliz, libre y plena.

¿Quién quiere escuchar a los muertos cuando la vida te habla con la fuerza de la solidaridad?  ¿Quién quiere escuchar a los sirvientes que ahora disfrazan sus discursos para engañarnos y aplacarnos?  Yo no.

Porque escucho la voz de la vida, digo no a la Junta de Control Fiscal y a quienes la propulsan.

Porque creo en el derecho a la vida libre y plena de cada persona en Puerto Rico, me comprometo a trabajar con las miles de personas que ya se están organizando para reclamar nuestro derecho a gobernarnos, a auditar una deuda odiosa y a reorganizar nuestra economía considerando el bienestar común y no la avaricia de unos pocos.


Puerto Rico se merece mucho más.  Tú y tu familia también.  No esperes por otros.  Usa tu poder.

4.5.16

Fusté: Poder, impunidad y justicia

Publicada el 3 de mayo en el periódico Claridad

Algunas figuras de poder logran rodearse de un aura de impunidad que parece imposible de vencer. Utilizan la ley, el “orden” y las jerarquías de todo tipo para adelantar agendas que van en contra de todo lo que define una verdadera aspiración de democracia, equidad y justicia. 

La renuncia del juez Fusté a su puesto en la Corte Federal de Puerto Rico es una de esas instancias en las que tenemos la oportunidad de hablar de poder, impunidad y hostigamiento sexual.  ¿Por qué? Porque tal y como se ha publicado, fueron acusaciones de hostigamiento sexual las que lograron lo que otras acusaciones en su contra no lograron hasta ahora.  ¿Por qué más?  Porque el hostigamiento sexual en el empleo es uno de esos temas de discusión en los que las víctimas se pueden sentir desamparadas frente a un sistema social y legal que constantemente vuelca su juicio en contra de ellas, mientras la parte agresora se queda sonriente y segura a la orilla de sus actos.

 
El hostigamiento sexual en el empleo está prohibido en Puerto Rico desde el 1988. Aun así, miles de personas- en su mayoría mujeres- ven su dignidad lacerada en sus espacios laborales y se enfrentan a una terrible disyuntiva: ¿silenciarse para mantener su trabajo o denunciar y someterse a un proceso duro y hostil en el que su palabra será puesta en duda y su reputación escrutada por el ojo público?  Para quien mira desde afuera, esta disyuntiva puede parecer de fácil solución.  Para quien vive el hostigamiento sexual en el empleo no es tan sencillo.

 
Reconocer el hostigamiento sexual en el empleo

 
La primera gran pregunta que manejan las víctimas de hostigamiento sexual en el empleo es: ¿Me lo estaré imaginando? ¿Estaré exagerando? 

 
Estas preguntas surgen porque la violencia y el acoso sexual pueden ser muy sutiles. Aunque lo evidente sería un beso, una mano bajo la falda o una invitación abiertamente sexual, hay muchas otras formas de acosar o de hostigar sexualmente a una persona.  Desde un comentario no deseado sobre nuestros cuerpos, hasta invitaciones a deshoras, insinuaciones de intercambio de favores o chistes de doble sentido. 

 
Los acosadores pueden estar, además, en todos los niveles de un lugar de trabajo: pueden ser empleados del mismo nivel, supervisores o supervisoras y hasta visitantes.  Lo importante es tener presente que su patrono tiene la obligación de prevenir y de detener el hostigamiento y que si no lo hace, es demandable.

 
¿Qué hacer?

 
Ante una situación de hostigamiento sexual, el primer paso debería ser detenerlo y el segundo denunciarlo ante su supervisor o supervisora para que se active un proceso de investigación.  Sin embargo, a veces no es tan sencillo.  Un evento de hostigamiento sexual tiene la capacidad de minar la autoestima de la víctima, atemorizarla, desestabilizarla y paralizarla.  Por eso, hay recomendaciones adicionales que podrían ser de ayuda cuando la persona víctima de hostigamiento se sienta lista para denunciar.

 
Algunas de esas recomendaciones incluyen: Cuente el evento a otra persona de su confianza, lleve un registro de eventos que incluya horas, fechas, lugares y personas presentes, busque apoyo piscosocial, busque orientación legal.

 
¿Y qué más?

 
Es imposible dar en este este espacio todas las recomendaciones necesarias para enfrentar con éxito este tipo de evento. Recordemos que no se trata tan sólo de un asunto legal o reglamentario, sino de situaciones que afectan emocionalmente a las víctimas por lo que se recomienda un acercamiento holístico que logre atender a la persona tomando en cuenta sus necesidades y su dignidad como ser humano.

 
Por último, parecería innecesario recordar que la víctima no sólo está en una posición de vulnerabilidad ante una figura de poder, sino que no es a ella a quien hay que juzgar.  No importa su ropa, no importa el tiempo que le tome sacar fuerzas para denunciar, no importa su historia de vida, estos casos deben trabajarse con la mayor objetividad posible y dejando de lado los estereotipos de género que tanto daño nos hacen como sociedad.

 
¿Y el Juez Fusté?  Bueno, todavía hace falta saber más. Si, en efecto, incurrió en actos de hostigamiento sexual no basta con una renuncia. La justicia reclama que se le impongan sanciones y que su víctima o víctimas sean compensadas por un sistema judicial en el que probablemente parte de su personal sabía lo que estaba ocurriendo y decidió callar.

 
Destruir la presunción de impunidad de figuras de poder es la mejor forma de adelantar un mundo de justicia y equidad.

14.3.16

Soliviantás


Algunas de las candidatas del Partido del Pueblo Trabajador para las elecciones del 2016
 
Alzás.  Rebeldes. Guerreras. Lideresas. Brujas. Así hemos tenido que ser las mujeres a través de la historia para poder sobrevivir a la humanidad y la violencia sistemática con la cual trata de doblegarnos para que nos sometamos a los espacios de desigualdad que nos ha querido imponer. 

Nuestra rebeldía justificada es la misma que provoca en otras personas la necesidad de endilgarnos etiquetas tales como problemáticas, locas o histéricas.  ¿Por qué? Porque nada más terrorífico para un sistema social desigual que una mujer que le haga frente.  Por eso asesinaron a las jóvenes mochileras en Ecuador.  Dijeron no a una agresión sexual.  Por eso asesinaron a Berta Cáceres en Honduras.  Dijo no a la destrucción de las tierras.  Por eso en Puerto Rico desaparecen, agreden y asesinan a mujeres. Dijeron no a las exigencias de algún hombre.  Por eso, y porque todavía hay muchísimos espacios de desigualdad a nuestro alrededor, seguimos ausentes de los espacios políticos y de liderazgo a los que tenemos derecho como parte de un país que se precia de ser democrático.

En pleno Siglo XXI, tenemos apenas 14 mujeres en una Legislatura compuesta de 78 personas.  De esas 14, todas lo sabemos, podríamos contar apenas dos o tres como legisladoras conscientes de las desigualdades de género y sus implicaciones en la toma de decisiones económicas, de educación, salud y seguridad.  Tenemos, entonces, apenas un 3% de representación activa en una rama de gobierno que ha sido la gestora de leyes que gobiernan nuestras vidas: IVU, energía, deuda pública y presupuesto gubernamental.

¿Saben las mujeres y el resto del país qué legisladoras y legisladores le representan?  Si usted no sabe quiénes son y qué hicieron, luego se corre el riesgo de creerle las palabras bonitas porque de seguro tampoco sabe qué proyectos y políticas públicas impulsaron o bloquearon.  Nos hablan con palabras bonitas porque nos presumen tontas.  Tontas y bonitas.  La gran ironía es que bonitas, tontas y calladitas seguimos siendo su mercado meta.  Tal y como ocurre en el mercado comercial en el que se estudian nuestros hábitos de compra para vendernos productos y servicios, en el mundo político se sabe que las mujeres son una fuerza electoral poderosa a la que hay que venderle los candidatos.  Por eso los acicalan y ponen guapos y usan la palabra “mujer”, “igualdad” y otras similares en sus discursos de sexismo benévolo.  Creen que la gran mayoría de las mujeres no piensan… pero se equivocan.

Miremos la historia y demos el paso que nos toca. Primero logramos votar, estudiar y legislar para detener el discrimen y la violencia.  Ahora nos tocar legislar y gobernar. En el contexto del Día Internacional de las Mujeres, anotemos ese punto en letras violetas en nuestra agenda de equidad.

8.3.16

Una carta para Isadora en el 8 de marzo


 
Amanece el 8 de marzo y pienso en ti, Isadora.  Y soy consciente de que en ti veo y amo a las demás mujeres del planeta y en cada una de ellas te veo y te amo a ti.  Porque, ¿cómo no maravillarme con el potencial de cada niña y de cada mujer teniendo la inmensa suerte de ser tu madre y de ver cómo trabajas, estudias y vives con pasión tu baile por la vida?  Y a la vez, ¿cómo no estremecerme de miedo cuando la vida me enfrenta a diario a las historias de esas otras niñas y mujeres que han sido desaparecidas o asesinadas por un planeta en el que nacer mujer ya te coloca en riesgo de muerte y te obliga a andar por la vida midiendo cada paso para tener una vida plena y segura? 

No te ha tocado vivir en un mundo justo, mi amor.  Y a veces lloro esas injusticias y me lleno de rabia e impotencia porque sé que este mundo es una herencia envenenada por el machismo, el racismo y la pobreza que engordan el privilegio y la riqueza de unos pocos que andan por la vida ajenos al desastre que es la vida de millones de mujeres en el planeta.  

Amanece el 8 de marzo y amanezco con esta carta en la cabeza.  Ya sabes cómo soy: Un poco, o tal vez muy, obsesiva con estas fechas que marcan las luchas de las mujeres.  Y pienso insistentemente en lo que yo misma he heredado como mujer y trato de alegrarme la mañana pensando que a pesar del mundo envenado, otras mujeres más fuertes y más valientes que yo también han llorado de rabia e impotencia pero decidieron actuar.  Por ellas hay un mejor mundo.  Por el trabajo paciente, insistente y persistente de tantas otras mujeres que también amaron y se indignaron lo suficiente como para entregar sus vidas al servicio de la equidad. 

A veces, cuando hablamos y miramos juntas todo lo que pasa, me preocupa que te invada la desesperanza.  Que te canses de ver tantas cosas negativas y que llegue el punto en que pienses que no vale la pena preocuparse, que el sistema no cambiará, que es tan grande el monstruo que enfrentamos que mejor es vivir el día a día sin mirar para el lado.  Es tentador cerrar los ojos.  ¿Te pasan esas ideas por la cabeza, bella?  Seguramente.  No serías humana si no sintieras ese cansancio o si tu instinto de protección no te gritara de vez en cuando: ¡descansa!       

Ser tu mamá ha sido una gran aventura.  Cuando pensé en ser mamá también pensé en que quería que mi primera bebé fuera una niña.  Una niña con nombre y espíritu fuerte: ¡Isadora!.  No era un capricho.  A mis 25 años, y habiendo sido yo una hermana mayor, sabía que tendrías más espacio para crecer libre aunque eso también implicara tener más miradas sobre ti.  ¿O no es cierto que las hermanas mayores mandan? ;-)

También pensaba en palabras que rimaran con tu nombre.  Para darte poder: Isadora, luchadora, soñadora, trabajadora, defensora, escritora, creadora.  Y tú le añadiste “bailadora”.  Y le seguirás añadiendo palabras y acciones a tu vida. 

¿Cuántas niñas nacidas en tu año siguen vivas para contarlo?  ¿Cuántas mujeres de mi edad han llegado al día de hoy libres de algún acto de violencia?  ¿Reconocerán las desigualdades que han definido su vida? ¿Sabrán que no todas sus decisiones fueron libres? 

Me pregunto muchas cosas a diario.  Algunas de las respuestas ya las tengo.  Otras me deben estar esperando en algún libro, escritas y pensadas por alguna sabia. Pero lo que no dejo de preguntarme es cómo hacer un mejor trabajo para transformar este mundo tuyo, Isadora.  Tuyo y de tus hermanos.  Tuyo y mío.  Tuyo y de la humanidad.   

Hoy es tu día, mujer.  Y de todas las niñas y mujeres del mundo.  ¿Amaneciste esperanzada? Yo sí.  Aunque de momento esta carta tenga algo de tristeza.  La tristeza no excluye la alegría, ni la esperanza, ni las ganas de trabajar. 

¿Has visto todo lo que han hecho las mujeres para sobrevivir la humanidad?  Han hecho y hemos hecho cosas que parecían imposibles.  Estudiamos, trabajamos, vamos contracorriente y nos hemos ido acomodando en los espacios de poder que antes parecían imposibles.  ¿Quién puede detener a una mujer que elige ser libre?  Ni siquiera la muerte.  

Ser libres es poder amanecer un 8 de marzo sin temer, sin tener que llorar nuestras muertas, sin tener que paliar la pobreza.  Ser libres es sentirnos plenas y felices.  No necesitamos vidas perfectas, pero sí dignas y de paz.  La liberación es colectiva.  La felicidad también debería serlo.  Porque como yo veo a todas las mujeres en ti, y a ti en todas ellas, sé que el mundo que debemos soñar, debe ser un mundo en el que todas conectadas, podamos vivir en paz. 

Te amo, Isadora.  Isadora Libertad. 

Mamá

[Busca en Facebook la página Amárilis Pagán Jiménez- Senadora por Acumulación]

6.1.16

Reinas Magas

Que nunca nos falte el amor, la solidaridad y la esperanza.

Reinas Magas

Llegaron sigilosas
peldaño a peldaño de estrellas
envueltas en sus mantos tejidos
con rayos de luna
con lágrimas de alegría
con risas de complicidad

Llegaron sigilosas
silenciosas
coronadas de luciérnagas
sin raza
tres mujeres hechas de infinitas mujeres
transfigurándose a cada paso
negras
indias
blancas
asiáticas
caribeñas
con aromáticas melenas ondulantes, rizadas, lacias
-canela, cardamomo, romero y menta-
o cabellos cortos, cortísimos que dejaban el paso libre a sus miradas amplias
-ojos negros, azules, verdes, ámbar y gris-

Llegaron sigilosas
y cuando la primera Reina puso su pie en nuestra Isla
una onda de luz nació de su huella
estremeciendo la tierra y agitando a los pájaros que anidaban en la oscuridad

Era el Amor de la primera Reina
El amor que nace del alma
y trasciende las diferencias

Una niña
en un campo
acurrucada y dormida
agotada de tanto llorar
sonrió mientras soñaba que era plenamente amada
y sentía un abrazo tibio con olor a especias, incienso y brisa de mar

Llegaron sigilosas
mirándose unas a otras
y la segunda Reina se arrodilló para besar esta bendita tierra
y de su beso nacieron millares de luciérnagas
que volaron por campos y costas
ciudades y barriadas

Era la Solidaridad de la segunda Reina
La que se anida como una lucecita persistente y poderosa
en el corazón de los hombres y mujeres que aman la justicia
y regalan sus manos a la humanidad

Una anciana
en una barriada
mientras se asomaba por su ventana
pensando en las niñas y niños que aún jugaban en la calle
se tocó el corazón
cuando les vio detenerse extasiados
y levantar sus manitas para recibir las luciérnagas que el cielo les regalaba

Llegaron sigilosas
sonrientes y confiadas
y la tercera Reina hundió sus manos en las frías aguas del río
y de ellas emergieron halos luminosos de agua bendita
que convertida en una cellisca dulce
arropó toda la Isla

Era la Esperanza de la tercera Reina
la que mueve a la lucha
la que no piensa en rendiciones
la que sabe que el hoy es una página que se pasa
tan pronto se escribe sobre ella
y que otra página en blanco espera nuestras letras en el día de mañana

Una mujer
trabajando afanosa para completar un poema
vio la cellisca plateada que le regalaban las estrellas
y salió
-poema en mano-
esa madrugada
a bañarse en ella

Se marcharon sigilosas
las Tres Reinas Magas
hechas luz, luciérnagas y cellisca
infinitas y felices
prometiéndose regresar
a esta Isla iluminada
en el medio del mar

©Amárilis Pagán Jiménez

1.1.16

Florecer desde adentro

 
El 2016 amaneció con mi casa llena de personas amadas.  También con mi corazón reconociendo que ese amor trasciende las paredes de mi hogar y es capaz de deslizarse a otros espacios: Matria, CABE, comunidades y colectivos con los que me he relacionado, calles y barrios que he transitado y aún otros espacios desconocidos.  Porque así es como debe ser el amor a ese colectivo complejo y diverso que llamamos humanidad.  Un amor que trasciende la inmediatez y es capaz de abrazar aún a las personas desconocidas, diferentes a nosotrxs y hasta totalmente opuestxs a lo que creemos.
 
Hoy también reflexiono en torno a mi agenda para el 2016 y lo que la misma implica.  Acepté una candidatura política y de momento siento que algo cambió.  Algo en la forma de verme, algo en la forma en que otras personas me ven.  Algo en lo que es la energía de los colectivos a los que he dedicado los últimos años sin medir tiempo ni esfuerzos.  Esa percepción en cierto modo representa una fisura en el círculo que representaba mi mundo cotidiano hasta ahora.  Me obliga a salir de una zona cómoda y saltar a una nueva manera de hacer matria y asumir la responsabilidad de ser instrumento para cambiar nuestra realidad.  Me obliga a cuestionar la naturaleza misma de las candidaturas políticas y cómo parecen apostar a la individualidad, a vender una imagen y convencernos de que necesitamos caudillos. 
 
Sin embargo, sé que soy quien soy gracias a los colectivos con los que trabajo.  Me miro, y reconozco todas las identidades que se agrupan bajo mi nombre, mi humanidad.  Y me doy cuenta de que no quiero abandonar ni mis colectivos, ni mis identidades.  No quiero caminar sola, ni creerme el cuento de que debo liderar desde la soledad de una cúspide que no es más que un espejismo.  Porque si aceptara eso, estaría permitiendo que lo peor de nuestro sistema político me gobierne y esta aventura fracasaría desde ese mismo momento. Estaría traicionando las razones por las cuales he dado este paso al mundo político y dejaría de ser Amárilis para ser una aspirante más, con eslóganes huecos y el corazón vacío. Otra impostora que vende sueños y que apuesta a la ignorancia ajena.
 
Sé, además, que otros colectivos se abren y me reciben.  Lxs compañerxs del Partido del Pueblo Trabajador son uno de ellos.  Entusiastas, soñadorxs, inteligentes, diversxs, profundxs y con ganas de hacer una diferencia.  Algo aprenderé y algo aportaré.  Eso me hace feliz.
 
Todavía tengo mucho que pensar, que sentir y que hacer de camino a las Elecciones 2016.  Hoy solo comienzo a apalabrar parte del proceso.  Lo apalabro para ir dejando una línea de semillas que marquen el camino de vuelta a casa, a lo esencial, a la aspiración de libertad, justicia y equidad para todas y todos.  Lo apalabro y me permito verlo para dejar atrás cualquier miedo y para dejar espacio a las flores.  Porque nada mejor que trabajar desde adentro hacia afuera, florecer con alegría y confianza, florecer desde adentro, en paz.

Es hora de tener miedo

Si todavía no sienten miedo con lo que estamos viendo en Puerto Rico y el planeta, están tarde. La violencia económica y política que ya est...