9.5.15

La amarga melancolía del amar y no ser


16 de mayo*



Hoy fuimos poesía.



 Caminamos por años las rutas del trabajo

 con la mirada puesta en la equidad

 sabiendo que la merecemos

 que es nuestro derecho

 y que no la podemos renunciar.



 Hoy fuimos poesía.



 Poesía que convocó y que respondió.



 Hoy fuimos poesía.



 Poesía escrita con el empeño

 con los pasos acompasados de los grupos de amores por los pasillos de la ley

 con las sonrisas cómplices

 con las risas que nos consuelan ante la balbuceante estupidez de quienes quieren justificar su homofobia

 con las miradas preocupadas buscando reafirmar que todo estará bien

 con la ira a flor de piel mientras insultan nuestra dignidad

 con el corazón volando entre tanta gente querida

 con el dolor acallado en la garganta ante la mirada desconcertada de los jóvenes que sufren las palabras de desprecio.



Hoy fuimos poesía.



 Poesía en abrazos

 en el grito de EQUIDAD

 en los besos de alegría

 y en la inconformidad latente.



 Hoy fuimos poesía.



 Poesía fuerte y valiente.

 Poesía solidaria.

 Poesía amorosa.



 Hoy fuimos poesía escrita en ritmo de victoria y de esperanza.



 Hoy fuimos poesía y versos que aún se están escribiendo

 para nuestra historia y para la eternidad.



Todavía recuerdo claramente el día 16 de mayo de 2013.  Ser parte del Comité Amplio para la Búsqueda de Equidad (CABE) y llegar al amanecer al Capitolio para garantizar los votos necesarios para el Proyecto del Senado 238 que en su versión original pretendía prohibir el discrimen por orientación sexual o identidad de género real o percibida en múltiples espacios públicos y privados. Ese día se logró su aprobación en el Senado de Puerto Rico y tuve que hacer un esfuerzo grande para manejar la ira y abrazar la esperanza ante el primer golpe que recibió el proyecto de ley debido a una petición de la senadora Rossana López.  Ese día se eliminó del mismo la parte de “real o percibida” y se excluyó de la protección del proyecto a personas LGBTT que no quieren revelar su orientación sexual o a heterosexuales que pudieran ser discriminadxs por ser percibidxs como parte de las comunidades LGBTT.



También recuerdo los días subsiguientes.  El trabajo intenso de CABE y de otros grupos LGBTT.  Las olas de apoyo solidario de camino a la Cámara de Representantes contrastando con las puertas cerradas de los representantes que se negaban a recibirnos para hablar de ese proyecto y del Proyecto de la Cámara 488 para enmendar la Ley 54 de Violencia Doméstica y proteger personas LGBTT.  Recuerdo también, perfectamente, las palabras de los que nos recibieron y nos dieron excusas para no apoyar la equidad.  Recuerdo la arrogancia de alguno que otro que sintió que nos tocaba mendigar derechos.  Recuerdo la cobardía de quienes admitieron que teníamos la razón pero que querían los votos de las iglesias de sus distritos.



Recuerdo- y sé que esas imágenes me acompañarán el resto de la vida- las reuniones improvisadas en los pasillos del hemiciclo de la Cámara para medir los daños que a cada minuto se acumulaban sobre el PS238 original, los esfuerzos para mantener la calma del grupo, la furia contenida cada vez que un representante se abrogaba el derecho de imponernos su ideología religiosa, ver el dolor de lxs jóvenes que estaban con nosotrxs y que entendían perfectamente los insultos a su dignidad humana.  Recuerdo el amor.  Recuerdo la combatividad. Recuerdo las risas.  Recuerdo el baile de YMCA en las gradas, el negarnos a ponernos de pie cuando se hicieron oraciones desde la vicepresidencia de la Cámara, el gritarle a la representante Charbonier que se fuera de la Cámara si, como ella decía, era incapaz de estar allí sin que se legislara con su dios.



Recuerdo el heroísmo de nuestra gente y de representantes y senadorxs que dieron la batalla por la equidad aun ante la amenaza de supuestos costos políticos. 



Recuerdo la imagen vibrante y poética de los gritos de “¡Equidad!” cuando se aprobaron ambos proyectos y los grupos fundamentalistas abandonaron las gradas del hemiciclo perseguidos por una multitud arcoíris que se sabía victoriosa a pesar de todo.



Recuerdo, que aun estando en Fortaleza para la firma de ambos proyectos no me abandonó una amarga melancolía del amar y no ser.  Porque la melancolía puede convivir con la esperanza y aún con la alegría.  Así de infinitos son los corazones humanos.  Cuando hablo del amar y no ser, me refiero a un estado de conciencia en el cual se sabe que se ama al prójimo, se ama la vida, se ama a nuestra pareja y a nuestras familias y aun así, no logramos ser ese ser humano pleno que tenemos derecho a ser por las barreras del prejuicio y las desigualdades.  Es saber que el amor no nos protegerá de algún evento violento a manos de una persona homofóbica

ni tendrá el poder de abrazar a alguna joven lesbiana que piense en quitarse la vida luego de ser golpeada o rechazada por su madre, amparar a una trans que siente que nació para ser esclava de la pobreza o un viejo gay que llora solo en un asilo la separación de su compañero de vida porque no les permiten compartir el cuarto.



A dos años de ese momento histórico, la agenda de equidad para las comunidades LGBTT sigue viva, esperanzadora, caminando sin tregua hacia el futuro.  Pero también, aquella amarga melancolía del amar y no ser me acompaña y va agarradita de la mano con la eterna esperanza, la alegría y una felicidad que fluye de momento en momento porque sabe que no tiene derecho a ser absoluta hasta que la agenda se complete.



Muchas cosas han cambiado en estos dos años.  CABE ha crecido.  Ha madurado como colectivo y abrazó una agenda amplia de equidad desde una conciencia clara de que la equidad es algo más que prohibir el discrimen en el empleo o tener derecho a contraer matrimonio.  Una agenda de equidad es una agenda de derechos humanos y es una agenda política que reconoce los distintos niveles de vulnerabilidad al interior de las comunidades LGBTT y también las intersecciones de las opresiones.



Quizás en este momento haya temas que ocupen los espacios de discusión pública con mayor protagonismo.  El matrimonio igualitario es uno de esos temas.  También el de adopción y aún el de perspectiva de género.  Pero lo cierto es que hay decenas, sino cientos, de temas que aún requieren ser atendidos.  No todas las personas LGBTT desean casarse o adoptar niñxs.  Y ni el matrimonio ni la adopción nos garantizan respeto, paz y dignidad en los demás espacios sociales.  Así que ambas luchas, aunque necesarias y urgentes, no son las únicas que tenemos que atender.  Haciendo y caminando, seguimos llevando en el corazón la certeza de que el trabajo no se acaba hasta que la persona LGBTT más vulnerable ante las inequidades vea garantizados sus derechos.



Si miramos nuestros derechos humanos desde una perspectiva holística y de género, sabemos dos cosas.  La primera es que no podemos fragmentar las aspiraciones, sueños, preocupaciones y vivencias de una persona.  Una persona es un entramado complejo de identidades que le llevan a pensar, sentir y actuar desde espacios de todo tipo: emocional, espiritual, mental, físico, familiar, comunitario, económico, de clase, raza y mucho más.  La segunda cosa que sabemos es que el género, y la manera en que se construye socialmente, es un espacio idóneo para levantar las más terribles exclusiones y prejuicios en contra de las comunidades LGBTT por el mero hecho de no responder al concepto binario de “masculino” versus “femenino” que se presenta como “normal”.  Esas mismas construcciones nos retan al interior de nuestras comunidades porque la misoginia, el clasismo y otros prejuicios nos acompañan y se manifiestan aún dentro de nuestros propios espacio.  Ser gay no te quita automáticamente lo misógino y tampoco ser lesbiana.  Ser trans no te quita el pensamiento fundamentalista que te condena a ti y al resto de las personas LGBTT.  Ser bisexual no te quita los prejuicios de clase contra otra gente gay.  En ese sentido, no nos queda más remedio que apostar a la perspectiva de género como una herramienta de análisis que allane el camino a la equidad.



Sabemos muchas otras cosas cuando miramos con atención a otros seres humanos y nos comprometemos con la equidad.  En marzo pasado, defensorxs de derechos humanos de nuestra Isla lograron comparecer ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en una audiencia para la cual se trabajó por mucho tiempo.  Aunque se presentó el estado de los derechos humanos de diversos grupos en Puerto Rico, destacaré aquí (por razones obvias) la importancia del informe sobre comunidades LGBTT preparado por estudiantes de la Clínica de Discrimen por Orientación Sexual e Identidad de Género de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico.  



Tras un arduo trabajo de investigación y entrevistas, el informe sobre el estado de nuestros derechos humanos logró exponer distintas áreas de nuestras vidas como personas LGBTT.  Destacaron temas de acceso a servicios de salud, vivienda, educación y trabajo.  También el tema del discrimen y cómo las personas LGBTT pueden ser privadas de cosas tan básicas como el derecho fundamental al matrimonio o a formar una familia.  Otro tema fundamental fue el de la vulnerabilidad a la violencia, algo que ha ocupado primeras planas por el nivel de homofobia que destilan los crímenes que se han cometido contra personas LBGTT.



¿Tenemos una agenda LGBTT?  Líderes fundamentalistas se pasan hablando de esa agenda.  Sólo que mienten sobre ella.  Nuestra agenda no pretende dominar el mundo ni cambiar la orientación sexual de otras personas.  Nuestra agenda tampoco incluye robarse la niñez ni destruir matrimonios ajenos. 



La agenda LGBTT, la que CABE abraza, es una agenda de equidad que mira desde el amor y el compromiso al resto de las comunidades LGBTT y se pregunta qué hay que hacer (y lo hace) para garantizar la vida, dignidad, desarrollo y felicidad de todxs.  Suena idealista, pero no lo es.  Esta es la generación a cargo de cambiar la historia.  Desde las comunidades LGBTT y desde la sociedad civil representada por todo tipo de persona que sin importar sus creencias religiosas o políticas sabe que la equidad para nosotras es lo justo y es lo necesario.  A fin de cuentas es la única manera de quitarse de encima la amarga melancolía del amar y no ser.





* Poema escrito en la noche del 16 de mayo de 2013- ©Amárilis Pagán Jiménez

Esta columna fue parte del Dossier LGBTT de 80 Grados en el verano de 2015.

24.4.15

Amor y Perversión


No es posible amar y, a la misma vez, elaborar todo un catálogo de justificaciones para discriminar.  No se puede hablar de bondad y escatimar derechos humanos a otras personas. No se puede prometer cielos y construir infiernos en la tierra con palabras, acciones, pensamientos y omisiones que cuestan vidas.  Este momento histórico nos requiere saber distinguir el amor al prójimo de los juicios morales que se construyen por minorías que insisten en detener la evolución social y humana de nuestro país.

Estamos a meses de que un tribunal federal decida el futuro del Artículo 68 de nuestro Código Civil.  Será un tribunal extranjero el que finalmente diga si en Puerto Rico las parejas del mismo sexo podrán contraer matrimonio.  Y a nosotras nos tocará acá ser testigos del momento y responder a él. Sabiendo que lo más importante no es la celebración de una boda en particular, sino el potencial de decidir si queremos contraer matrimonio o no y el reconocimiento de la humanidad de las personas LGBTT.

En medio de estos trámites, nuestro Secretario de Justicia, César Miranda, se expresó en representación de nuestro gobierno y dejó de defender el Artículo 68 en litigio. Las reacciones no se hicieron esperar.  Mientras el momento reclama amor, grupos cada vez más exiguos se empeñan en hablar de perversión y en atacar a las comunidades LGBTT.  Y de perversión hay que hablar.  Pero no como algo inherente a personas LGBTT sino como un estado mental prejuiciado que corrompe cualquier posibilidad de amor y la transforma en repulsión, terror y aversión hacia nuestras comunidades.  Quien objeta la equidad corrompe desde sus paradigmas de homofobia el verdadero amor al prójimo.

 
Mientras el tribunal federal decide sobre el matrimonio igualitario, acá otro tribunal deberá resolver una petición de Mandamus de un grupo de legisladores apoyado abiertamente por un sacerdote católico que, como abogado de ellos, compareció a una vista del tribunal con su hábito y ofreció su parroquia para que las partes se reúnan.  En esa misma vista, unas dos filas de bancos del lado derecho de la sala estuvieron ocupadas por integrantes de iglesias fundamentalistas que de manera consistente han predicado desigualdad y discrimen. ¿Litigan solos los legisladores demandantes? ¿Y para quién lo hacen?

 
El amor que une a dos personas independientemente de su sexo, es eso: amor. Pero las acciones que buscan perseguir, condenar y discriminar a quienes así se aman, es pura y terrible perversión.

10.3.15

Esa catástrofe llamada equidad

[Publicada el 10 de marzo en El Nuevo Día]

Si usted dice que cree en la equidad, pero luego añade que sólo “si es entre hombre y mujer”, usted realmente está tratando de hacer una de dos cosas: lavarle la cara a un discurso de desigualdad que ya no es políticamente correcto o tratar de tranquilizar su conciencia.  Ambas cosas se derivan de una misma verdad: Usted no cree en la equidad. Por supuesto, tal vez usted no se había dado cuenta de que la equidad es otra cosa.

 

La equidad es un valor amplio que abraza a todas las personas. No discrimina o condiciona el reconocimiento de la dignidad humana a criterios religiosos, de género, orientación sexual, identidad de género, raza, edad, clase social, diversidad funcional, nacionalidad u origen.  Cuando hablamos de equidad, hablamos también de respeto.  De un respeto que va más allá de la palabra rimbombante para convertirse en acción solidaria y amorosa.  La equidad no es susceptible de ser secuestrada en aras de adelantar agendas discriminatorias.

 

En el marco del Día Internacional de las Mujeres, es necesario que hablemos de equidad y que hablemos de perspectiva de género. Ninguno de estos conceptos es catastrófico a pesar de que se ha querido decir al país que seremos destruidos por una conspiración mundial gay y feminista.  La verdad es que el país ya fue destruido y vive sobre las ruinas de siglos de discriminación y exclusión violenta.  Hasta ahora la educación, la religión y la propia cultura sirvieron para ejecutar agendas de opresión y sembrar pensamientos discriminatorios aún en el interior de quienes son víctimas de las desigualdades.  No es de extrañar que la posibilidad de utilizar la educación como instrumento de liberación cause tanto revuelo.

 

¿Existe una agenda feminista? ¿Existe una agenda gay? Existen.  Sí.  Por momentos se intersectan.  Por momentos se alejan.  Lo mismo pasa con las agendas de otros grupos que han vivido la opresión y no se resignan a ella.  Seguramente si usted trata de encontrar algo en común en esas agendas, encontrará en todas una aspiración de equidad.  No una aspiración de supremacía, de control o de lucro.  Esas otras aspiraciones son más propias de grupos que no vacilan a la hora de mentir o manipular para lograr sus propósitos.

 

Para honrar y conmemorar las luchas de todas las mujeres, este año hay que hablar de la perspectiva de género desde la transparencia.  Sin temores.  Al hablar de todas las mujeres, también hablamos de las lesbianas, bisexuales y trans. ¿Esconderlas para evitar ataques fundamentalistas? No.  Como no se deben esconder otras mujeres que merecen ser vistas y atendidas desde sus diversidades.  La equidad no es una catástrofe.  La catástrofe perpetua es la ignorancia, el afán de estirar más allá de lo racional el reclamo del derecho a discriminar, privar de paz y justicia al resto de la sociedad. 

29.1.15

Con el diablo en el cuerpo

Publicada en El Nuevo Día
29 de enero de 2015

“Hoy tengo el diablo en el cuerpo”, cantaba la Lupe hace décadas.  Pero ese mismo diablo parece haber estado visitando a las mujeres desde el origen de la humanidad.  Sin él, no habría raza humana.  ¿Parece un chiste de mal gusto?  Lo es.  Pero lo peor es que en pleno Siglo XXI el tema del cuerpo y sexualidad de las mujeres siempre termina siendo discutido en un pantano religioso y “moral” sin sentido. 

 Las mujeres han sido las madres del pecado original, las impuras, las propensas a posesiones demoniacas, las que tientan a los hombres y las que deben ser controladas a toda costa para proteger a la humanidad.  Y es ese pensamiento primitivo el que aún se manifiesta en leyes, políticas públicas y expresiones que se gestan desde sectores conservadores como el partido republicano, los falsos demócratas que militan en el PPD y el PNP y grupos religiosos fundamentalistas que insisten en imponer su interpretación bíblica de la moral al resto del país.

 La demonización de las mujeres y nuestros cuerpos tiene consecuencias graves.  Implica, en primer lugar, ubicarnos en una situación de inferioridad moral que justifica la violencia que recibimos.  De ahí surgen las críticas en contra de las víctimas de violencia de género y la justificación de sus agresores. Nos violan porque provocamos, nos asesinan porque desobedecemos y nos discriminan porque no nos ajustamos a determinadas expectativas de comportamiento.

Implica, además, negarnos control de nuestros cuerpos.  Somos brutas u oportunistas si quedamos embarazadas pero se nos niega el acceso a educación sexual, los planes médicos no cubren anticonceptivos y se crea la falsa impresión de que el aborto es ilegal en la isla. Todo esto gracias a las acciones de grupos que se esconden tras sus biblias para intervenir en los cuerpos y creencias ajenas.

Y ahora, pues, qué decir.  Hasta en la Policía parece haber mujeres con el diablo en el cuerpo. (Espero que quede claro que estoy siendo sarcástica) Ni una piedra de las lanzadas en la lapidación mediática de la mujer que se retrató, ha tocado a quien publicó las fotos en un evidente acto de “revenge porn”. La moral hipócrita que puede apoderarse de las redes sociales ha actuado de la misma manera que las lapidaciones en países islámicos. Lapidan a la mujer, dejan impune al agresor o cómplice si es hombre. Es la mujer- ni siquiera ese diablo- quien siempre las paga. El aborto es legal en Puerto Rico. Publicar fotos de mujeres desnudas sin su autorización, no lo es.  A veces parece que es al revés. Quizás ya es hora de quitarle la máscara a la hipocresía y hacer un poco de introspección.

25.11.14

Nada de pena

(En conmemoración del Día Internacional de No Más Violencia Hacia las Mujeres)

Publicada originalmente en El Nuevo Día
22 de noviembre de 2014

Cada vez que me enfrento a un evento de violencia de esos que arrasan con la vida de las mujeres, me pregunto cómo hemos sobrevivido a la humanidad.  Por siglos, y de manera consistente, a las mujeres se nos han negado derechos humanos fundamentales: a educarnos, a decidir sobre nuestros cuerpos, a trabajar, a ser dueñas de bienes, a liderar, a ser parte de los círculos de poder que deciden sobre nosotras y sobre el resto del planeta. Sin embargo, esa pregunta siempre encuentra una contestación cuando miro a mi alrededor y veo las maravillosas guerreras amorosas y valientes que rodean mi vida de tantas maneras.

Son guerreras que no se rinden a pesar de vivir en un sistema que sigue oprimiéndolas y que me han dado lecciones que ya son parte de mi forma de ver la vida y de actuar.  Desde ellas y con ellas tenemos muy clara lo que es la propuesta de Matria para un país en el cual dejemos en el pasado la violencia de género.  Quizás la lección más importante de todas es que a pesar de la diversidad de circunstancias y realidades de las mujeres, todas, aún sin reconocerlo, hemos sido objeto de algún tipo de violencia por el mero hecho de ser mujeres. Así que nuestra propuesta de equidad y paz, tiene como primer paso el hacer visibles esas formas de violencia, ampliar el discurso, ir má allá del tema de violencia doméstica y reconocer que hay estereotipos que nos hacen daño, ideas sobre las mujeres que degradan nuestras capacidades, expectativas sociales que nos imponen decisiones y nos quitan oportunidades para el desarrollo y expresiones culturales que sancionan la violencia hacia nosotras.  Ver las manifestaciones de violencia y reconocerlas, trae como segundo paso el tomar conciencia sobre su origen: la desigualdad.

Si la desigualdad es el origen de la violencia hacia las mujeres, impulsar la equidad es la única respuesta aceptable para nosotras.  Ya en este momento se nos hace muy difícil tolerar respuestas a medias o soluciones para las crisis.  Ya nuestra Isla debe plantearse pasar de la pena cada vez que una noticia sobre feminicidios les abofetea desde una periódico, a las acciones que detengan la violencia.

Hay cuatro áreas que ameritan acciones urgentes y valientes desde el gobierno y desde la sociedad: educación, desarrollo económico, salud y participación política. En un estudio del Foro Económico Mundial, se descubrió que los países que han logrado un mayor avance en la equidad y derechos de las mujeres, son aquellos que han trabajado dando prioridad al acceso de las mujeres a esas áreas de desarrollo. ¿Podemos decir que en Puerto Rico se ha trabajado para nuestra equidad? Aún honrando el trabajo hecho por otras compañeras, hay que reconocer que nos queda bastante tarea pendiente. Tarea para nosotras en la sociedad civil y tarea para el gobierno.  También tarea para las empresas, grupos políticos, uniones y comunidades laicas y religiosas.  Todas nuestras instituciones tienen que comprometerse para una trabajo que supere el discurso tradicional del "ay bendito" y se mueva al "vamos a hacer algo".

Hacer implica mucho en este contexto.  Implica mirar datos y estudios, identificar prácticas efectivas, escuchar las voces de las mujeres, hacer planes concretos, asignar presupuesto, asumir discursos coherentes y respaldarlos con acciones, ser consistentes y sobre todo, ser honestas y honestos con el país. De pena en pena nos siguen matando y nos siguen dejando al margen de nuestros derechos humanos. Nada de pena. Lo que necesitamos es equidad y de eso se trata este Día Internacional de No Más Violencia Hacia las Mujeres.

20.6.14

Maite, Lisa y un peso en el bolsillo




 

Busque cada cual en su bolsillo. Algunos tendrán al menos $20 y otrxs se tocarán y recordarán que están sin un peso.  Más allá de ustedes, y de mí, miles de personas de nuestra Isla que ni siquiera sueñan con poner un dedo en una tablet o celular no sólo no tienen el peso, sino que tienen en su cabeza la angustia de no saber cómo lo conseguirán. ¿Qué le puede importar a esta gente lo que pase con estas dos mujeres lesbianas?

 

Sin embargo, esta semana los medios de comunicación, ¡y el gobierno!, fueron muy eficientes en su estrategia para segregarnos como movimientos sociales.  Mientras las comunidades LGBTT y aliadas se preocupaban por el beso de Lisa M y su oportunismo mediático, la Legislatura fusionaba agencias de gobierno.  Mientras faranduleaban con Maite Oronoz y la realeza criolla, se afianzaba el poder de esta clase con nuevos préstamos gubernamentales para hacer negocios estúpidamente y seguir empobreciendo al país.  Tuvimos la versión moderna del baile, botella y baraja con una combinación de besos, memorias tiernas de viajes familiares y moralismo morboso.

 

Esta es sólo una breve columna por lo que no tengo el espacio o el tiempo para analizar en profundidad la complejidad de lo que vivimos en estos días, pero no quería dejar pasar la oportunidad para, al menos, provocar una reflexión que sirva de algo en las próximas semanas.  Porque créanme, luego de Maite y Lisa habrá que tocarse el bolsillo y también el corazón.

 

Miremos a Maite (sí, así, con familiaridad, como en una revista HOLA).  Contrario a las estrategias utilizadas por el presidente Obama para diversificar la judicatura federal, en Puerto Rico el gobernador García Padilla designó a nuestro Tribunal Supremo -sin consulta ni diálogo-  a una mujer de la alta clase social y política de nuestra Isla que resultó ser, casualidad y oportunidad, lesbiana. Ya imaginarán cómo ese elemento polarizó la discusión pública. El liderato fundamentalista religioso se lanzó de inmediato al ruedo a atacar a la nominada por su orientación sexual y al liderato LGBTT no le quedó más remedio que lanzarse a exigir que fuera evaluada con transparencia y al margen de su orientación sexual.  Inclusive, la prensa se encargó de convertir su orientación sexual en una primera plana.  ¿Sus atributos para el puesto? Quedaron al margen del proceso y de las ponencias presentadas en las vistas de confirmación.

 

Letras y dedos se pusieron en las redes sociales al servicio de este evento.  Hubo gente que la criticó, gente que sospechó de ella y su clasismo, gente que se ilusionó y gente que vio el momento histórico. A mí me pareció importante el nombramiento de una mujer lesbiana al Supremo y más aún el hecho de que tiene la posibilidad de ser confirmada.  Sin embargo, tengo un sabor agridulce tal vez más agrio que dulce.  ¿Por qué?  Tengo muchas preguntas en mi cabeza.  Les comparto algunas.

 

Por ejemplo, ¿será confirmada como persona LGBTT y con la intención de traer diversidad al foro judicial o será que su clase le perdona esa falta en aras de garantizarse dentro del Supremo a una de su estirpe? Para mí fue significativo su silencio en cuanto a su compañera durante su ponencia. ¿Algún acuerdo con senadorxs conservadorxs para garantizar sus votos?  Me pregunto también, esta vez con morbosidad, qué mecanismos se activaron para lograr llenar la sala de la vistas con el grupo responsable del estado de pobreza y desigualdad que ha destruido a nuestra Isla.  Y no sólo llenaron el salón, sino que además casi parecieron los adalides de la justicia social y de la equidad.  ¿Tendremos en el pueblo memoria tan corta?  Espero que no porque ya hoy Hernández Denton y Andreu (sus primeros deponentes a favor) son abogados de Doral Bank contra el gobierno de Puerto Rico.  ¿Llegará este caso ante su Maite-niña-familia?  Por lo pronto, si con 38 años Maite es confirmada, admito que me da algo de pena. ¿Imaginan vivir sus próximos 32 años pagando el favor y transitando por los pasillos rígidos de ese tribunal?

 

Y Lisa... Esa Lisa que de momento ha sido una tendencia destacada en redes.  Imagino que también la veremos en TV Guía (¿existe eso todavía?).  Un beso bien o mal dado puede hacer esas cosas.  Lo que también puede hacer, e hizo, fue borrar del panorama lo que debió ser la discusión real de cara a un evento que nos confronta con la posibilidad de que en la Isla se discrimine en establecimientos públicos contra personas de las comunidades LGBTT.  Porque al margen de Lisa M y la tal Margarita, quienes trabajamos por la equidad sabemos que en Puerto Rico sí se discrimina en espacios públicos y sí existen incidentes en los que se saca de locales o se les daña el paseo a personas LGBTT que se besan.  ¿Por qué a pesar de eso hay gente nuestra que elige no actuar sobre el discrimen? ¿Por qué hay tanta gente eligiendo el chisme, el moralismo y enfocarse en dos mujeres que no representan al resto de la comunidad LGBTT? De paso un saludito a lxs representantes hipócritas que dañaron el proyecto antidiscrimen (PS238) para convertirlo en la Ley 22 del 2013 sin protección legal explícita para estos casos.

 

Luego viene el peso.  La cara de Washington en un papel que domina la vida de mucha gente.  Tener o no tener un peso en el bolsillo hace una gran diferencia en una sociedad capitalista.  Hace una diferencia tan grande que te hace digna de ser nominada al Tribunal Supremo o te hace indigna del respeto popular aún cundo ambas mujeres tengan la misma orientación sexual.  Un peso también puede relacionarse con la casta y raza a la cual perteneces y es la llave que te abre las puertas a los cuartos en los que todxs se conocen y todxs deciden el rumbo del país en nombre de una aparente democracia que se sostiene desde la ilusión eleccionaria de quienes tienen cupones en vez de pesos en los bolsillos.  Claro, si tu peso es blanco, mucho mejor. Así si te falta, tu historia familiar te da la llave de repuesto.

 

Mientras Maite (apropiada, apoyada y acunada por sus pares) fue presentada al país con una escolta de ilustrísimo linaje y anécdotas de infancia, Lisa se presenta a sí misma (hasta se graba) desde un incidente nebuloso en el cual parece ser la víctima y a la vez la ofensora.  ¿O será que ella no deja de ser la víctima porque nadie le perdona su lesbianismo de calle y sin linaje? Pero, y pregunto de nuevo, ¿cuántas varas hay en este país? ¿Sólo la de casta y clase?  ¿Tal vez la de orientación sexual? ¿Raza? ¿Nivel educativo? ¿Marco profesional? ¿Religión intransigente? ¿Moralismo hipócrita?

 

De ninguna de ellas dos sé demasiado.  Creo que tal vez no quiera saber más.  Pero sé lo suficiente como para darme cuenta de cuán malamente hemos resbalado como sociedad cuando sus situaciones de vida se convirtieron en noticias.  A ninguna de las dos pudimos observarlas desde un contexto que considerara el bienestar del país más allá de un evento personal afortunado o desafortunado.  A las dos les impactó, para bien o para mal, cargar unas cuantas marcas de clase, sexo, género y orientación sexual.  Creo que Maite ganó y Lisa perdió. Por un peso de diferencia o tal vez por millones.  Maite pudo haber ganado más si la discusión se hubiera concentrado más en sus méritos y menos en el despliegue de apoyo de la realeza criolla.  Lisa hubiera perdido menos si se hubiera dejado de lado el moralismo simplón (“¿se grajeó? ¿ella provocó por búsqueda de prensa?”) y se hubiera mirado de frente la lesbofobia estructural. Con ninguna se habló del discrimen ni de cómo enfrentarlo socialmente.  Tampoco se habló de desigualdad y de cómo estas cosas la perpetúan.

 

Y el resto del país, mientras, ve el mundial, opina de Maite y de Lisa, olvida que existe el discrimen, se encabrona con las uniones pero no analiza lo que pasa, bebe cervezas y deja que gente como la que ayer inundó el Capitolio siga decidiendo por todas y todos.

 

¿Qué vale más? ¿La dignidad o un peso en el bolsillo?  En este momento en nuestra historia, parece que vale más el peso, pero en el camino, la pérdida de dignidad nos hunde más en el pantano de desigualdades que hace difícil sonreír a la vida sin una mueca de amargura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


13.6.14

Hechizo para un solsticio ¿feliz?


 
Estamos a una semana del solsticio de verano y la luna llena ya brilla. ¿Tiempo de magia? Para una bruja atea (¡sí, existen!) es tiempo de magia pero también de reflexión y acción.  Porque no sólo el solsticio está cerca.  También el cierre del año fiscal gubernamental y las votaciones disparatadas de última hora antes de que termine la actual sesión legislativa.  Hechizos, leyes y un gobierno en bancarrota.  ¡Ah! Y noche de San Juan.  Habrá que convocar a las brujas de todos los confines del planeta.  Así que por esto, les regalo una columna-hechizo.

 

[Para este hechizo necesitará espacio para una fogata o un caldero de brujitx en el cual encenderá su pequeño fuego simbólico.  Puede hacerlo a la orilla de un río o del mar. Si no tiene un cuerpo de agua cerca, tenga un envase con agua.  No olvide flores blancas.]

 

El día más largo del año: Fuego en el fuego

“Y encenderás una fogata a la luz de las estrellas y la encenderás con intención.  Nada ocurre por casualidad, tu intención es la que se manifiesta”.

 

¿Encenderemos la esperanza en este solsticio?  Plantearnos como pregunta cuáles son nuestras intenciones, es vital para lograr la magia del solsticio.  Y fíjense que la intención es muy distinta al deseo.  Podemos desear algo y no tener la más mínima intención de actuar para conseguirlo o para convertirlo en realidad. Podemos desear la paz mundial, y no tener la intención de dejar nuestras prácticas agresivas.  Podemos desear un mejor futuro para nuestra niñez, pero seguir devorando los recursos del planeta sin intención de medir nuestra voracidad.  También podemos desear la equidad y no tener la más mínima intención de renunciar privilegios.  Podemos desear desesperadamente erradicar la pobreza y carecer de la intención de trabajar para la transformación de nuestro sistema económico.  ¿Tenemos la intención de trabajar, de cuestionar, de retarnos, de abandonar lo viejo, de abrazar nuevas ideas, de asumir riesgos, de dar un salto a la acción desde la esperanza? 

 

Cuando cada cual sepa cuál es su intención en este solsticio, podrá encender la fogata.

 

“Fuego en el fuego, agua y estrellas.  Hoy brilla el sol y desde mañana luchará contra la oscuridad. Los días se harán más cortos, pero la vida sigue, otro solsticio habrá.  Abre los ojos, mira a tu alrededor.  Celebra, llora, golpea la tierra con ira y vuelve a reír. No es locura. Es amor, es compasión, es empatía y es humanidad”.

 

Hagamos un balance de lo que tenemos.  De nuestras victorias y de nuestras derrotas, de nuestros amores y de nuestros enemigos.  A nivel personal y colectivo.  Dejemos que nuestra mente se exponga a lo positivo y a lo negativo de sus propias emociones y de la energía que se mueve en forma de eventos a nuestro alrededor.  Mucha gente teme ser tildada de pesimista y se resiste a ver lo negativo.  Nadie quiere reconocer derrotas.  Nadie quiere admitir enemigos.  Pero, si nos empeñamos en negar la existencia de las cosas negativas, replicamos los anuncios de Walmart (¡siempre precios bajos! ¡todo es perfecto aunque explote a mis empleadxs!), del gobierno y la “isla estrella”, de WKAQ y los “piensa positivo” y veinte mil otras sandeces que nos atosigan por ojos, boca y nariz para que nos sintamos bien y no cuestionemos el sistema.  Si bien te sientes y si nada te perturba, pregúntate que parte de tu corazón ya se murió.  Imposible saber del dolor ajeno y de la pobreza y sentirse de maravillas.  Imposible saber de las injusticias y no llorarlas.  Imposible afirmar cada día que estás agradecida y bendecida si no afirmas a la vez que estás encabroná y con ganas de virar el sistema patas pa’rriba.

 

El día y la noche están en nosotras y nosotros.  Vivimos solsticios internos.  A veces gana el día, a veces la noche.  Y eso, no está mal.  Pero mientras vives tu solsticio, no olvides que eres parte de un sistema. Si el sol revienta, revientas tú.

 

“Fuego en el fuego: Alimenta las llamas de tu fogata, toca el agua que te acompaña, nombra tus cargas indeseadas y despídelas con un adiós. Hazlas llama que vuela o agua que se derrama. Despide lo que no quieres.  Abraza lo que sabes que te seguirá acompañando. Sea miedo o amor, todo se vale.  El solsticio es hoy”.

 

Hay cosas que nos acompañarán toda la vida por más que tratemos de soltarlas.  (Sí. Los libros de autoayuda te han mentido.)  Hay otras que podemos desechar.

 

El clasismo, la homofobia, el machismo, el fanatismo político o religioso y la segregación social son cosas desechables.  Las desechamos a nivel personal y a nivel colectivo y muchas veces luego de repetidos intentos que nos cuestan relaciones, comodidades y vidas.  Las secuelas de una vida llena de violencia, el miedo a la soledad, el ser objeto de discrimen y vivir escondiéndose del odio ajeno… no son cosas que se desechan con facilidad.  No todas somos heroínas con la sabiduría y fuerza interna necesarias para superar tanto dolor, odio y coraje.  Eso no nos hace menos. (Recuerda: Los libros de autoayuda mienten. Está bien sentirse triste, iracunda y pesimista de vez en cuando)

 

“Fuego en el fuego: Eres pasión y amor, eres la esperanza que baila, guerrerx en alerta, quien elige un camino y se ciñe a él.  Baila alrededor del fuego.  Ofréndate flores blancas.  Goza en ellas y acéptalas como parte de lo que será tu altar a la libertad, al amor y a la vida/lucha que eliges seguir”.

 

Bailar alrededor del fuego, teniendo claras nuestras intenciones, es un acto de libertad.  Bailar, como acto simbólico, puede tener muchos significados: preámbulo a las guerras que se librarán, celebración de victorias, ofrendas, expresión de amor, de alegría e incluso de duelo.

 

A nuestra Isla le esperan grandes guerras que se librarán en nuestros corazones, en nuestras conciencias, al interior de los colectivos y en el campo político y económico.  Habrá quienes quieran mantenerse en terreno neutral y habrá quienes actúen como las valquirias- alimentándose de los cadáveres que queden en los campos de batalla- mientras estarán lxs que dirán que hay que hacer las cosas como siempre y con la gente de siempre.  Yo espero que hayamos muchxs más dispuestxs a repensar todo y a hacer cosas arriesgadas para salir del estado en el que estamos.  Ya no hay corporaciones foráneas, amiguimismos, fondos seguros o contratos jugosos que justifiquen estar del lado incorrecto de las batallas.  La equidad- esa cosa que algunas personas piensan que es abstracta- no se construye con discursos o eslóganes.  Se construye desde cada decisión personal y cada alianza que aceptamos o rechazamos en los espacios colectivos.

 

En este solsticio, la intención, el baile y las ofrendas tendrán que venir con su propia carga de vida, de muerte y de amor al prójimo.

 

“Fuego en el fuego.  El fuego en ti.  El fuego en todxs.  Purificación.  Atrás lo viejo.  Lo que fue. Lo que ya sabemos que dejó de ser. Lo aprendido.  Ahora se afirma lo que es.  Lo que nace de las lecciones.  Lo que emprendemos sin ataduras y sin cargas. El abismo de cielo, mar y tierra que nos llama y al cual hay que lanzarse sin miedo. 

Con esperanza”.

 

8.3.14

Guineos con boca


Caricatura: "La pensadora" de Diana Raznovich

Publicada en El Nuevo Día el 8 de marzo de 2014
 
“Cuando no había nada más que comer, comíamos guineos con boca”, tía Panchi. 

 

Con esta expresión mi tía se refería a su infancia y adolescencia en Aibonito y a los días en que la pobreza sólo permitía que la familia compuesta por mi abuela, cinco hijos y cuatro hijas comieran guineos sancochaos y sin “mestura”.  Los esfuerzos de una madre para mantener con vida y criar a sus niñas y niños no se veían como una actividad económica. Vivían en privación y vulnerabilidad. No se imaginaban que tenían derechos humanos y aceptaban el lugar que nuestra sociedad les asignaba. La polarización del trabajo era evidente.  Había obreros y peones, mujeres en las casas, pocas y pocos profesionales y una clase gobernante que calmaba su conciencia con actos filantrópicos.

 

Si la historia de mi abuela se diera hoy en día, es posible que ella, mis tías y tíos fueran parte de las miles de familias lideradas por mujeres que viven hoy en día viven bajo nivel de pobreza.  O tal vez no.  Tal vez sería una profesional buscando trabajo y haciendo malabares para balancear sus dos roles.  ¿Por qué? Pese a las luchas organizadas de las mujeres las acciones del Estado han profundizado las múltiples desigualdades que pueden converger en un solo cuerpo de mujer.  Tomen nota para este 8 de marzo.

 

“Cuando las mujeres salían de la fábrica a las cuatro, la gente del pueblo decía, “Soltaron las vacas de míster Benítez””, mi madre (con tono indignado)

 

Así, con desprecio y burla fueron recibidas muchas mujeres en el mundo laboral moderno.  Las movieron de sus casas a las fábricas porque su mano de obra era y es más barata.  La segunda jornada de esas mujeres que salían corriendo de la fábrica en la década del 50 y el 60 para hacerse cargo de sus casas era tan pesada como la de las mujeres de hoy en día.  Ya no sólo eran de su marido, también eran del gerente de la fábrica.  Hoy hay mujeres gerentes, juezas y abogadas.  También maestras y operarias de fábricas.  Pero en Puerto Rico el nivel de desigualdad social es casi igual al de 1950 y al menos el 80% de nuestra riqueza se concentra en las manos de 1% de nuestra población mientras el resto se lo reparte el 20%. De ese 20%, las mujeres reciben una mínima parte y 60% de nuestras familias viven bajo el nivel de pobreza.  La tasa de participación laboral de las mujeres es inferior a la de los hombres y la brecha salarial es más evidente según aumenta nuestro nivel educativo.  Tomen nota para este 8 de marzo.

 

“A mí me gustaba la escuela, pero me sacaron de ella cuando pasé de octavo. La escuela quedaba muy lejos”, mi abuela Juana

 

Cuando se habla del nivel educativo de las mujeres y su acceso a la educación, se tiende a pensar que la mayoría de las mujeres de la Isla se han educado. Sin embargo, al mirar los datos del Censo nos encontramos con lo siguiente: 28% de las mujeres de la Isla tienen menos de cuarto año de escuela superior. El ingreso medio de estas mujeres es inferior al de hombres con el mismo nivel educativo.  Mis dos abuelas eran mujeres brillantes, pero Juana, en especial, quería estudiar. ¿Qué oportunidades tuvo? ¿Qué oportunidades tienen hoy las niñas de las familias que ya viven en pobreza y que son las tristes herederas de la pobreza materna? Otra nota para nuestro 8 de marzo.

 

“Cargo en mis bolsillos la historia de otras guerreras, mujeres que partieron por caminos similares al mío”, mi hija Isadora

 

Mi hija vive consciente de la historia de las mujeres de nuestra familia, pero también de la del resto de mujeres de nuestra Isla.  Su conciencia y la del resto de mujeres luchadoras es, en sí misma, una victoria sobre la historia que nos aún nos invisibiliza y un gobierno que nos tiene como último punto de su agenda al extremo de que no hay un plan de gobierno para la equidad. El plan lo hemos tenido que trabajar nosotras a pulmón.

 

Si la mujeres fueran un punto real en nuestra agenda social y gubernamental, tendríamos políticas reales nuestras vidas, empleo digno y paga justa, acceso a la educación y políticas de salud sexual y reproductiva, participación política equitativa y representación proporcional en puestos públicos, apoyo estructural para lograr balancear nuestras vidas profesionales y personales. Si tomó nota de cada párrafo de esta columna, ya se dio cuenta de que hemos adelantado, pero no lo suficiente.  Hoy, en vez de guineos con boca, las familias empobrecidas de nuestras mujeres quizás coman chefboyardí con cocacola.

 

Quisiera haber escrito una columna más esperanzadora, pero prefiero ser realista.  Toco base con la realidad cada vez que conozco la historia de alguna participante de Matria o la noticia de una nueva mujer asesinada me abofetea.  El 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, es un día de reflexión para el país.  Para honrar a las luchadoras que nos precedieron- y que aún ahora luchan desde el servicio, desde espacios obreros, comunitarios y hasta de gobierno- tomen nota, como tomo nota yo, de la agenda de trabajo que aún tenemos pendiente. 

1.3.14

Ataveyra Medina

Sobre Ataveyra Medina, debo ser justa y decir que por lo menos a mí me da pena que ella halla tenido que renunciar en estas circunstancias. Como asesora en el área de bienestar social, Ataveyra fue instrumental para que lográramos los proyectos LGBTT. Estaba abierta a comunicaciones, entendía perfectamente el lenguaje y argumentos de derechos humanos, cumplió los compromisos que asumió, manejó éticamente la información, fue diligente. Pocas veces encontramos asesoras y asesores que demuestren querer servir de enlace entre los grupos de derechos humanos y el gobernador.


No tengo idea de qué pasó la noche del accidente. Lo que me preocupa es hasta qué punto el manejo de la situación puede deberse al hecho de que estamos ante una mujer joven, liberal y muy inteligente que puede representar una amenaza a las wandas rolex y conservadores que han estado acostumbrados a entrar a Fortaleza a mandar.


Por otra parte, en los momentos en que quise que hiciera más cosas o más rápido, miré dos veces antes de juzgar. Ataveyra tenía demasiados asuntos en sus manos pues atendía cultura y bienestar social siendo dos áreas diferentes y con su propia complejidad. 


Lo que me pregunto es: ¿Por qué nos quejamos de la falta de acceso al poder y luego somos tan durxs con nuestra gente que acepta el reto de llenar espacios que nos son necesarios para adelantar nuestras causas? ¿O es que aquí se creen que al gobernador solito se le ocurrió aceptar los proyectos LGBTT o las órdenes ejecutivas que han dado derechos adicionales? ¿Creen que es su mentalidad católica la que le ha convencido para hablar de perspectiva de género? 


Para que nuestras ideas y causas progresen en una máquina gubernamental clasista, sexista y teocrática como la nuestra, alguna asesora o asesor tiene que tener la inteligencia y sensibilidad para escuchar, entender y actuar con nosotras. Para mí, eso hizo Ataveyra y por eso lamento su renuncia.

16.2.14

Love is in the air


El amor flota por el aire en estos días.  Las desparejadas buscan parejas.  Los desparejados buscan con quien pasar un rato.  Los chocolates se agotan en las tiendas y, si sobran, se conseguirán con descuentos el 15 de febrero.  Las flores son enviadas a diestra y siniestra.  Los restaurantes se atiborran.  Se regalan masajes y cenas. La demanda por depilaciones láser aumenta.  Se pagan billboards con mensajes y hasta avionetas con propuestas de matrimonio.  Se crean eventos de “speed dating” para espantar las soledades aunque eso no necesariamente sea una buena medida de prevención de ITS.  Los “te amo” abundan y mucha gente se felicita porque, a fin de cuentas, tiene la dicha de haber encontrado a su “media naranja”. El rojo es una marea apasionada por las calles de la Isla y todo, todo es más bonito gracias al amor.  Sip.  El amor está en el aire y todo es más bonito.  ¿En serio?  Amor, ¿qué amor?

 

Si buscamos la definición de la palabra amor en el diccionario, veremos más de una.  Desde “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser” hasta una escueta “tendencia a la unión sexual”.   Los requiebros, caricias y deleites también abundan en las definiciones.  Sin embargo, esas definiciones a mí no me complacen.  Me producen más bien un cierto hastío que nace más que nada de la certeza irremediable de que por ese camino las mujeres están destinadas a ser personajes sufridos o superficiales.  La propia Frida Kahlo, idolatrada por algunas feministas, tiene su lado oscuro y  se sometió aún sin quererlo a una visión patriarcal de nuestra relación con el sentimiento amoroso al decir: “Hay que ser sinceras, sin dolor no podemos vivir las mujeres”.  Es el mismo hastío, lo confieso, que me puede atacar cuando veo algunas parejas que mastican su amor en restaurantes o que lo pasean por alguna sala de cine.  No veo la felicidad en sus caras. Veo la rutina asesina que puede acompañar a quienes creen en una monogamia vitalicia y le tienen terror a la soledad. 

 

Ante esto, tendría varias alternativas que considerar en mi análisis del amor que fluye por el aire en estos días. 

 

Una mirada podría partir de una caricatura que compartió en Facebook uno de mis amigos perversos.  Tiene dos escenas.  En la primera, un hombre corre tras una mujer y al pie de la misma, dice: 14 de febrero.  En la segunda, la misma mujer embarazada corre tras el hombre que huye despavorido y lee: 14 de noviembre.  El amor como sexo.  La mujer como objeto del deseo pero no del amor.  El amor definido como “las ganas”, el sumergirse en los clichés de corazones y ropa sexy y dejar a un lado por molesta e inconveniente la idea de vivir desde el respeto y la equidad.  No cometamos el error, sin embargo, de equiparar respeto con permanencia o matrimonio.

 

La otra mirada podría partir de la idea de los anillos entrelazados.  Del pensar en el matrimonio como la cristalización de toda relación amorosa, del creer que un papel determina la seriedad y compromiso del sentimiento que une a dos personas.  “Pedir en matrimonio”, “entregar la novia”, “hasta que la muerte nos separe”.  Todo esto versus, “quiero mi espacio”, “eres mía pero yo no soy tuyo”, “que la otra no nos separe”, “piensa en la familia”, “yo soy la esposa”, “quiero poder casarme y replicar el modelo heterosexista de relación amorosa”, “¡no! no es eso, quiero los mismos derechos de la gente heterosexual”.  ¿Es el matrimonio el asilo de los amores en crisis o de los miedos sociales?  A esto debo decir que qué bueno que no acepté la última propuesta de matrimonio que recibí. Tendría en mis costillas un trámite de divorcio de un matrimonio de Nueva York. 

 

Aunque no es justo generalizar, he de decir que el matrimonio como institución me molesta con su dictadura injustificada sobre lo que son o no son relaciones amorosas “formales” o “permanentes”.  ¿Puede haber matrimonios felices?  He visto algunos que parecen serlo.  Sólo que me preocupan sus fórmulas de felicidad.  A veces hay demasiadas cesiones de poder, demasiados sueños puestos en espera, demasiada energía puesta al servicio de cosas imperdonables.  A estas alturas ya deberíamos haber pensado en otras formas de hacer acuerdos económicos y amorosos menos lesivos a la naturaleza fluida de las emociones humanas.  No es accidente que una mujer como Susan Sontag se preguntara a sí misma: “¿Puedo amar a alguien y aun así pensar y volar?”.  Tal vez ya sea hora de reírnos un poco más del amor tal y como se nos ha presentado tradicionalmente.  (http://dianaraznovich.blogspot.com/)

 

Por último- y aunque en esto del amor no me atrevo a abrazar ninguna teoría, salvo la de la neosoltería que no es para todo el mundo- hay quizás una mirada menos mala, por no decir buena.  Y es esta cosa revolucionaria de aceptar que cada uno y una de nosotras es lo suficientemente interesante y divertida como para pasársela bien sin tener que vivir “enamorada” de alguien.  Así la gente se evita los terrores nocturnos de la cama vacía, engañar a quienes se les atraviesan en el camino y de paso, tal vez hasta hagan cosas maravillosas con sus vidas.  Como ser felices, por ejemplo. 

 

Y aquí vuelvo a Susan Sontag, quien decía querer ser capaz de estar sola, “de que me parezca reparador; no una mera espera”.  Aunque yo no creo que haya que reparar muchas cosas, le añado a su deseo el ser capaz de reconocer el brillo propio, caminar sola y gozar sin culpa.  No todo tiene que ser ese amor del Día de San Valentín que tan bien empaquetado para regalo nos han envuelto por siglos. 



 


5.2.14

Por décadas el gobierno ha metido la pata y la gente le ha seguido creyendo las mentiras. Ahora el gobernador dice que desde anoche se está reuniendo con la Asociación de Bancos, alcaldes y sindicatos. También sentará en SU mesa de trabajo a la Asociación de Detallistas y gente similar. Lo terrible de eso es que estamos hablando de los «usuales sospechosos», la gente que siempre llega a la mesa de los gobernantes y propuso o apoyó las acciones que hoy tienen al país jodío. ¿De verdad alguien cree que AHORA esos grupos solucionarán algo? Si acaso para ellos mismos y sin importarles el resto del país.

La desigualad es peor cada día. Y debo decir que me alegro de que ya el gobierno no pueda seguir hipotecando a nuestrxs hijxs. Lo que esperaría y propongo es lograr una mesa ciudadana real que proponga e impulse lo que de verdad necesitamos como país. Sin partidos, sin usuales sospechosos. Con el pueblo en el corazón.

La generación X, la que llamaron así porque parecía inútil, ahora tendrá que sacar la cara por los disparates de los poderosos de generaciones anteriores y en el camino tratar de no dejar una herencia nefasta a las generaciones que nos seguirán.

Es hora de tener miedo

Si todavía no sienten miedo con lo que estamos viendo en Puerto Rico y el planeta, están tarde. La violencia económica y política que ya est...