25.11.14

Nada de pena

(En conmemoración del Día Internacional de No Más Violencia Hacia las Mujeres)

Publicada originalmente en El Nuevo Día
22 de noviembre de 2014

Cada vez que me enfrento a un evento de violencia de esos que arrasan con la vida de las mujeres, me pregunto cómo hemos sobrevivido a la humanidad.  Por siglos, y de manera consistente, a las mujeres se nos han negado derechos humanos fundamentales: a educarnos, a decidir sobre nuestros cuerpos, a trabajar, a ser dueñas de bienes, a liderar, a ser parte de los círculos de poder que deciden sobre nosotras y sobre el resto del planeta. Sin embargo, esa pregunta siempre encuentra una contestación cuando miro a mi alrededor y veo las maravillosas guerreras amorosas y valientes que rodean mi vida de tantas maneras.

Son guerreras que no se rinden a pesar de vivir en un sistema que sigue oprimiéndolas y que me han dado lecciones que ya son parte de mi forma de ver la vida y de actuar.  Desde ellas y con ellas tenemos muy clara lo que es la propuesta de Matria para un país en el cual dejemos en el pasado la violencia de género.  Quizás la lección más importante de todas es que a pesar de la diversidad de circunstancias y realidades de las mujeres, todas, aún sin reconocerlo, hemos sido objeto de algún tipo de violencia por el mero hecho de ser mujeres. Así que nuestra propuesta de equidad y paz, tiene como primer paso el hacer visibles esas formas de violencia, ampliar el discurso, ir má allá del tema de violencia doméstica y reconocer que hay estereotipos que nos hacen daño, ideas sobre las mujeres que degradan nuestras capacidades, expectativas sociales que nos imponen decisiones y nos quitan oportunidades para el desarrollo y expresiones culturales que sancionan la violencia hacia nosotras.  Ver las manifestaciones de violencia y reconocerlas, trae como segundo paso el tomar conciencia sobre su origen: la desigualdad.

Si la desigualdad es el origen de la violencia hacia las mujeres, impulsar la equidad es la única respuesta aceptable para nosotras.  Ya en este momento se nos hace muy difícil tolerar respuestas a medias o soluciones para las crisis.  Ya nuestra Isla debe plantearse pasar de la pena cada vez que una noticia sobre feminicidios les abofetea desde una periódico, a las acciones que detengan la violencia.

Hay cuatro áreas que ameritan acciones urgentes y valientes desde el gobierno y desde la sociedad: educación, desarrollo económico, salud y participación política. En un estudio del Foro Económico Mundial, se descubrió que los países que han logrado un mayor avance en la equidad y derechos de las mujeres, son aquellos que han trabajado dando prioridad al acceso de las mujeres a esas áreas de desarrollo. ¿Podemos decir que en Puerto Rico se ha trabajado para nuestra equidad? Aún honrando el trabajo hecho por otras compañeras, hay que reconocer que nos queda bastante tarea pendiente. Tarea para nosotras en la sociedad civil y tarea para el gobierno.  También tarea para las empresas, grupos políticos, uniones y comunidades laicas y religiosas.  Todas nuestras instituciones tienen que comprometerse para una trabajo que supere el discurso tradicional del "ay bendito" y se mueva al "vamos a hacer algo".

Hacer implica mucho en este contexto.  Implica mirar datos y estudios, identificar prácticas efectivas, escuchar las voces de las mujeres, hacer planes concretos, asignar presupuesto, asumir discursos coherentes y respaldarlos con acciones, ser consistentes y sobre todo, ser honestas y honestos con el país. De pena en pena nos siguen matando y nos siguen dejando al margen de nuestros derechos humanos. Nada de pena. Lo que necesitamos es equidad y de eso se trata este Día Internacional de No Más Violencia Hacia las Mujeres.

20.6.14

Maite, Lisa y un peso en el bolsillo




 

Busque cada cual en su bolsillo. Algunos tendrán al menos $20 y otrxs se tocarán y recordarán que están sin un peso.  Más allá de ustedes, y de mí, miles de personas de nuestra Isla que ni siquiera sueñan con poner un dedo en una tablet o celular no sólo no tienen el peso, sino que tienen en su cabeza la angustia de no saber cómo lo conseguirán. ¿Qué le puede importar a esta gente lo que pase con estas dos mujeres lesbianas?

 

Sin embargo, esta semana los medios de comunicación, ¡y el gobierno!, fueron muy eficientes en su estrategia para segregarnos como movimientos sociales.  Mientras las comunidades LGBTT y aliadas se preocupaban por el beso de Lisa M y su oportunismo mediático, la Legislatura fusionaba agencias de gobierno.  Mientras faranduleaban con Maite Oronoz y la realeza criolla, se afianzaba el poder de esta clase con nuevos préstamos gubernamentales para hacer negocios estúpidamente y seguir empobreciendo al país.  Tuvimos la versión moderna del baile, botella y baraja con una combinación de besos, memorias tiernas de viajes familiares y moralismo morboso.

 

Esta es sólo una breve columna por lo que no tengo el espacio o el tiempo para analizar en profundidad la complejidad de lo que vivimos en estos días, pero no quería dejar pasar la oportunidad para, al menos, provocar una reflexión que sirva de algo en las próximas semanas.  Porque créanme, luego de Maite y Lisa habrá que tocarse el bolsillo y también el corazón.

 

Miremos a Maite (sí, así, con familiaridad, como en una revista HOLA).  Contrario a las estrategias utilizadas por el presidente Obama para diversificar la judicatura federal, en Puerto Rico el gobernador García Padilla designó a nuestro Tribunal Supremo -sin consulta ni diálogo-  a una mujer de la alta clase social y política de nuestra Isla que resultó ser, casualidad y oportunidad, lesbiana. Ya imaginarán cómo ese elemento polarizó la discusión pública. El liderato fundamentalista religioso se lanzó de inmediato al ruedo a atacar a la nominada por su orientación sexual y al liderato LGBTT no le quedó más remedio que lanzarse a exigir que fuera evaluada con transparencia y al margen de su orientación sexual.  Inclusive, la prensa se encargó de convertir su orientación sexual en una primera plana.  ¿Sus atributos para el puesto? Quedaron al margen del proceso y de las ponencias presentadas en las vistas de confirmación.

 

Letras y dedos se pusieron en las redes sociales al servicio de este evento.  Hubo gente que la criticó, gente que sospechó de ella y su clasismo, gente que se ilusionó y gente que vio el momento histórico. A mí me pareció importante el nombramiento de una mujer lesbiana al Supremo y más aún el hecho de que tiene la posibilidad de ser confirmada.  Sin embargo, tengo un sabor agridulce tal vez más agrio que dulce.  ¿Por qué?  Tengo muchas preguntas en mi cabeza.  Les comparto algunas.

 

Por ejemplo, ¿será confirmada como persona LGBTT y con la intención de traer diversidad al foro judicial o será que su clase le perdona esa falta en aras de garantizarse dentro del Supremo a una de su estirpe? Para mí fue significativo su silencio en cuanto a su compañera durante su ponencia. ¿Algún acuerdo con senadorxs conservadorxs para garantizar sus votos?  Me pregunto también, esta vez con morbosidad, qué mecanismos se activaron para lograr llenar la sala de la vistas con el grupo responsable del estado de pobreza y desigualdad que ha destruido a nuestra Isla.  Y no sólo llenaron el salón, sino que además casi parecieron los adalides de la justicia social y de la equidad.  ¿Tendremos en el pueblo memoria tan corta?  Espero que no porque ya hoy Hernández Denton y Andreu (sus primeros deponentes a favor) son abogados de Doral Bank contra el gobierno de Puerto Rico.  ¿Llegará este caso ante su Maite-niña-familia?  Por lo pronto, si con 38 años Maite es confirmada, admito que me da algo de pena. ¿Imaginan vivir sus próximos 32 años pagando el favor y transitando por los pasillos rígidos de ese tribunal?

 

Y Lisa... Esa Lisa que de momento ha sido una tendencia destacada en redes.  Imagino que también la veremos en TV Guía (¿existe eso todavía?).  Un beso bien o mal dado puede hacer esas cosas.  Lo que también puede hacer, e hizo, fue borrar del panorama lo que debió ser la discusión real de cara a un evento que nos confronta con la posibilidad de que en la Isla se discrimine en establecimientos públicos contra personas de las comunidades LGBTT.  Porque al margen de Lisa M y la tal Margarita, quienes trabajamos por la equidad sabemos que en Puerto Rico sí se discrimina en espacios públicos y sí existen incidentes en los que se saca de locales o se les daña el paseo a personas LGBTT que se besan.  ¿Por qué a pesar de eso hay gente nuestra que elige no actuar sobre el discrimen? ¿Por qué hay tanta gente eligiendo el chisme, el moralismo y enfocarse en dos mujeres que no representan al resto de la comunidad LGBTT? De paso un saludito a lxs representantes hipócritas que dañaron el proyecto antidiscrimen (PS238) para convertirlo en la Ley 22 del 2013 sin protección legal explícita para estos casos.

 

Luego viene el peso.  La cara de Washington en un papel que domina la vida de mucha gente.  Tener o no tener un peso en el bolsillo hace una gran diferencia en una sociedad capitalista.  Hace una diferencia tan grande que te hace digna de ser nominada al Tribunal Supremo o te hace indigna del respeto popular aún cundo ambas mujeres tengan la misma orientación sexual.  Un peso también puede relacionarse con la casta y raza a la cual perteneces y es la llave que te abre las puertas a los cuartos en los que todxs se conocen y todxs deciden el rumbo del país en nombre de una aparente democracia que se sostiene desde la ilusión eleccionaria de quienes tienen cupones en vez de pesos en los bolsillos.  Claro, si tu peso es blanco, mucho mejor. Así si te falta, tu historia familiar te da la llave de repuesto.

 

Mientras Maite (apropiada, apoyada y acunada por sus pares) fue presentada al país con una escolta de ilustrísimo linaje y anécdotas de infancia, Lisa se presenta a sí misma (hasta se graba) desde un incidente nebuloso en el cual parece ser la víctima y a la vez la ofensora.  ¿O será que ella no deja de ser la víctima porque nadie le perdona su lesbianismo de calle y sin linaje? Pero, y pregunto de nuevo, ¿cuántas varas hay en este país? ¿Sólo la de casta y clase?  ¿Tal vez la de orientación sexual? ¿Raza? ¿Nivel educativo? ¿Marco profesional? ¿Religión intransigente? ¿Moralismo hipócrita?

 

De ninguna de ellas dos sé demasiado.  Creo que tal vez no quiera saber más.  Pero sé lo suficiente como para darme cuenta de cuán malamente hemos resbalado como sociedad cuando sus situaciones de vida se convirtieron en noticias.  A ninguna de las dos pudimos observarlas desde un contexto que considerara el bienestar del país más allá de un evento personal afortunado o desafortunado.  A las dos les impactó, para bien o para mal, cargar unas cuantas marcas de clase, sexo, género y orientación sexual.  Creo que Maite ganó y Lisa perdió. Por un peso de diferencia o tal vez por millones.  Maite pudo haber ganado más si la discusión se hubiera concentrado más en sus méritos y menos en el despliegue de apoyo de la realeza criolla.  Lisa hubiera perdido menos si se hubiera dejado de lado el moralismo simplón (“¿se grajeó? ¿ella provocó por búsqueda de prensa?”) y se hubiera mirado de frente la lesbofobia estructural. Con ninguna se habló del discrimen ni de cómo enfrentarlo socialmente.  Tampoco se habló de desigualdad y de cómo estas cosas la perpetúan.

 

Y el resto del país, mientras, ve el mundial, opina de Maite y de Lisa, olvida que existe el discrimen, se encabrona con las uniones pero no analiza lo que pasa, bebe cervezas y deja que gente como la que ayer inundó el Capitolio siga decidiendo por todas y todos.

 

¿Qué vale más? ¿La dignidad o un peso en el bolsillo?  En este momento en nuestra historia, parece que vale más el peso, pero en el camino, la pérdida de dignidad nos hunde más en el pantano de desigualdades que hace difícil sonreír a la vida sin una mueca de amargura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


13.6.14

Hechizo para un solsticio ¿feliz?


 
Estamos a una semana del solsticio de verano y la luna llena ya brilla. ¿Tiempo de magia? Para una bruja atea (¡sí, existen!) es tiempo de magia pero también de reflexión y acción.  Porque no sólo el solsticio está cerca.  También el cierre del año fiscal gubernamental y las votaciones disparatadas de última hora antes de que termine la actual sesión legislativa.  Hechizos, leyes y un gobierno en bancarrota.  ¡Ah! Y noche de San Juan.  Habrá que convocar a las brujas de todos los confines del planeta.  Así que por esto, les regalo una columna-hechizo.

 

[Para este hechizo necesitará espacio para una fogata o un caldero de brujitx en el cual encenderá su pequeño fuego simbólico.  Puede hacerlo a la orilla de un río o del mar. Si no tiene un cuerpo de agua cerca, tenga un envase con agua.  No olvide flores blancas.]

 

El día más largo del año: Fuego en el fuego

“Y encenderás una fogata a la luz de las estrellas y la encenderás con intención.  Nada ocurre por casualidad, tu intención es la que se manifiesta”.

 

¿Encenderemos la esperanza en este solsticio?  Plantearnos como pregunta cuáles son nuestras intenciones, es vital para lograr la magia del solsticio.  Y fíjense que la intención es muy distinta al deseo.  Podemos desear algo y no tener la más mínima intención de actuar para conseguirlo o para convertirlo en realidad. Podemos desear la paz mundial, y no tener la intención de dejar nuestras prácticas agresivas.  Podemos desear un mejor futuro para nuestra niñez, pero seguir devorando los recursos del planeta sin intención de medir nuestra voracidad.  También podemos desear la equidad y no tener la más mínima intención de renunciar privilegios.  Podemos desear desesperadamente erradicar la pobreza y carecer de la intención de trabajar para la transformación de nuestro sistema económico.  ¿Tenemos la intención de trabajar, de cuestionar, de retarnos, de abandonar lo viejo, de abrazar nuevas ideas, de asumir riesgos, de dar un salto a la acción desde la esperanza? 

 

Cuando cada cual sepa cuál es su intención en este solsticio, podrá encender la fogata.

 

“Fuego en el fuego, agua y estrellas.  Hoy brilla el sol y desde mañana luchará contra la oscuridad. Los días se harán más cortos, pero la vida sigue, otro solsticio habrá.  Abre los ojos, mira a tu alrededor.  Celebra, llora, golpea la tierra con ira y vuelve a reír. No es locura. Es amor, es compasión, es empatía y es humanidad”.

 

Hagamos un balance de lo que tenemos.  De nuestras victorias y de nuestras derrotas, de nuestros amores y de nuestros enemigos.  A nivel personal y colectivo.  Dejemos que nuestra mente se exponga a lo positivo y a lo negativo de sus propias emociones y de la energía que se mueve en forma de eventos a nuestro alrededor.  Mucha gente teme ser tildada de pesimista y se resiste a ver lo negativo.  Nadie quiere reconocer derrotas.  Nadie quiere admitir enemigos.  Pero, si nos empeñamos en negar la existencia de las cosas negativas, replicamos los anuncios de Walmart (¡siempre precios bajos! ¡todo es perfecto aunque explote a mis empleadxs!), del gobierno y la “isla estrella”, de WKAQ y los “piensa positivo” y veinte mil otras sandeces que nos atosigan por ojos, boca y nariz para que nos sintamos bien y no cuestionemos el sistema.  Si bien te sientes y si nada te perturba, pregúntate que parte de tu corazón ya se murió.  Imposible saber del dolor ajeno y de la pobreza y sentirse de maravillas.  Imposible saber de las injusticias y no llorarlas.  Imposible afirmar cada día que estás agradecida y bendecida si no afirmas a la vez que estás encabroná y con ganas de virar el sistema patas pa’rriba.

 

El día y la noche están en nosotras y nosotros.  Vivimos solsticios internos.  A veces gana el día, a veces la noche.  Y eso, no está mal.  Pero mientras vives tu solsticio, no olvides que eres parte de un sistema. Si el sol revienta, revientas tú.

 

“Fuego en el fuego: Alimenta las llamas de tu fogata, toca el agua que te acompaña, nombra tus cargas indeseadas y despídelas con un adiós. Hazlas llama que vuela o agua que se derrama. Despide lo que no quieres.  Abraza lo que sabes que te seguirá acompañando. Sea miedo o amor, todo se vale.  El solsticio es hoy”.

 

Hay cosas que nos acompañarán toda la vida por más que tratemos de soltarlas.  (Sí. Los libros de autoayuda te han mentido.)  Hay otras que podemos desechar.

 

El clasismo, la homofobia, el machismo, el fanatismo político o religioso y la segregación social son cosas desechables.  Las desechamos a nivel personal y a nivel colectivo y muchas veces luego de repetidos intentos que nos cuestan relaciones, comodidades y vidas.  Las secuelas de una vida llena de violencia, el miedo a la soledad, el ser objeto de discrimen y vivir escondiéndose del odio ajeno… no son cosas que se desechan con facilidad.  No todas somos heroínas con la sabiduría y fuerza interna necesarias para superar tanto dolor, odio y coraje.  Eso no nos hace menos. (Recuerda: Los libros de autoayuda mienten. Está bien sentirse triste, iracunda y pesimista de vez en cuando)

 

“Fuego en el fuego: Eres pasión y amor, eres la esperanza que baila, guerrerx en alerta, quien elige un camino y se ciñe a él.  Baila alrededor del fuego.  Ofréndate flores blancas.  Goza en ellas y acéptalas como parte de lo que será tu altar a la libertad, al amor y a la vida/lucha que eliges seguir”.

 

Bailar alrededor del fuego, teniendo claras nuestras intenciones, es un acto de libertad.  Bailar, como acto simbólico, puede tener muchos significados: preámbulo a las guerras que se librarán, celebración de victorias, ofrendas, expresión de amor, de alegría e incluso de duelo.

 

A nuestra Isla le esperan grandes guerras que se librarán en nuestros corazones, en nuestras conciencias, al interior de los colectivos y en el campo político y económico.  Habrá quienes quieran mantenerse en terreno neutral y habrá quienes actúen como las valquirias- alimentándose de los cadáveres que queden en los campos de batalla- mientras estarán lxs que dirán que hay que hacer las cosas como siempre y con la gente de siempre.  Yo espero que hayamos muchxs más dispuestxs a repensar todo y a hacer cosas arriesgadas para salir del estado en el que estamos.  Ya no hay corporaciones foráneas, amiguimismos, fondos seguros o contratos jugosos que justifiquen estar del lado incorrecto de las batallas.  La equidad- esa cosa que algunas personas piensan que es abstracta- no se construye con discursos o eslóganes.  Se construye desde cada decisión personal y cada alianza que aceptamos o rechazamos en los espacios colectivos.

 

En este solsticio, la intención, el baile y las ofrendas tendrán que venir con su propia carga de vida, de muerte y de amor al prójimo.

 

“Fuego en el fuego.  El fuego en ti.  El fuego en todxs.  Purificación.  Atrás lo viejo.  Lo que fue. Lo que ya sabemos que dejó de ser. Lo aprendido.  Ahora se afirma lo que es.  Lo que nace de las lecciones.  Lo que emprendemos sin ataduras y sin cargas. El abismo de cielo, mar y tierra que nos llama y al cual hay que lanzarse sin miedo. 

Con esperanza”.

 

8.3.14

Guineos con boca


Caricatura: "La pensadora" de Diana Raznovich

Publicada en El Nuevo Día el 8 de marzo de 2014
 
“Cuando no había nada más que comer, comíamos guineos con boca”, tía Panchi. 

 

Con esta expresión mi tía se refería a su infancia y adolescencia en Aibonito y a los días en que la pobreza sólo permitía que la familia compuesta por mi abuela, cinco hijos y cuatro hijas comieran guineos sancochaos y sin “mestura”.  Los esfuerzos de una madre para mantener con vida y criar a sus niñas y niños no se veían como una actividad económica. Vivían en privación y vulnerabilidad. No se imaginaban que tenían derechos humanos y aceptaban el lugar que nuestra sociedad les asignaba. La polarización del trabajo era evidente.  Había obreros y peones, mujeres en las casas, pocas y pocos profesionales y una clase gobernante que calmaba su conciencia con actos filantrópicos.

 

Si la historia de mi abuela se diera hoy en día, es posible que ella, mis tías y tíos fueran parte de las miles de familias lideradas por mujeres que viven hoy en día viven bajo nivel de pobreza.  O tal vez no.  Tal vez sería una profesional buscando trabajo y haciendo malabares para balancear sus dos roles.  ¿Por qué? Pese a las luchas organizadas de las mujeres las acciones del Estado han profundizado las múltiples desigualdades que pueden converger en un solo cuerpo de mujer.  Tomen nota para este 8 de marzo.

 

“Cuando las mujeres salían de la fábrica a las cuatro, la gente del pueblo decía, “Soltaron las vacas de míster Benítez””, mi madre (con tono indignado)

 

Así, con desprecio y burla fueron recibidas muchas mujeres en el mundo laboral moderno.  Las movieron de sus casas a las fábricas porque su mano de obra era y es más barata.  La segunda jornada de esas mujeres que salían corriendo de la fábrica en la década del 50 y el 60 para hacerse cargo de sus casas era tan pesada como la de las mujeres de hoy en día.  Ya no sólo eran de su marido, también eran del gerente de la fábrica.  Hoy hay mujeres gerentes, juezas y abogadas.  También maestras y operarias de fábricas.  Pero en Puerto Rico el nivel de desigualdad social es casi igual al de 1950 y al menos el 80% de nuestra riqueza se concentra en las manos de 1% de nuestra población mientras el resto se lo reparte el 20%. De ese 20%, las mujeres reciben una mínima parte y 60% de nuestras familias viven bajo el nivel de pobreza.  La tasa de participación laboral de las mujeres es inferior a la de los hombres y la brecha salarial es más evidente según aumenta nuestro nivel educativo.  Tomen nota para este 8 de marzo.

 

“A mí me gustaba la escuela, pero me sacaron de ella cuando pasé de octavo. La escuela quedaba muy lejos”, mi abuela Juana

 

Cuando se habla del nivel educativo de las mujeres y su acceso a la educación, se tiende a pensar que la mayoría de las mujeres de la Isla se han educado. Sin embargo, al mirar los datos del Censo nos encontramos con lo siguiente: 28% de las mujeres de la Isla tienen menos de cuarto año de escuela superior. El ingreso medio de estas mujeres es inferior al de hombres con el mismo nivel educativo.  Mis dos abuelas eran mujeres brillantes, pero Juana, en especial, quería estudiar. ¿Qué oportunidades tuvo? ¿Qué oportunidades tienen hoy las niñas de las familias que ya viven en pobreza y que son las tristes herederas de la pobreza materna? Otra nota para nuestro 8 de marzo.

 

Cargo en mis bolsillos la historia de otras guerreras, mujeres que partieron por caminos similares al mío”, mi hija Isadora

 

Mi hija vive consciente de la historia de las mujeres de nuestra familia, pero también de la del resto de mujeres de nuestra Isla.  Su conciencia y la del resto de mujeres luchadoras es, en sí misma, una victoria sobre la historia que nos aún nos invisibiliza y un gobierno que nos tiene como último punto de su agenda al extremo de que no hay un plan de gobierno para la equidad. El plan lo hemos tenido que trabajar nosotras a pulmón.

 

Si la mujeres fueran un punto real en nuestra agenda social y gubernamental, tendríamos políticas reales nuestras vidas, empleo digno y paga justa, acceso a la educación y políticas de salud sexual y reproductiva, participación política equitativa y representación proporcional en puestos públicos, apoyo estructural para lograr balancear nuestras vidas profesionales y personales. Si tomó nota de cada párrafo de esta columna, ya se dio cuenta de que hemos adelantado, pero no lo suficiente.  Hoy, en vez de guineos con boca, las familias empobrecidas de nuestras mujeres quizás coman chefboyardí con cocacola.

 

Quisiera haber escrito una columna más esperanzadora, pero prefiero ser realista.  Toco base con la realidad cada vez que conozco la historia de alguna participante de Matria o la noticia de una nueva mujer asesinada me abofetea.  El 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, es un día de reflexión para el país.  Para honrar a las luchadoras que nos precedieron- y que aún ahora luchan desde el servicio, desde espacios obreros, comunitarios y hasta de gobierno- tomen nota, como tomo nota yo, de la agenda de trabajo que aún tenemos pendiente. 

1.3.14

Ataveyra Medina

Sobre Ataveyra Medina, debo ser justa y decir que por lo menos a mí me da pena que ella halla tenido que renunciar en estas circunstancias. Como asesora en el área de bienestar social, Ataveyra fue instrumental para que lográramos los proyectos LGBTT. Estaba abierta a comunicaciones, entendía perfectamente el lenguaje y argumentos de derechos humanos, cumplió los compromisos que asumió, manejó éticamente la información, fue diligente. Pocas veces encontramos asesoras y asesores que demuestren querer servir de enlace entre los grupos de derechos humanos y el gobernador.


No tengo idea de qué pasó la noche del accidente. Lo que me preocupa es hasta qué punto el manejo de la situación puede deberse al hecho de que estamos ante una mujer joven, liberal y muy inteligente que puede representar una amenaza a las wandas rolex y conservadores que han estado acostumbrados a entrar a Fortaleza a mandar.


Por otra parte, en los momentos en que quise que hiciera más cosas o más rápido, miré dos veces antes de juzgar. Ataveyra tenía demasiados asuntos en sus manos pues atendía cultura y bienestar social siendo dos áreas diferentes y con su propia complejidad. 


Lo que me pregunto es: ¿Por qué nos quejamos de la falta de acceso al poder y luego somos tan durxs con nuestra gente que acepta el reto de llenar espacios que nos son necesarios para adelantar nuestras causas? ¿O es que aquí se creen que al gobernador solito se le ocurrió aceptar los proyectos LGBTT o las órdenes ejecutivas que han dado derechos adicionales? ¿Creen que es su mentalidad católica la que le ha convencido para hablar de perspectiva de género? 


Para que nuestras ideas y causas progresen en una máquina gubernamental clasista, sexista y teocrática como la nuestra, alguna asesora o asesor tiene que tener la inteligencia y sensibilidad para escuchar, entender y actuar con nosotras. Para mí, eso hizo Ataveyra y por eso lamento su renuncia.

16.2.14

Love is in the air


El amor flota por el aire en estos días.  Las desparejadas buscan parejas.  Los desparejados buscan con quien pasar un rato.  Los chocolates se agotan en las tiendas y, si sobran, se conseguirán con descuentos el 15 de febrero.  Las flores son enviadas a diestra y siniestra.  Los restaurantes se atiborran.  Se regalan masajes y cenas. La demanda por depilaciones láser aumenta.  Se pagan billboards con mensajes y hasta avionetas con propuestas de matrimonio.  Se crean eventos de “speed dating” para espantar las soledades aunque eso no necesariamente sea una buena medida de prevención de ITS.  Los “te amo” abundan y mucha gente se felicita porque, a fin de cuentas, tiene la dicha de haber encontrado a su “media naranja”. El rojo es una marea apasionada por las calles de la Isla y todo, todo es más bonito gracias al amor.  Sip.  El amor está en el aire y todo es más bonito.  ¿En serio?  Amor, ¿qué amor?

 

Si buscamos la definición de la palabra amor en el diccionario, veremos más de una.  Desde “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser” hasta una escueta “tendencia a la unión sexual”.   Los requiebros, caricias y deleites también abundan en las definiciones.  Sin embargo, esas definiciones a mí no me complacen.  Me producen más bien un cierto hastío que nace más que nada de la certeza irremediable de que por ese camino las mujeres están destinadas a ser personajes sufridos o superficiales.  La propia Frida Kahlo, idolatrada por algunas feministas, tiene su lado oscuro y  se sometió aún sin quererlo a una visión patriarcal de nuestra relación con el sentimiento amoroso al decir: “Hay que ser sinceras, sin dolor no podemos vivir las mujeres”.  Es el mismo hastío, lo confieso, que me puede atacar cuando veo algunas parejas que mastican su amor en restaurantes o que lo pasean por alguna sala de cine.  No veo la felicidad en sus caras. Veo la rutina asesina que puede acompañar a quienes creen en una monogamia vitalicia y le tienen terror a la soledad. 

 

Ante esto, tendría varias alternativas que considerar en mi análisis del amor que fluye por el aire en estos días. 

 

Una mirada podría partir de una caricatura que compartió en Facebook uno de mis amigos perversos.  Tiene dos escenas.  En la primera, un hombre corre tras una mujer y al pie de la misma, dice: 14 de febrero.  En la segunda, la misma mujer embarazada corre tras el hombre que huye despavorido y lee: 14 de noviembre.  El amor como sexo.  La mujer como objeto del deseo pero no del amor.  El amor definido como “las ganas”, el sumergirse en los clichés de corazones y ropa sexy y dejar a un lado por molesta e inconveniente la idea de vivir desde el respeto y la equidad.  No cometamos el error, sin embargo, de equiparar respeto con permanencia o matrimonio.

 

La otra mirada podría partir de la idea de los anillos entrelazados.  Del pensar en el matrimonio como la cristalización de toda relación amorosa, del creer que un papel determina la seriedad y compromiso del sentimiento que une a dos personas.  “Pedir en matrimonio”, “entregar la novia”, “hasta que la muerte nos separe”.  Todo esto versus, “quiero mi espacio”, “eres mía pero yo no soy tuyo”, “que la otra no nos separe”, “piensa en la familia”, “yo soy la esposa”, “quiero poder casarme y replicar el modelo heterosexista de relación amorosa”, “¡no! no es eso, quiero los mismos derechos de la gente heterosexual”.  ¿Es el matrimonio el asilo de los amores en crisis o de los miedos sociales?  A esto debo decir que qué bueno que no acepté la última propuesta de matrimonio que recibí. Tendría en mis costillas un trámite de divorcio de un matrimonio de Nueva York. 

 

Aunque no es justo generalizar, he de decir que el matrimonio como institución me molesta con su dictadura injustificada sobre lo que son o no son relaciones amorosas “formales” o “permanentes”.  ¿Puede haber matrimonios felices?  He visto algunos que parecen serlo.  Sólo que me preocupan sus fórmulas de felicidad.  A veces hay demasiadas cesiones de poder, demasiados sueños puestos en espera, demasiada energía puesta al servicio de cosas imperdonables.  A estas alturas ya deberíamos haber pensado en otras formas de hacer acuerdos económicos y amorosos menos lesivos a la naturaleza fluida de las emociones humanas.  No es accidente que una mujer como Susan Sontag se preguntara a sí misma: “¿Puedo amar a alguien y aun así pensar y volar?”.  Tal vez ya sea hora de reírnos un poco más del amor tal y como se nos ha presentado tradicionalmente.  (http://dianaraznovich.blogspot.com/)

 

Por último- y aunque en esto del amor no me atrevo a abrazar ninguna teoría, salvo la de la neosoltería que no es para todo el mundo- hay quizás una mirada menos mala, por no decir buena.  Y es esta cosa revolucionaria de aceptar que cada uno y una de nosotras es lo suficientemente interesante y divertida como para pasársela bien sin tener que vivir “enamorada” de alguien.  Así la gente se evita los terrores nocturnos de la cama vacía, engañar a quienes se les atraviesan en el camino y de paso, tal vez hasta hagan cosas maravillosas con sus vidas.  Como ser felices, por ejemplo. 

 

Y aquí vuelvo a Susan Sontag, quien decía querer ser capaz de estar sola, “de que me parezca reparador; no una mera espera”.  Aunque yo no creo que haya que reparar muchas cosas, le añado a su deseo el ser capaz de reconocer el brillo propio, caminar sola y gozar sin culpa.  No todo tiene que ser ese amor del Día de San Valentín que tan bien empaquetado para regalo nos han envuelto por siglos. 



 


5.2.14

Por décadas el gobierno ha metido la pata y la gente le ha seguido creyendo las mentiras. Ahora el gobernador dice que desde anoche se está reuniendo con la Asociación de Bancos, alcaldes y sindicatos. También sentará en SU mesa de trabajo a la Asociación de Detallistas y gente similar. Lo terrible de eso es que estamos hablando de los «usuales sospechosos», la gente que siempre llega a la mesa de los gobernantes y propuso o apoyó las acciones que hoy tienen al país jodío. ¿De verdad alguien cree que AHORA esos grupos solucionarán algo? Si acaso para ellos mismos y sin importarles el resto del país.

La desigualad es peor cada día. Y debo decir que me alegro de que ya el gobierno no pueda seguir hipotecando a nuestrxs hijxs. Lo que esperaría y propongo es lograr una mesa ciudadana real que proponga e impulse lo que de verdad necesitamos como país. Sin partidos, sin usuales sospechosos. Con el pueblo en el corazón.

La generación X, la que llamaron así porque parecía inútil, ahora tendrá que sacar la cara por los disparates de los poderosos de generaciones anteriores y en el camino tratar de no dejar una herencia nefasta a las generaciones que nos seguirán.

25.11.13

El lobo feroz




(Cuento para un 25 de noviembre)

El lobo vivía en una casa grande y oscura.  Cada mañana, al despertar, estiraba sus patas, saltaba de su cama y afilaba sus zarpas en una viga antigua y gigantesca que había heredado de su padre lobo y que éste, a su vez, había heredado del abuelo lobo.  En cada generación, los restos de las zarpas alimentaban a la viga y la hacían cada vez más gruesa.  El lobo se miraba las zarpas orgulloso y pensaba: ‘Nada como unas zarpas afiladas para salir de caza’”.

 

El machismo y la misoginia no son cosa nueva en nuestra sociedad occidental.  Son el fruto de siglos de construcción de un imaginario y unas estructuras de poder que han logrado convertirse en algo que parece natural, pero que no lo es.  La Iglesia, el Estado y el andamiaje económico capitalista son esa viga antigua que se ha engrosado con las leyes, la literatura, el arte, los medios de comunicación, los sistemas educativos, la ignorancia y la complicidad de quienes ven la desigualdad pero no la combaten porque les conviene.  La desigualdad es la gran casa oscura en la cual las sombras de la violencia y la pobreza se deslizan como fantasmas que se tragan las vidas de miles de mujeres y de sus familias.

 

“El lobo siempre tenía hambre.  El lobo siempre tenía miedo.  El lobo sabía disfrazar su hambre y su miedo y, así, salía de cacería sin llamar la atención.  De vez en cuando hasta ayudaba a alguna oveja extraviada.  También era el primero en ofrecer ayuda cuando en el bosque otras fieras pasaban hambre o necesitaban que alguien intercediera por ellas para obtener una madriguera en el invierno”.

 

Cada vez que escucho a un político machista abogar por leyes que acrecientan la desigualdad, sé que hablan la avaricia y el miedo.  Cada vez que oigo a un líder o lideresa fundamentalista llamar a las masas a actuar en contra de los derechos humanos de las mujeres y de la equidad, sé que está hablando un lobo que corre con el rabo entre las patas y que trata de recomponerse para detener el avance de la humanidad.  No quiere perder su fuente de alimentación: ofrendas, sumisión, posición social y acceso a capital.  Pero claro que esa avaricia y ese miedo se disimulan.  Aportan recursos a causas rosadas e inofensivas.  Un donativo aquí, un discurso inofensivo sobre el valor de la familia por acá, una recolecta para una hermana pobre, un albergue para personas sin hogar… Parece que hacen y no hacen nada.  Construyen una reputación que les provee la lana para su disfraz de oveja aprovechándose de la necesidad ajena y atendiendo solamente los síntomas de la desigualdad.  Jamás sus raíces.  Eso les destruiría.

 

Este lobo era mutante.  Tenía el poder de convertir a las víctimas de su mordida en pequeños perros satos que saltaban, ladraban y jugaban a su alrededor.  Eso le ayudaba a crear un halo liviano de bondad y de filantropía.  Sus perros le eran fieles y se conformaban con los huesos roídos que el lobo les regalaba después de llenar su barriga con la carne de las caperucitas desprevenidas.  A estos perros no les molestaba que las caperucitas fueran devoradas.  Después de todo, el lobo les había explicado que eran malas y peligrosas”.

 

La violencia hacia las mujeres ha sido construida intencionalmente para controlar sus cuerpos y mentes y con ello, su capacidad de acción.  Las mujeres- vistas como instrumentos para parir y criar, servir y cuidar, obedecer y hacer- necesitan ser mantenidas en roles que sostengan el sistema económico y de desigualdad en el que vivimos.  Un sistema que depende de la mano de obra y del control social para funcionar, necesita mujeres que hagan todas esas cosas. En ese sentido, la cultura patriarcal se nutre de la violencia sistemática hacia las mujeres que se rebelan. Las alecciona y las usa de ejemplo.  La viga en la cual el lobo afila sus uñas se ha engrosado con el paso del tiempo, así como el número de perros que se someten a la voluntad del machismo.  Así, hombres y mujeres, editores, músicos, cantantes, pintores, políticos, religiosos, doctores, jueces, policías y fiscales que repiten el discurso machista y coartan la libertad de las mujeres son meras piezas menores de un sistema que les permite sobrevivir en sus propios espacios de desigualdad a cambio de su lealtad a los valores de opresión.  Cada vez que un titular de un periódico habla de un crimen machista y lo llama pasional, cada vez que un cantante interpreta una canción que demoniza a la mujer que lo rechazó, cada vez que un publicista usa una mujer desnuda para vender un producto o las presenta como mucamas, cada vez que un policía se niega a atender una querella y cada vez que un gobernador ignora la ineptitud de las agencias de gobierno en temas de género, se hacen cómplices del lobo y hacen piruetas a su alrededor.

 

Pero para un lobo, una nueva caperucita.  No.  Mejor muchas caperucitas brujas y rebeldes.  El lobo estaba tan envanecido con su poder, que no se dio cuenta de cómo las caperucitas se estaban transformando.  Largas noches de llanto, días tristes en los cuales recogieron los huesos de sus hermanas, semanas de cuidar y recomponer a las que habían escapado por un pelo del lobo y gritos y gritos pidiendo al resto del bosque que vieran al lobo tal cual era, les convencieron de que tenían que hacer algo.  Seguían siendo amorosas.  Seguían siendo solidarias.  Pero su memoria colectiva les había fortalecido para enfrentar la bestia.  No con zarpas y engaños.  Al lobo se le enfrenta con armas más poderosas. Las caperucitas sabían que no sería un cazador su defensa.  Serían ellas.  Y así, las caperucitas idearon su plan…”

 

Todavía hay personas a las cuales les molesta que hablemos de machismo.  No les gusta la palabra.  Sienten que estigmatiza a los hombres.  Sin embargo, molestarse por una palabra y no buscar qué significa la misma revela que en realidad hay un prejuicio que vencer.  Al hablar del machismo hablamos de un conjunto de prácticas, de creencias y de actitudes que consideran a las mujeres como inferiores, incapaces y a veces hasta perversas.  El machismo es la base ideológica que sostiene la desigualdad entre hombres y mujeres y es la misma que degrada la humanidad de las personas no heterosexuales.  Desde esa desigualdad, nos asesinan de muchas maneras cada día.  El machismo es también el responsable de las justificaciones de los asesinos confesos y de la falta de sensibilidad de los periodistas que les ponen un micrófono al frente para que destruyan la reputación de sus víctimas.  Las mujeres han tenido que ver durante siglos cómo el público se hace eco de los agresores y termina juzgando a las víctimas y no a los criminales.

 

Así que al machismo, para vencerlo, hay que llamarlo por el nombre y reconocerlo.  Mientras permitamos que la noticia trivial o las voces sexistas dominen nuestra voz colectiva, estamos dando poder a la violencia y dejando indefensas a nuestras niñas, mujeres adultas y mujeres de edad avanzada.  No les damos herramientas para defenderse, no somos capaces de apoyarlas y creamos un estado en el cual ellas pueden sentir que carecen de espacios para ser libres y plenas.

 

"Un perro confidente alertó al lobo sobre la posible rebelión de las caperucitas.  De inmediato, el lobo convocó a su manada y les advirtió: "Exterminemos las sublevadas pero con gracia. llámenlas brujas, llámenlas putas, llámenlas patas, llámenlas adictas.  Asesinemos su dignidad y luego en la noche podrán devorarlas en paz.  Nadie osará defenderlas". 

 

Pero las caperucitas no eran bobas y sabían qué perros y perras estaban infiltradas en los círculos alrededor de las hogueras de reflexión.  El lobo sabía lo que ellas querían que él supiera.  Estaban claras: "Al lobo no se le teme.  Al lobo se le aniquila. Cuando muere el lobo, muere la semilla que oprime a los demás. Cuando muere el lobo, nace la paz para todas y todos."

 

Cuando las mujeres que trabajamos por derechos humanos hablamos del machismo, lo hacemos con plena conciencia de qué implica el término y quiénes son los que mueven la rueda de la violencia.  Reconocemos, inclusive, cómo el machismo también oprime a los hombres al castrar su capacidad de sentir emociones, de amar libremente, de elegir qué hacer con su vida sin ser estigmatizados por renunciar a los privilegios que su sexo les otorga al nacer.  También reconocemos las implicaciones económicas del pensamiento machista y cómo esa rueda de violencia tritura a hombres y mujeres que viven en pobreza, en desigualdad racial y de orientación e identidad sexual.  Por eso seguimos apostando a la educación, al activismo, pero muy en especial al amor que nos sostiene en tiempos de pérdida o cuando se recrudece la violencia institucional y social hacia nuestros grupos más vulnerables.

 

"Las caperucitas habían ganado la batalla desde el mismo momento en que perdieron el miedo y detectaron la fuente de poder del lobo.  El lobo no sabía que en su casa se estaban criando lobitos y lobitas que despreciaban la viga que le daba poder.  El lobo tampoco sabía que las caperucitas amaban tan intensamente a sus hermanas, hijas e hijos que habían logrado trascender la raya que separaba a los hijos del lobo de su propia carne y sangre.  Las caperucitas dejaron solo al lobo y su viga y luego sólo tuvieron que sentarse a mirar cómo se desmoronaba su casa.  Fuego y oscuridad arroparon al lobo.  Él mismo sucumbió al horror de su corazón seco por el odio.  Sin otros lobos que afilen sus zarpas y alimenten la viga, ésta se secó y se quebró".

9.9.13

Objetivo de destrucción #2: La afiliación incondicional a viejas premisas



 

Ya en mi adolescencia yo sabía que creía en la independencia para Puerto Rico.  Y recuerdo muy bien uno de esos momentos en los cuales quedé agobiada y derrotada al percatarme de que había elegido el lado de los eternos perdedores.  Claro que hoy no pienso así.  Pero para llegar al día de hoy, y vivir con esperanza, en el camino tuve que aprender que hay premisas que trascienden victoriosas y limpias el paso del tiempo.  Mientras hay, sin embargo, otras premisas que se nos convierten en la excusa para perpetuar desde el inconsciente las opresiones que creemos combatir. 

 

Cada vez que escucho a un independentista decir con resignación que somos el 5%, me estremezco.  Cada vez que oigo a una feminista afirmar que no hay espacio para incorporar al trabajo a mujeres comunes, me asombro.  Me estremezco y me asombro porque no sé qué hacen en nuestras filas personas que cargan la derrota como paradigma de vida.  Personas que, además, validan con su acción las ideas erróneas de lo que somos como colectivo. Perpetúan la imagen del colonizado nacido para perder.  Aunque, ¡un momento!  La verdad es que sí, que perdemos cuando nos negamos a participar en mesas de trabajo diversas, perdemos cuando nos conformamos con desconfiar de todo lo que hace o dice el gobierno pero no fortalecemos trabajos de base que lo retarían, perdemos cuando menospreciamos la inteligencia del resto del país y hablamos para nosotrxs mismxs, perdemos cuando fragmentamos nuestros valores y toleramos en nuestras filas patrióticas el machismo y la homofobia, perdemos cuando damos por sentado que Mr. USA siempre gana y que no hay que hablarle porque es inamovible.  También perdemos cuando nos cansamos de resistir y terminamos comprando en Walmart o cuando, al otro extremo, somos incapaces de ver el potencial de crecimiento de nuestra economía y nos entregamos al pesimismo que se nutre de la resignación.

 

Es cierto.  Hay gente en nuestras "izquierdas" que perdió la esperanza de vencer la desigualdad hace rato.  Algunoxs ni cuenta se han dado de que actúan pensando en las derrotas y no en las victorias. Marchan, piquetean, desobedecen sin una estrategia a largo plazo porque no tienen tiempo para la reflexión, para la planificación y la organización.  Se reservan el derecho al pataleo y con eso les basta.  Se agotan con el pataleo.  Y que conste que amo a algunxs de esxs desesperanzadxs.

 

Tenemos gente que honra eternamente tumbas ilustres, habla con voces ancestrales y no con la propia, teoriza y cita filósofos extranjeros, se encierra en clósets en los que se habla con consignas y se olvida de que para vencer en ciertas guerras hay que destruir hasta las propias creencias porque si sirvieran para algo, ya hubiéramos ganado a la desigualdad y hubiéramos pateado de la Isla a los EU y al resto de sanguijuelas que se alimentan de la colonia, el machismo y la pobreza.

 

Destruir nuestra propia afiliación a premisas limitantes- cuando esa afiliación se da por costumbre o por miedo al rechazo de un grupo que respetamos o queremos- es otro punto en la agenda de destrucción social para un nuevo país.  Honrar lo que merece honra es bueno.  Mirar con amor a personas que han dado su vida por el bienestar común es importante, pero tener el valor de señalar, de proponer y de dejar atrás las prácticas revolucionarias que corren por tradiciones orales es impostergable. 

 

Luego de destruir las premisas que heredamos, construyamos las nuevas.  Sin miedo a disentir.  Sin miedo a confrontar.

1.9.13

Los frutos del mal

(Publicada el 31 de agosto de 2013 en El Nuevo Día)


Tenemos en nuestra Isla un árbol ponzoñoso que no para de lanzar a nuestras puertas los frutos del mal.  Son los frutos de la violencia y de la palabra que se utiliza para crear confusión, miedo y desigualdad.  ¿Quiénes han plantado ese árbol en el medio de nuestro país y quiénes lo abonan con sus palabras y sus acciones?  No tengo que decir nombres.  Ustedes ya saben quiénes son los que de verdad halan el gatillo del arma que asesina a una mujer y quiénes pegan un rótulo con la palabra “pato” en la espalda de un niño que se expresa como homosexual y que probablemente piense en suicidarse.

 

Un árbol necesita alimentarse para dar sus frutos.  Y este árbol que nos mata se alimenta con las palabras y acciones de líderes religiosos que hacen giras mediáticas en contra de que en las escuelas públicas se hable de equidad de géneros.  Equiparan la equidad con un apocalipsis y prefieren engullir a la niñez con falsos valores morales para seguir cosechando violencia, acoso, embarazos no deseados, pobreza y muerte.  

 

No les he escuchado hablar en contra de la destrucción de nuestra tierra, de la pobreza rampante que viven miles de personas cristianas en la Isla, del despilfarro de fondos públicos, del discrimen racial, de las muertes violentas, de la xenofobia que despoja de humanidad a quienes llegan a compartir con nosotras el presente de la Isla.  No.  No les he escuchado defender la justicia con la misma pasión que defienden el machismo y su privilegio cristiano heterosexista.

 

A esos líderes que se oponen a la perspectiva de género en las escuelas les conviene alimentar el árbol ponzoñoso de la ignorancia.  De ahí cosechan sus frutos, sus diezmos y sus estilos de vida mientras la gente pobre de este país se engulle con los frutos podridos de la violencia y la desesperanza.  ¿Quiénes son los que producen los frutos del mal?  ¿Quiénes asesinan sueños, mujeres, jóvenes y un país entero?  Por sus frutos los conoceremos.  Tomen nota quienes les apoyan en sus ejercicios de opresión porque serán duramente juzgados por la historia de equidad que construiremos a pesar de su mezquindad.

Es hora de tener miedo

Si todavía no sienten miedo con lo que estamos viendo en Puerto Rico y el planeta, están tarde. La violencia económica y política que ya est...