8.3.14

Guineos con boca


Caricatura: "La pensadora" de Diana Raznovich

Publicada en El Nuevo Día el 8 de marzo de 2014
 
“Cuando no había nada más que comer, comíamos guineos con boca”, tía Panchi. 

 

Con esta expresión mi tía se refería a su infancia y adolescencia en Aibonito y a los días en que la pobreza sólo permitía que la familia compuesta por mi abuela, cinco hijos y cuatro hijas comieran guineos sancochaos y sin “mestura”.  Los esfuerzos de una madre para mantener con vida y criar a sus niñas y niños no se veían como una actividad económica. Vivían en privación y vulnerabilidad. No se imaginaban que tenían derechos humanos y aceptaban el lugar que nuestra sociedad les asignaba. La polarización del trabajo era evidente.  Había obreros y peones, mujeres en las casas, pocas y pocos profesionales y una clase gobernante que calmaba su conciencia con actos filantrópicos.

 

Si la historia de mi abuela se diera hoy en día, es posible que ella, mis tías y tíos fueran parte de las miles de familias lideradas por mujeres que viven hoy en día viven bajo nivel de pobreza.  O tal vez no.  Tal vez sería una profesional buscando trabajo y haciendo malabares para balancear sus dos roles.  ¿Por qué? Pese a las luchas organizadas de las mujeres las acciones del Estado han profundizado las múltiples desigualdades que pueden converger en un solo cuerpo de mujer.  Tomen nota para este 8 de marzo.

 

“Cuando las mujeres salían de la fábrica a las cuatro, la gente del pueblo decía, “Soltaron las vacas de míster Benítez””, mi madre (con tono indignado)

 

Así, con desprecio y burla fueron recibidas muchas mujeres en el mundo laboral moderno.  Las movieron de sus casas a las fábricas porque su mano de obra era y es más barata.  La segunda jornada de esas mujeres que salían corriendo de la fábrica en la década del 50 y el 60 para hacerse cargo de sus casas era tan pesada como la de las mujeres de hoy en día.  Ya no sólo eran de su marido, también eran del gerente de la fábrica.  Hoy hay mujeres gerentes, juezas y abogadas.  También maestras y operarias de fábricas.  Pero en Puerto Rico el nivel de desigualdad social es casi igual al de 1950 y al menos el 80% de nuestra riqueza se concentra en las manos de 1% de nuestra población mientras el resto se lo reparte el 20%. De ese 20%, las mujeres reciben una mínima parte y 60% de nuestras familias viven bajo el nivel de pobreza.  La tasa de participación laboral de las mujeres es inferior a la de los hombres y la brecha salarial es más evidente según aumenta nuestro nivel educativo.  Tomen nota para este 8 de marzo.

 

“A mí me gustaba la escuela, pero me sacaron de ella cuando pasé de octavo. La escuela quedaba muy lejos”, mi abuela Juana

 

Cuando se habla del nivel educativo de las mujeres y su acceso a la educación, se tiende a pensar que la mayoría de las mujeres de la Isla se han educado. Sin embargo, al mirar los datos del Censo nos encontramos con lo siguiente: 28% de las mujeres de la Isla tienen menos de cuarto año de escuela superior. El ingreso medio de estas mujeres es inferior al de hombres con el mismo nivel educativo.  Mis dos abuelas eran mujeres brillantes, pero Juana, en especial, quería estudiar. ¿Qué oportunidades tuvo? ¿Qué oportunidades tienen hoy las niñas de las familias que ya viven en pobreza y que son las tristes herederas de la pobreza materna? Otra nota para nuestro 8 de marzo.

 

Cargo en mis bolsillos la historia de otras guerreras, mujeres que partieron por caminos similares al mío”, mi hija Isadora

 

Mi hija vive consciente de la historia de las mujeres de nuestra familia, pero también de la del resto de mujeres de nuestra Isla.  Su conciencia y la del resto de mujeres luchadoras es, en sí misma, una victoria sobre la historia que nos aún nos invisibiliza y un gobierno que nos tiene como último punto de su agenda al extremo de que no hay un plan de gobierno para la equidad. El plan lo hemos tenido que trabajar nosotras a pulmón.

 

Si la mujeres fueran un punto real en nuestra agenda social y gubernamental, tendríamos políticas reales nuestras vidas, empleo digno y paga justa, acceso a la educación y políticas de salud sexual y reproductiva, participación política equitativa y representación proporcional en puestos públicos, apoyo estructural para lograr balancear nuestras vidas profesionales y personales. Si tomó nota de cada párrafo de esta columna, ya se dio cuenta de que hemos adelantado, pero no lo suficiente.  Hoy, en vez de guineos con boca, las familias empobrecidas de nuestras mujeres quizás coman chefboyardí con cocacola.

 

Quisiera haber escrito una columna más esperanzadora, pero prefiero ser realista.  Toco base con la realidad cada vez que conozco la historia de alguna participante de Matria o la noticia de una nueva mujer asesinada me abofetea.  El 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, es un día de reflexión para el país.  Para honrar a las luchadoras que nos precedieron- y que aún ahora luchan desde el servicio, desde espacios obreros, comunitarios y hasta de gobierno- tomen nota, como tomo nota yo, de la agenda de trabajo que aún tenemos pendiente. 

1.3.14

Ataveyra Medina

Sobre Ataveyra Medina, debo ser justa y decir que por lo menos a mí me da pena que ella halla tenido que renunciar en estas circunstancias. Como asesora en el área de bienestar social, Ataveyra fue instrumental para que lográramos los proyectos LGBTT. Estaba abierta a comunicaciones, entendía perfectamente el lenguaje y argumentos de derechos humanos, cumplió los compromisos que asumió, manejó éticamente la información, fue diligente. Pocas veces encontramos asesoras y asesores que demuestren querer servir de enlace entre los grupos de derechos humanos y el gobernador.


No tengo idea de qué pasó la noche del accidente. Lo que me preocupa es hasta qué punto el manejo de la situación puede deberse al hecho de que estamos ante una mujer joven, liberal y muy inteligente que puede representar una amenaza a las wandas rolex y conservadores que han estado acostumbrados a entrar a Fortaleza a mandar.


Por otra parte, en los momentos en que quise que hiciera más cosas o más rápido, miré dos veces antes de juzgar. Ataveyra tenía demasiados asuntos en sus manos pues atendía cultura y bienestar social siendo dos áreas diferentes y con su propia complejidad. 


Lo que me pregunto es: ¿Por qué nos quejamos de la falta de acceso al poder y luego somos tan durxs con nuestra gente que acepta el reto de llenar espacios que nos son necesarios para adelantar nuestras causas? ¿O es que aquí se creen que al gobernador solito se le ocurrió aceptar los proyectos LGBTT o las órdenes ejecutivas que han dado derechos adicionales? ¿Creen que es su mentalidad católica la que le ha convencido para hablar de perspectiva de género? 


Para que nuestras ideas y causas progresen en una máquina gubernamental clasista, sexista y teocrática como la nuestra, alguna asesora o asesor tiene que tener la inteligencia y sensibilidad para escuchar, entender y actuar con nosotras. Para mí, eso hizo Ataveyra y por eso lamento su renuncia.

16.2.14

Love is in the air


El amor flota por el aire en estos días.  Las desparejadas buscan parejas.  Los desparejados buscan con quien pasar un rato.  Los chocolates se agotan en las tiendas y, si sobran, se conseguirán con descuentos el 15 de febrero.  Las flores son enviadas a diestra y siniestra.  Los restaurantes se atiborran.  Se regalan masajes y cenas. La demanda por depilaciones láser aumenta.  Se pagan billboards con mensajes y hasta avionetas con propuestas de matrimonio.  Se crean eventos de “speed dating” para espantar las soledades aunque eso no necesariamente sea una buena medida de prevención de ITS.  Los “te amo” abundan y mucha gente se felicita porque, a fin de cuentas, tiene la dicha de haber encontrado a su “media naranja”. El rojo es una marea apasionada por las calles de la Isla y todo, todo es más bonito gracias al amor.  Sip.  El amor está en el aire y todo es más bonito.  ¿En serio?  Amor, ¿qué amor?

 

Si buscamos la definición de la palabra amor en el diccionario, veremos más de una.  Desde “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser” hasta una escueta “tendencia a la unión sexual”.   Los requiebros, caricias y deleites también abundan en las definiciones.  Sin embargo, esas definiciones a mí no me complacen.  Me producen más bien un cierto hastío que nace más que nada de la certeza irremediable de que por ese camino las mujeres están destinadas a ser personajes sufridos o superficiales.  La propia Frida Kahlo, idolatrada por algunas feministas, tiene su lado oscuro y  se sometió aún sin quererlo a una visión patriarcal de nuestra relación con el sentimiento amoroso al decir: “Hay que ser sinceras, sin dolor no podemos vivir las mujeres”.  Es el mismo hastío, lo confieso, que me puede atacar cuando veo algunas parejas que mastican su amor en restaurantes o que lo pasean por alguna sala de cine.  No veo la felicidad en sus caras. Veo la rutina asesina que puede acompañar a quienes creen en una monogamia vitalicia y le tienen terror a la soledad. 

 

Ante esto, tendría varias alternativas que considerar en mi análisis del amor que fluye por el aire en estos días. 

 

Una mirada podría partir de una caricatura que compartió en Facebook uno de mis amigos perversos.  Tiene dos escenas.  En la primera, un hombre corre tras una mujer y al pie de la misma, dice: 14 de febrero.  En la segunda, la misma mujer embarazada corre tras el hombre que huye despavorido y lee: 14 de noviembre.  El amor como sexo.  La mujer como objeto del deseo pero no del amor.  El amor definido como “las ganas”, el sumergirse en los clichés de corazones y ropa sexy y dejar a un lado por molesta e inconveniente la idea de vivir desde el respeto y la equidad.  No cometamos el error, sin embargo, de equiparar respeto con permanencia o matrimonio.

 

La otra mirada podría partir de la idea de los anillos entrelazados.  Del pensar en el matrimonio como la cristalización de toda relación amorosa, del creer que un papel determina la seriedad y compromiso del sentimiento que une a dos personas.  “Pedir en matrimonio”, “entregar la novia”, “hasta que la muerte nos separe”.  Todo esto versus, “quiero mi espacio”, “eres mía pero yo no soy tuyo”, “que la otra no nos separe”, “piensa en la familia”, “yo soy la esposa”, “quiero poder casarme y replicar el modelo heterosexista de relación amorosa”, “¡no! no es eso, quiero los mismos derechos de la gente heterosexual”.  ¿Es el matrimonio el asilo de los amores en crisis o de los miedos sociales?  A esto debo decir que qué bueno que no acepté la última propuesta de matrimonio que recibí. Tendría en mis costillas un trámite de divorcio de un matrimonio de Nueva York. 

 

Aunque no es justo generalizar, he de decir que el matrimonio como institución me molesta con su dictadura injustificada sobre lo que son o no son relaciones amorosas “formales” o “permanentes”.  ¿Puede haber matrimonios felices?  He visto algunos que parecen serlo.  Sólo que me preocupan sus fórmulas de felicidad.  A veces hay demasiadas cesiones de poder, demasiados sueños puestos en espera, demasiada energía puesta al servicio de cosas imperdonables.  A estas alturas ya deberíamos haber pensado en otras formas de hacer acuerdos económicos y amorosos menos lesivos a la naturaleza fluida de las emociones humanas.  No es accidente que una mujer como Susan Sontag se preguntara a sí misma: “¿Puedo amar a alguien y aun así pensar y volar?”.  Tal vez ya sea hora de reírnos un poco más del amor tal y como se nos ha presentado tradicionalmente.  (http://dianaraznovich.blogspot.com/)

 

Por último- y aunque en esto del amor no me atrevo a abrazar ninguna teoría, salvo la de la neosoltería que no es para todo el mundo- hay quizás una mirada menos mala, por no decir buena.  Y es esta cosa revolucionaria de aceptar que cada uno y una de nosotras es lo suficientemente interesante y divertida como para pasársela bien sin tener que vivir “enamorada” de alguien.  Así la gente se evita los terrores nocturnos de la cama vacía, engañar a quienes se les atraviesan en el camino y de paso, tal vez hasta hagan cosas maravillosas con sus vidas.  Como ser felices, por ejemplo. 

 

Y aquí vuelvo a Susan Sontag, quien decía querer ser capaz de estar sola, “de que me parezca reparador; no una mera espera”.  Aunque yo no creo que haya que reparar muchas cosas, le añado a su deseo el ser capaz de reconocer el brillo propio, caminar sola y gozar sin culpa.  No todo tiene que ser ese amor del Día de San Valentín que tan bien empaquetado para regalo nos han envuelto por siglos. 



 


5.2.14

Por décadas el gobierno ha metido la pata y la gente le ha seguido creyendo las mentiras. Ahora el gobernador dice que desde anoche se está reuniendo con la Asociación de Bancos, alcaldes y sindicatos. También sentará en SU mesa de trabajo a la Asociación de Detallistas y gente similar. Lo terrible de eso es que estamos hablando de los «usuales sospechosos», la gente que siempre llega a la mesa de los gobernantes y propuso o apoyó las acciones que hoy tienen al país jodío. ¿De verdad alguien cree que AHORA esos grupos solucionarán algo? Si acaso para ellos mismos y sin importarles el resto del país.

La desigualad es peor cada día. Y debo decir que me alegro de que ya el gobierno no pueda seguir hipotecando a nuestrxs hijxs. Lo que esperaría y propongo es lograr una mesa ciudadana real que proponga e impulse lo que de verdad necesitamos como país. Sin partidos, sin usuales sospechosos. Con el pueblo en el corazón.

La generación X, la que llamaron así porque parecía inútil, ahora tendrá que sacar la cara por los disparates de los poderosos de generaciones anteriores y en el camino tratar de no dejar una herencia nefasta a las generaciones que nos seguirán.

25.11.13

El lobo feroz




(Cuento para un 25 de noviembre)

El lobo vivía en una casa grande y oscura.  Cada mañana, al despertar, estiraba sus patas, saltaba de su cama y afilaba sus zarpas en una viga antigua y gigantesca que había heredado de su padre lobo y que éste, a su vez, había heredado del abuelo lobo.  En cada generación, los restos de las zarpas alimentaban a la viga y la hacían cada vez más gruesa.  El lobo se miraba las zarpas orgulloso y pensaba: ‘Nada como unas zarpas afiladas para salir de caza’”.

 

El machismo y la misoginia no son cosa nueva en nuestra sociedad occidental.  Son el fruto de siglos de construcción de un imaginario y unas estructuras de poder que han logrado convertirse en algo que parece natural, pero que no lo es.  La Iglesia, el Estado y el andamiaje económico capitalista son esa viga antigua que se ha engrosado con las leyes, la literatura, el arte, los medios de comunicación, los sistemas educativos, la ignorancia y la complicidad de quienes ven la desigualdad pero no la combaten porque les conviene.  La desigualdad es la gran casa oscura en la cual las sombras de la violencia y la pobreza se deslizan como fantasmas que se tragan las vidas de miles de mujeres y de sus familias.

 

“El lobo siempre tenía hambre.  El lobo siempre tenía miedo.  El lobo sabía disfrazar su hambre y su miedo y, así, salía de cacería sin llamar la atención.  De vez en cuando hasta ayudaba a alguna oveja extraviada.  También era el primero en ofrecer ayuda cuando en el bosque otras fieras pasaban hambre o necesitaban que alguien intercediera por ellas para obtener una madriguera en el invierno”.

 

Cada vez que escucho a un político machista abogar por leyes que acrecientan la desigualdad, sé que hablan la avaricia y el miedo.  Cada vez que oigo a un líder o lideresa fundamentalista llamar a las masas a actuar en contra de los derechos humanos de las mujeres y de la equidad, sé que está hablando un lobo que corre con el rabo entre las patas y que trata de recomponerse para detener el avance de la humanidad.  No quiere perder su fuente de alimentación: ofrendas, sumisión, posición social y acceso a capital.  Pero claro que esa avaricia y ese miedo se disimulan.  Aportan recursos a causas rosadas e inofensivas.  Un donativo aquí, un discurso inofensivo sobre el valor de la familia por acá, una recolecta para una hermana pobre, un albergue para personas sin hogar… Parece que hacen y no hacen nada.  Construyen una reputación que les provee la lana para su disfraz de oveja aprovechándose de la necesidad ajena y atendiendo solamente los síntomas de la desigualdad.  Jamás sus raíces.  Eso les destruiría.

 

Este lobo era mutante.  Tenía el poder de convertir a las víctimas de su mordida en pequeños perros satos que saltaban, ladraban y jugaban a su alrededor.  Eso le ayudaba a crear un halo liviano de bondad y de filantropía.  Sus perros le eran fieles y se conformaban con los huesos roídos que el lobo les regalaba después de llenar su barriga con la carne de las caperucitas desprevenidas.  A estos perros no les molestaba que las caperucitas fueran devoradas.  Después de todo, el lobo les había explicado que eran malas y peligrosas”.

 

La violencia hacia las mujeres ha sido construida intencionalmente para controlar sus cuerpos y mentes y con ello, su capacidad de acción.  Las mujeres- vistas como instrumentos para parir y criar, servir y cuidar, obedecer y hacer- necesitan ser mantenidas en roles que sostengan el sistema económico y de desigualdad en el que vivimos.  Un sistema que depende de la mano de obra y del control social para funcionar, necesita mujeres que hagan todas esas cosas. En ese sentido, la cultura patriarcal se nutre de la violencia sistemática hacia las mujeres que se rebelan. Las alecciona y las usa de ejemplo.  La viga en la cual el lobo afila sus uñas se ha engrosado con el paso del tiempo, así como el número de perros que se someten a la voluntad del machismo.  Así, hombres y mujeres, editores, músicos, cantantes, pintores, políticos, religiosos, doctores, jueces, policías y fiscales que repiten el discurso machista y coartan la libertad de las mujeres son meras piezas menores de un sistema que les permite sobrevivir en sus propios espacios de desigualdad a cambio de su lealtad a los valores de opresión.  Cada vez que un titular de un periódico habla de un crimen machista y lo llama pasional, cada vez que un cantante interpreta una canción que demoniza a la mujer que lo rechazó, cada vez que un publicista usa una mujer desnuda para vender un producto o las presenta como mucamas, cada vez que un policía se niega a atender una querella y cada vez que un gobernador ignora la ineptitud de las agencias de gobierno en temas de género, se hacen cómplices del lobo y hacen piruetas a su alrededor.

 

Pero para un lobo, una nueva caperucita.  No.  Mejor muchas caperucitas brujas y rebeldes.  El lobo estaba tan envanecido con su poder, que no se dio cuenta de cómo las caperucitas se estaban transformando.  Largas noches de llanto, días tristes en los cuales recogieron los huesos de sus hermanas, semanas de cuidar y recomponer a las que habían escapado por un pelo del lobo y gritos y gritos pidiendo al resto del bosque que vieran al lobo tal cual era, les convencieron de que tenían que hacer algo.  Seguían siendo amorosas.  Seguían siendo solidarias.  Pero su memoria colectiva les había fortalecido para enfrentar la bestia.  No con zarpas y engaños.  Al lobo se le enfrenta con armas más poderosas. Las caperucitas sabían que no sería un cazador su defensa.  Serían ellas.  Y así, las caperucitas idearon su plan…”

 

Todavía hay personas a las cuales les molesta que hablemos de machismo.  No les gusta la palabra.  Sienten que estigmatiza a los hombres.  Sin embargo, molestarse por una palabra y no buscar qué significa la misma revela que en realidad hay un prejuicio que vencer.  Al hablar del machismo hablamos de un conjunto de prácticas, de creencias y de actitudes que consideran a las mujeres como inferiores, incapaces y a veces hasta perversas.  El machismo es la base ideológica que sostiene la desigualdad entre hombres y mujeres y es la misma que degrada la humanidad de las personas no heterosexuales.  Desde esa desigualdad, nos asesinan de muchas maneras cada día.  El machismo es también el responsable de las justificaciones de los asesinos confesos y de la falta de sensibilidad de los periodistas que les ponen un micrófono al frente para que destruyan la reputación de sus víctimas.  Las mujeres han tenido que ver durante siglos cómo el público se hace eco de los agresores y termina juzgando a las víctimas y no a los criminales.

 

Así que al machismo, para vencerlo, hay que llamarlo por el nombre y reconocerlo.  Mientras permitamos que la noticia trivial o las voces sexistas dominen nuestra voz colectiva, estamos dando poder a la violencia y dejando indefensas a nuestras niñas, mujeres adultas y mujeres de edad avanzada.  No les damos herramientas para defenderse, no somos capaces de apoyarlas y creamos un estado en el cual ellas pueden sentir que carecen de espacios para ser libres y plenas.

 

"Un perro confidente alertó al lobo sobre la posible rebelión de las caperucitas.  De inmediato, el lobo convocó a su manada y les advirtió: "Exterminemos las sublevadas pero con gracia. llámenlas brujas, llámenlas putas, llámenlas patas, llámenlas adictas.  Asesinemos su dignidad y luego en la noche podrán devorarlas en paz.  Nadie osará defenderlas". 

 

Pero las caperucitas no eran bobas y sabían qué perros y perras estaban infiltradas en los círculos alrededor de las hogueras de reflexión.  El lobo sabía lo que ellas querían que él supiera.  Estaban claras: "Al lobo no se le teme.  Al lobo se le aniquila. Cuando muere el lobo, muere la semilla que oprime a los demás. Cuando muere el lobo, nace la paz para todas y todos."

 

Cuando las mujeres que trabajamos por derechos humanos hablamos del machismo, lo hacemos con plena conciencia de qué implica el término y quiénes son los que mueven la rueda de la violencia.  Reconocemos, inclusive, cómo el machismo también oprime a los hombres al castrar su capacidad de sentir emociones, de amar libremente, de elegir qué hacer con su vida sin ser estigmatizados por renunciar a los privilegios que su sexo les otorga al nacer.  También reconocemos las implicaciones económicas del pensamiento machista y cómo esa rueda de violencia tritura a hombres y mujeres que viven en pobreza, en desigualdad racial y de orientación e identidad sexual.  Por eso seguimos apostando a la educación, al activismo, pero muy en especial al amor que nos sostiene en tiempos de pérdida o cuando se recrudece la violencia institucional y social hacia nuestros grupos más vulnerables.

 

"Las caperucitas habían ganado la batalla desde el mismo momento en que perdieron el miedo y detectaron la fuente de poder del lobo.  El lobo no sabía que en su casa se estaban criando lobitos y lobitas que despreciaban la viga que le daba poder.  El lobo tampoco sabía que las caperucitas amaban tan intensamente a sus hermanas, hijas e hijos que habían logrado trascender la raya que separaba a los hijos del lobo de su propia carne y sangre.  Las caperucitas dejaron solo al lobo y su viga y luego sólo tuvieron que sentarse a mirar cómo se desmoronaba su casa.  Fuego y oscuridad arroparon al lobo.  Él mismo sucumbió al horror de su corazón seco por el odio.  Sin otros lobos que afilen sus zarpas y alimenten la viga, ésta se secó y se quebró".

9.9.13

Objetivo de destrucción #2: La afiliación incondicional a viejas premisas



 

Ya en mi adolescencia yo sabía que creía en la independencia para Puerto Rico.  Y recuerdo muy bien uno de esos momentos en los cuales quedé agobiada y derrotada al percatarme de que había elegido el lado de los eternos perdedores.  Claro que hoy no pienso así.  Pero para llegar al día de hoy, y vivir con esperanza, en el camino tuve que aprender que hay premisas que trascienden victoriosas y limpias el paso del tiempo.  Mientras hay, sin embargo, otras premisas que se nos convierten en la excusa para perpetuar desde el inconsciente las opresiones que creemos combatir. 

 

Cada vez que escucho a un independentista decir con resignación que somos el 5%, me estremezco.  Cada vez que oigo a una feminista afirmar que no hay espacio para incorporar al trabajo a mujeres comunes, me asombro.  Me estremezco y me asombro porque no sé qué hacen en nuestras filas personas que cargan la derrota como paradigma de vida.  Personas que, además, validan con su acción las ideas erróneas de lo que somos como colectivo. Perpetúan la imagen del colonizado nacido para perder.  Aunque, ¡un momento!  La verdad es que sí, que perdemos cuando nos negamos a participar en mesas de trabajo diversas, perdemos cuando nos conformamos con desconfiar de todo lo que hace o dice el gobierno pero no fortalecemos trabajos de base que lo retarían, perdemos cuando menospreciamos la inteligencia del resto del país y hablamos para nosotrxs mismxs, perdemos cuando fragmentamos nuestros valores y toleramos en nuestras filas patrióticas el machismo y la homofobia, perdemos cuando damos por sentado que Mr. USA siempre gana y que no hay que hablarle porque es inamovible.  También perdemos cuando nos cansamos de resistir y terminamos comprando en Walmart o cuando, al otro extremo, somos incapaces de ver el potencial de crecimiento de nuestra economía y nos entregamos al pesimismo que se nutre de la resignación.

 

Es cierto.  Hay gente en nuestras "izquierdas" que perdió la esperanza de vencer la desigualdad hace rato.  Algunoxs ni cuenta se han dado de que actúan pensando en las derrotas y no en las victorias. Marchan, piquetean, desobedecen sin una estrategia a largo plazo porque no tienen tiempo para la reflexión, para la planificación y la organización.  Se reservan el derecho al pataleo y con eso les basta.  Se agotan con el pataleo.  Y que conste que amo a algunxs de esxs desesperanzadxs.

 

Tenemos gente que honra eternamente tumbas ilustres, habla con voces ancestrales y no con la propia, teoriza y cita filósofos extranjeros, se encierra en clósets en los que se habla con consignas y se olvida de que para vencer en ciertas guerras hay que destruir hasta las propias creencias porque si sirvieran para algo, ya hubiéramos ganado a la desigualdad y hubiéramos pateado de la Isla a los EU y al resto de sanguijuelas que se alimentan de la colonia, el machismo y la pobreza.

 

Destruir nuestra propia afiliación a premisas limitantes- cuando esa afiliación se da por costumbre o por miedo al rechazo de un grupo que respetamos o queremos- es otro punto en la agenda de destrucción social para un nuevo país.  Honrar lo que merece honra es bueno.  Mirar con amor a personas que han dado su vida por el bienestar común es importante, pero tener el valor de señalar, de proponer y de dejar atrás las prácticas revolucionarias que corren por tradiciones orales es impostergable. 

 

Luego de destruir las premisas que heredamos, construyamos las nuevas.  Sin miedo a disentir.  Sin miedo a confrontar.

1.9.13

Los frutos del mal

(Publicada el 31 de agosto de 2013 en El Nuevo Día)


Tenemos en nuestra Isla un árbol ponzoñoso que no para de lanzar a nuestras puertas los frutos del mal.  Son los frutos de la violencia y de la palabra que se utiliza para crear confusión, miedo y desigualdad.  ¿Quiénes han plantado ese árbol en el medio de nuestro país y quiénes lo abonan con sus palabras y sus acciones?  No tengo que decir nombres.  Ustedes ya saben quiénes son los que de verdad halan el gatillo del arma que asesina a una mujer y quiénes pegan un rótulo con la palabra “pato” en la espalda de un niño que se expresa como homosexual y que probablemente piense en suicidarse.

 

Un árbol necesita alimentarse para dar sus frutos.  Y este árbol que nos mata se alimenta con las palabras y acciones de líderes religiosos que hacen giras mediáticas en contra de que en las escuelas públicas se hable de equidad de géneros.  Equiparan la equidad con un apocalipsis y prefieren engullir a la niñez con falsos valores morales para seguir cosechando violencia, acoso, embarazos no deseados, pobreza y muerte.  

 

No les he escuchado hablar en contra de la destrucción de nuestra tierra, de la pobreza rampante que viven miles de personas cristianas en la Isla, del despilfarro de fondos públicos, del discrimen racial, de las muertes violentas, de la xenofobia que despoja de humanidad a quienes llegan a compartir con nosotras el presente de la Isla.  No.  No les he escuchado defender la justicia con la misma pasión que defienden el machismo y su privilegio cristiano heterosexista.

 

A esos líderes que se oponen a la perspectiva de género en las escuelas les conviene alimentar el árbol ponzoñoso de la ignorancia.  De ahí cosechan sus frutos, sus diezmos y sus estilos de vida mientras la gente pobre de este país se engulle con los frutos podridos de la violencia y la desesperanza.  ¿Quiénes son los que producen los frutos del mal?  ¿Quiénes asesinan sueños, mujeres, jóvenes y un país entero?  Por sus frutos los conoceremos.  Tomen nota quienes les apoyan en sus ejercicios de opresión porque serán duramente juzgados por la historia de equidad que construiremos a pesar de su mezquindad.

22.8.13

Objetivo de destrucción #1: La idea del liderazgo impecable según las definiciones del sistema que se combate




En este objetivo de destrucción se suman cuatro ideas que hay que mirar sin miedo. 

Una: No vivimos en una democracia real y el Estado existe para ejecutar las acciones que sostienen la situación de privilegio y desigualdad en la cual a cada una de nosotras se nos ha asignado un papel que jugar.   

Dos: Cuando un movimiento social asume las acciones políticas con la fuerza suficiente como para destruir esa falsa impresión de democracia y generar cambios reales, el Estado buscará de inmediato sus propios objetivos de destrucción.  Es decir, identificará y destruirá a las presuntas o presuntos responsables de ese cambio. 

Tres: Si el liderazgo revolucionario se construye desde los mismos valores y paradigmas que nos oprimen, está destinado a fracasar. 

Cuatro: Idealizar a las personas en posiciones de liderazgo no les hace un favor. Las hace más vulnerables a las estrategias de aniquilamiento que el sistema utilizará para detener los cambios que propulsan.

Quien a estas alturas piense que el gobierno existe para proteger al pueblo y sus intereses, está viviendo en una película de fantasía.  Y una película terrible porque en ella se estarían utilizando todos los recursos cinematográficos posibles para resaltar los estereotipos de clase, género, raza, religión y todo aquello que afiance la idea de que el mundo es como es sin posibilidad de cambios.  El Estado es el brazo que ejecuta lo que unos pocos deciden mientras la clase desempleada y trabajadora se entretiene tratando de sacar los pies de un plato bastante hondo. 

La gente verdaderamente adinerada del país es la gente que susurra al oído de los políticos lo que quieren que se legisle y es la que invierte en los dos partidos principales porque saben que los dos son un solo partido. 

Desde ahí se construye la idea que propongo destruir hoy: la del liderazgo impecable.  Con esto me refiero al tipo de liderazgo que se autoimpone como marco de referencia los valores, expresiones e imágenes que los medios de comunicación y la sociedad misma parecen haber establecido como pre-requisitos de estatus social y moral.  Ese marco de referencia es en realidad un grillete de control.

Hay dos tipos de líderes impecables.  Están los que se fabrican en las agencias de publicidad para alimentar la fábrica de gobernantes de la colonia y están los que nacen del pueblo y que, sin darse cuenta, se sienten obligados a ser perfectos y perfectas para que la opinión pública les avale su liderazgo. 

Al primer grupo de líderes impecables se les crea con dinero, contactos, una familia heterosexual, una imagen blanqueada y mucho filtro de información para que no se les zafe ni un solo defecto que les coloque en la otredad sudorosa a la cual aspiran dirigir. 
 
El segundo grupo cree que se hace a sí mismo pero dependiendo de qué discurso asuman reciben el apoyo o el rechazo de sectores intermedios o aún de sectores oprimidos.  A veces, hasta vemos cómo los medios de comunicación se enamoran de estos líderes y lideresas y les ayudan a colocarse en posiciones que parecen retar al sistema, pero que a la larga lo fortalecen al acudir a lugares comunes del estatus quo como por ejemplo los mensajes cristianos, los mensajes del eterno amor o de la paz sagrada que evade las confrontaciones.  Se nos plantea entonces una paradoja: ¿Se debe asumir un liderazgo basado en una imagen pulcra, sana y correcta, hasta heroica, y se ganan pequeñas y rápidas victorias que le hacen cosquillas a las creencias que generan desigualdad? O, ¿se asume la humanidad propia, con todo y defectos, y se camina un camino más largo pero más revolucionario y fortalecido?   

¿Por qué planteo esto?  Recuerden que comencé esta columna corta explicando que el sistema intentará destruir al liderazgo del cambio.  El nivel de dificultad que esta tarea presente dependerá de cuánto se haya empeñado ese liderazgo en ocultar su humanidad, sus defectos y su realidad.  No hay forma de ganarle a la imagen perfecta que el sistema genera como el ideal de liderazgo si tratamos de emularla.  Esa imagen es, a la vez, una forma de perpetuar estándares morales arcaicos que se convierten en una barrera de protección para el machismo, el racismo, el capitalismo voraz y el fundamentalismo violento.

Las nuevas y nuevos líderes deben comenzar por destruir su propia imagen de impecable perfección y cuestionarse a qué valores responden, a qué miedos, a qué afanes de ser aceptadxs y de quiénes esperan esa aceptación o santificación.  Deben estar dispuestxs a caminar más lento, pero con más firmeza, a no dejar que se les idealice, a cometer errores, meter la pata y saber rectificar.  En ese proceso de destrucción, tendrán que destruir muchas otras cosas, hasta el liderazgo mismo según definido como derivado del caudillismo. 

Destruir la sociedad tal y como la conocemos, para construir una nueva sociedad de equidad, requiere muchas cabezas y manos.  Líderes que resistan los embates de los contraataques del sistema socio-político que combatimos y que no se sientan obligadxs a responder al imaginario que ese mismo sistema nos impone.  Líderes que creen líderes y que se reconozcan como un eslabón y no como la llave de la verdad.  La verdad es del colectivo, la victoria final para la nueva sociedad.
 
Nota de consuelo: Hay gente que quiero y que cogen su agüita con esto.  Sepan que, al menos, les atribuyo buena fe...  Sólo que esos caminos de liderazgo para el sistema no nos llevarán a ningún lado. Opinión de bruja imperfecta.  Tal vez me estoy equivocando.

6.8.13

Mojigatería



(Publicada originalmente en El Nuevo Día)

Destruir la sociedad tal y como la conocemos debe ser el primer punto en la agenda de quienes aspiran a una sociedad de equidad y justicia.  Repito: destruir la sociedad tal y como la conocemos.  ¿Y cómo la conocemos?  Fragmentada por la desigualdad, en plena guerra (no declarada) de clases y anclada en valores que degradan la humanidad de las personas que son diferentes.  Otra sociedad es posible, pero sólo desde nuevos paradigmas que reconozcan el valor de los seres humanos en sí mismos y al margen de juicios valorativos que sólo existen para controlar al colectivo. ¿Destruir lo que ya nos está destruyendo?  A eso me refiero.  ¿La destrucción implica violencia? Tal vez sí, tal vez no. Pero, ¿no vivimos ya la violencia? 

Escribo desde mi realidad como mujer no heterosexual, atea y crítica de nuestro sistema económico y al hacerlo, reconozco cómo las creencias que parecen ser dominantes chocan con lo que digo y me colocan en una posición de vulnerabilidad social.  “No tienes que pregonar lo que eres”, me han aconsejado.  De la misma manera, en la luchas LGBT existen sectores que tratan apasionadamente de cumplir con las expectativas de monogamia, familia y expresión social que creen que les garantizarían acceso a sus derechos humanos.  Pero pedir derechos como si fueran limosnas y tratar de parecer “normales” sólo degrada nuestra otredad y la destierra al campo de lo subterráneo.   

Lo bueno y lo malo no puede medirse desde el miedo a la transgresión.  Hay que parar la mojigatería extrema que hace que algunas personas se nos acerquen a susurrarnos que nos callemos un poco, que blanqueemos nuestros discursos, que seamos bien portadas y comedidas y que, incluso, seamos ejemplos.  ¿Ejemplos de qué? ¿De adaptación? ¿De sumisión? ¿De relaciones y familias perfectas? ¿Pero es que valemos menos si no somos así?  ¿Se les exige lo mismo a las personas en posiciones de privilegio?   

La mojigatería es miedo o conveniencia y ninguna de las dos cosas nos viene bien.  Ser genuinas y fieles a nuestra realidad, retar nuestras propias creencias cuando éstas nos domestican y sacar valor para afrontar las consecuencias de aspirar a una sociedad de justicia es la clave en este momento. 
 
Nota: En las próximas semanas comenzaré a publicar una serie de columnas cortas bajo el tema de "Objetivos en una agenda de destrucción social"

27.6.13

No era a los 40

Cumplir cuarenta años fue una desilusión.  Mientras estuve en mis treintas, me llené la cabeza con la idea de que cumplir cuarenta años sería algo maravilloso, un hito en la vida, un momento de balances y de aquilatar ganancias… y no fue así.  De hecho, el año 2008 fue uno de los más terribles de mi vida.  Basta con decir que me tocó ver la ola fundamentalista arropar al país en las elecciones y a Fortuño surfeando en ella.  Pero a eso le sumo una gran tristeza, de esas que te cubren el corazón cuando pierdes cosas que has amado demasiado y cuando te enfrentas a grandes desengaños y dejas de ver a algunas personas o cosas como las veías hasta ese momento.

Los cuarenta años me parecieron terroríficos y más aún cuando pensaba que tal vez me quedaba más de la mitad de la vida por vivir. ¡Uf! 

Sin embrago, en medio de todo eso, se me ocurrió preparar una cajita en la que coloqué un mapa apalabrado de lo que quería para mi vida.  Coloqué en ella ocho objetivos de vida plena, escritos en tiempo presente.  También escribí pequeñas tiras de papel en las que anoté oraciones que describían distintos estados mentales que, a mi entender, me debían ayudar a transitar ese mapa. 

Ahora, a punto de cumplir mis 45 años, vivo un momento muy distinto al de mis cuarenta. De hecho, siento que vivo uno de esas etapas de transición vital en las que todo es posible.  Por eso, decidí revisitar mi caja de mapa apalabrado.  Me pareció buen momento para hacer balance. ¿Y qué descubro? 

Descubrí que aunque creyera que no me movía y que sólo empujaba para resistir y no para avanzar, sí avancé.  A nivel personal y profesional.  Puedo volver a hablar de amigas luego de pasar años sin tiempo o energía para ellas.  Reincorporé a mi familia extendida a mi vida y tengo el espacio para demostrarle amor y honrar ese vínculo. Tengo mejor salud y más energías. Tengo un hogar al cual me da placer llegar. Mis hijos e hija han crecido en salud y felicidad, sintiéndose amadxs. ¡Tengo plantas! (Por años era una asesina de plantas). Escribo. He vuelto a pintar.  ¡Me divierto! Tengo tiempo para disfrutar del placer y de cosas bellas que antes ni siquiera miraba… tengo espacio para mirarme, vivir cada minuto con conciencia, ¡cuidarme!, mirar a otras personas y amar desde la alegría a tanta gente buena que me rodea.

“¿Cómo pasó todo esto?”, me pregunto entre agradecida y sorprendida.  Hay cosas que ocurrieron a pesar de mí… Sí.  Soy muy terca y a veces resisto los cambios. Creo que en esas, tuve la suerte de que gente que me ama perseveró en su amor, siguió apoyándome o fue capaz de esperar a que yo despertara del trance de negación que me tenía estancada.  Otras cosas ocurrieron porque, en el fondo, todas sabemos lo que hay que hacer para salvar nuestra esencia.  Nuestra mente es sabia y crea las condiciones necesarias para llevarnos a nuestro mejor bienestar aún a nivel inconsciente. Y bueno, también pasa que el tiempo trae sabiduría.  Si cuando nos damos los grandes cantazos de la vida nos ocupamos de mirar por qué pasaron, algo aprendemos… algo aprendemos y podemos mejorar. 

¡Qué maravilloso sentir que vivo un momento de balances y de felicidad!  ¡Qué maravilloso tener esperanza! ¡Qué momento feliz este en el que puedo agradecer a la gente que me ama y apoya y ser recíproca!  

Parece que lo que esperaba de los cuarentas, realmente ocurre a los 45. Muy bien.
 
Bueno... todavía me falta aprender a bailar... je, je, je...
 

11.5.13

Mami, estoy enamorada de una mujer


 El día que le dije a mi mamá que estaba enamorada de una mujer, lanzó un alarido terrible, largo y desgarrador.  Fue como si alguien le hubiera dicho que su hija murió… y en cierta medida creo que algo así ocurrió.  Algo de mí se murió y algo de ella también.  Ella nunca aceptó mi relación y ese amor que llenó mi vida por tantos años sigue siendo desconocido para ella.  No supo de mis alegrías, de mis celebraciones junto a mi nueva familia, tampoco de mis tiempos difíciles y creo que aún se pregunta si estoy separada.  Imagino que lo intuye desde la distancia de nuestros silencios.  De mí, y de la que fue mi compañera de vida, poco se habló y ya en este momento no hay por qué hacerlo.  Ya no hace falta hablar de eso ni de otras cosas de mi vida porque en el proceso aprendí a llorar, reír, celebrar y pasar los duelos por cuenta propia.

A veces lloro a mi madre.  A la que se murió el día en que supo que su hija no es heterosexual.  Lloro esa distancia y su soledad.  De la misma manera en que ella intuirá qué tal va mi vida, yo intuyo cómo va la de ella.  Hablamos de cosas triviales, de gente que se murió en el pueblo, de algún nuevo libro, de alguna planta, de papi o de mis hermanos, de mis hijos e hija.  Pero no hay forma de hablar de lo profundo y de los sentimientos porque eso nos lleva al campo de su homofobia y al de mi corazón que en esos momentos no sabe de teorías del perdón y de empatía y que se destruye un poco en cada uno de esos choques por más que yo trate de entender y amar por encima de sus prejuicios.  No caben ambas cosas en una misma conversación sin que haya nuevas muertes que lamentar.

Este drama personal no es suficiente para nublar la mente crítica que mi propia madre se encargó de desarrollar en su única hija.  Todavía me río a solas cuando recuerdo las innumerables veces en las que ella misma me motivó a pensar, a ser líder, a abrir camino,  a sobresalir y a retar… creo que no se dio cuenta de que estaba criando su propio monstruo personal.  Y es desde esa misma mente crítica formada a su sombra y desde sus contradicciones que yo misma me he acercado al tema de la maternidad.

No me cabe duda de que todo el rollo de la maternidad es una construcción convenientemente inventada para favorecer estructuras económicas y sociales que necesitan a las mujeres para criar obreros, capital y opresión.  El instinto materno, el “amor de madre” y su espejo “el amor de hija o hijo”, no son tan naturales como mucha gente cree.  Su inserción en la mente colectiva nos convierte como mujeres en el personaje secundario de nuestras vidas.  Algunas sólo lograrán algo de protagonismo en la infancia, esa etapa en la cual otro personaje secundario, su “madre”, está obligada a vivir en función de las necesidades de la “niña” y “madre por ser”.

En nuestra casa, siempre me dijeron que era la reina.  En mi niñez nunca me pregunté qué sería, entonces, mi mamá.  Evidentemente era mi sol, mis ojos, mi corazón.  Pero, ¿qué era en realidad? ¿En su vida?  Una mujer que me enseñó a leer desde los tres años y que siendo maestra de profesión asumió cabalmente la idea de que tenía que ser excelente como maestra-madre en la escuela y como madre-maestra en nuestra casa.  Nunca me pregunté qué estaba sacrificando para cumplir con ambos roles.  No me extrañó jamás la ausencia de la mujer, di por sentado que renunciar a ropa, placeres, estudios y amigas era natural para ella, la madre, mi sol privado, mis ojos para ver el mundo.   

Mis hermanos y yo creíamos a ciegas todos los eslóganes del día de las madres.  Entre ellos, nos creíamos particularmente el que dice que “como el amor de una madre, ninguno”.  ¿Cuánta de esa propaganda se nos ancla en el espíritu?  Tal vez demasiada.  Por eso el rechazo de una madre tiene un efecto devastador en algunos seres humanos.  No porque ese amor sea natural o instintivo, sino porque nos han hecho creer que dependemos de él para existir, para validarnos y para ser felices.  Imagínate pensar que si tu madre no te ama incondicionalmente jamás otra persona será capaz de amarte y aceptarte como eres. Imagina tener esas expectativas de alguien que es tan humana como cualquiera y que probablemente está aterrorizada ante las renuncias que se le exigen y el papel que se le asignó sin que ella lo pidiera.  Ponte en los zapatos de una madre e imagina ahora tener que amar a alguien que choca frontalmente con tus valores o creencias profundas.  Si en tus creencias no se logró colar el respeto a la diversidad, serás incapaz de amar a tu hija o hijo por encima de las diferencias que les separan.

Cuando ya en la adultez una se convierte en madre, ocurre un cambio significativo en nuestra vida que va más allá del simple hecho de que tienes a un ser que depende de ti.  De momento te quitan del rol protagónico, te entregan un baúl para guardar tus sueños y se constituye a tu alrededor un tribunal intangible pero real que juzga todos tus actos.   

No hay manuales para ser madres.  Sin embargo, cuando buscas en Google “citas sobre la madre”, te salen más de 4millones de resultados.  Viendo esas frases, esas creencias y esas expectativas, he tenido que retarme para mantenerme como protagonista de mi vida y amar a mis hijos e hija desde un balance entre lo que necesitan y lo que necesito, lo que les hace felices y lo que me hace feliz, su autorrealización y la mía. Si eres una madre abiertamente no heterosexual, el reto es doble. Siempre te persigue una mirada de sospecha.

Sin estar libre de culpas o de los conflictos que nacen de lo que me sembraron en la cabeza sobre la maternidad, he tratado de hacer lo mejor posible para que mi hija y mis dos hijos crezcan libres de mis cargas y con la capacidad de elegir sus rutas.  A veces he sido una madre destructora… en el buen sentido de la palabra.  Les he destruido creencias patriarcales y clasistas que se les han pegado en la calle como un chicle de esos que pululan por las aceras o expectativas de las que se les crean cuando una mujer kamikaze madre de algún amigo trata de adoptarlos porque les ve con la pena esa de quien cree que son unas pobres víctimas de una madre muy fuerte, o muy profesional o muy egoísta.   He tratado de quitarles del medio las creencias que a mí y mi generación nos marcaron con machismo, homofobia, clasismo, racismo y todos esos “ismos” que nos desigualan como humanidad.  A veces, ellxs me destruyen a mí y me confrontan con una nueva mirada que cambia la mía.  También ha habido ocasiones en las que he vociferado: “¡Esto es un matriarcado y aquí se hace lo que YO diga!”.  Por supuesto, cuando eso pasa siempre se ríen y me amenazan con denunciarme públicamente por mandona.  Ellxs saben que no es cierto y que les respeto lo suficiente como para escucharles.  He sido en última instancia, también una madre que construye seres humanos y se construye como ser humana. 

Pero cerrando esta columna- que podría ser mucho más extensa- regreso al tema de mi madre. Confieso que es posible que me queden cosas por resolver con mami.  Pero tal vez no tantas como alguien pensaría.  No dejo de amarla y reconozco que tiene muchas cosas que me hacen admirarla.  La miro, a veces me enojo con ella, otras me enternezco y siempre lamento sentir que se vio obligada a sacrificarse a sí misma por una maternidad que muy bien pudo vivir de otra forma de haber tenido la oportunidad.  Veo la mujer brillante, trabajadora, creativa y líder que nos crio lo mejor que pudo. No la idealizo y veo su humanidad, así como las consecuencias de sus acciones y creencias.  No la veo en un futuro cercano compartiendo mis luchas pero tampoco necesito que ella lo haga para sentirme segura de mis decisiones.  Basta con la llama del eterno deseo de trascender que me regaló desde pequeña.

Así que el Día de las Madres, es un buen día para mirarlas y ver las mujeres que en realidad son.  Es un buen día para dejar de lado los clichés y liberarlas de esa carga inaguantable del amor que todo lo sacrifica. Liberen sus madres y libérense ustedes.  Es un paso seguro hacia la equidad.

2.5.13

(In)decencia



Columna publicada en El Nuevo Día
2 de mayo de 2013

Hay muchas definiciones para la palabra "decencia". 

Encontré algunas que aluden al recato, la modestia y el respeto a la moral sexual... Y cuando las vi, me pregunté a qué moral se refieren y cómo la definían.  Me lo pregunté porque la palabra moral también está de moda y se usa de manera particular para estigmatizar a personas gays, lésbicas, bisexuales, transexuales y transgénero (LGBTT). Esto a pesar de que la moral, por definición propia, es algo que no se legisla. 

¿La moral no se legisla? No. La moral nace del cuerpo de creencias que un grupo social o personas adoptan como un código que les ayuda a diferenciar el bien y el mal. Lamentablemente, y que se rasguen las vestiduras algunas personas, la moral tiene áreas grises y muy subjetivas.  Por eso, hay personas que apelan a la moral y a la decencia para defender su supuesto derecho a discriminar a otros seres humanos. Otras personas, apelamos a un deber moral de actuar para erradicar el discrimen por orientación sexual e identidad de género.  ¿Quién tiene la razón? ¿Quien quiere imponer una moral única para quitar derechos o quien reconoce que la moral individual no se legisla pero el acceso a derechos humanos sí? 

Volvamos al tema de la decencia. Hay otras definiciones de decencia que hacen referencia a la dignidad y la honestidad en los actos y en las palabras. En estos días en el interior de  nuestra Legislatura se debaten los derechos humanos de las personas LGBTT.  Mientras algunos cabilderos visitan la Legislatura con la biblia bajo el brazo, otros seguramente visitan la Fortaleza.  ¿Es digno para un gobernante dejarse manipular por grupos que quieren imponer una sola moral a un país diverso? ¿Se actúa con honestidad cuando se sabe qué es lo correcto para la equidad pero se deja que el miedo decida qué hacer? 

Ahí es donde se ve quiénes son las verdaderas personas decentes en este país. No las que se escudan tras morales relativas, sino las que saben cuál es su deber moral real, el de abrir paso a la equidad, y lo cumplen con valentía. Ni cobardes, ni inmorales, ni indecentes negociantes de los derechos ajenos nos deben representar o gobernar.   

La petición a legisladores y al Gobernador es clara. Actúen con decencia. Actúen para la equidad.

Es hora de tener miedo

Si todavía no sienten miedo con lo que estamos viendo en Puerto Rico y el planeta, están tarde. La violencia económica y política que ya est...